Didier Deschamps, el encanto de ganar con una selección rearmada

Fútbol Int.
Publicado el 16/07/2018 a las 0h19

"Un poco de temor puede ser saludable", dijo Didier Deschamps en marzo a la cadena BFMTV. El entrenador francés, un hombre de trabajo, disciplina y cara de pocos amigos, no es precisamente encantador y él mismo lo reconoce, pero hoy no debe haber persona más adorada en Francia.

Deschamps ya estaba en la historia grande del fútbol francés desde que, como jugador y capitán, alzó el primer título de Les Bleus en el Mundial de 1998. Veinte años después, su nombre se eleva a un pedestal aún más exclusivo tras la consagración de Francia en Rusia 2018.

El éxito de Les Bleus en Rusia 2018 no puede explicarse de ninguna manera sin Deschamps, un entrenador que en seis años consiguió enderezar el rumbo de un equipo marcado hasta entonces por la indisciplina.

"No siempre ha sido fácil, dejamos atrás algunos momentos pesados", resaltó Deschamps ayer tras la victoria por 4-2 sobre Croacia. "Estoy aquí para conseguir objetivos", dijo.

El técnico francés se hizo cargo del seleccionado en julio 2012, después de una Eurocopa en la que los galos quedaron eliminados en cuartos de final ante España bajo el mando de Laurent Blanc. Dos años antes, en el Mundial de Sudáfrica 2010, se había producido el escándalo: el motín de jugadores contra el entrenador Raymond Domenech y la eliminación en primera ronda.

Su llegada fue la reacción contra el caos, aunque los resultados sólo fueron paulatinos. En 2014, logró llevar a Los Bleus a los cuartos de final del Mundial de Brasil, donde su equipo cayó ajustadamente ante Alemania. En la Eurocopa de 2016 alcanzó la final en casa, pero sufrió una inesperada y dolorosa derrota ante Portugal en la prórroga. Finalmente, le llegó la hora de celebrar también como entrenador de su país.

Deschamps asumió el cargo a mitad de 2012, pero bien podría decirse que su mandato comenzó simbólicamente el 15 de octubre de 2015. Ese día, el delantero Karim Benzema jugó su último partido con Francia antes de que el técnico francés dejara de convocarlo por su presunta implicación en un chantaje a su compañero Mathieu Valbuena en relación con un video sexual.

La decisión le valió numerosas críticas, pero Deschamps se mantuvo firme. La refundación y la apuesta por un grupo armónico y sin personalidades conflictivas no eran negociables.

Si Deschamps fue un centrocampista combativo y de mucha personalidad como futbolista después de haber intentando sin éxito jugar al rugby en su niñez, lo mismo puede decirse de él como entrenador. "Yo no soy desagradable, pero tampoco estoy ahí para ser encantador", dijo en marzo a BFMTV.

De eso pueden dar fe los jugadores franceses, que sufrieron en carne propia la furia de Deschamps después de la derrota por 3-2 sufrida ante Colombia en un amistoso en marzo tras dejar escapar una ventaja de dos goles.

Tras colgar las botas, arrancó su carrera como entrenador en el Mónaco y llevó al equipo del Principado a una final de la Liga de Campeones. Después entrenó también a la Juventus de Turín y al Olympique de Marsella hasta que en 2012 se le abrió la puerta de la selección de par en par. Un equipo y un vestuario en el que, si todavía cabe alguna duda, manda Didier Deschamps.

 

DESCHAMPS BAÑADO POR  SUS JUGADORES

"Son una banda de locos", dijo ayer entre risas Didier Deschamps, el seleccionador francés, después de que varios de sus jugadores, ya campeones del mundo, irrumpieran al arranque de su rueda de prensa en Moscú con agua, gritos y júbilo.

Deschamps condujo a Francia a su segundo título Mundial con la victoria 4-2 ante Croacia en la final de Rusia, y se convirtió así en el tercero en la historia en ganar el torneo como técnico y como jugador.

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