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Ed. Impresa HASTA FIN DE AÑO EL ESTADO GASTARÁ MÁS DE 500 MILLONES DE DÓLARES

Costo de la importación sube

Por A. D. Hans Soria O. - Los Tiempos - 14/11/2010


 Bernardo  Prado  Consultor  en temas energéticos - Los Tiempos  | Usuario

Bernardo Prado Consultor en temas energéticos - Los Tiempos | Usuario

Desde hace 10 años aproximadamente, Bolivia importa no solamente diesel oil, gasolinas de elevado octanaje y jet fuel, entre otros, para el parque automotor nacional, sino también otros derivados como alquitranes, aceite crudo de petróleo, aceites blancos, líquidos para transmisiones hidráulicas, lubricantes para motores diesel, parafina y betún de petróleo para satisfacer el requerimiento de la industria boliviana, de acuerdo con datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).

Las refinerías de Cochabamba y Santa Cruz, a falta de materia prima, no producen esos derivados en las cantidades requeridas, explica un operario de la refinería de Valle Hermoso que pidió guardar su identidad.

Según estadísticas del IBCE, las importaciones de hidrocarburos se incrementaron considerablemente en los últimos cinco años: de 400,27 millones de kilos importados en 2005 por valor de 246,62 millones de dólares a 739,26 millones de kilos por 498,93 millones de dólares en 2009.

Hasta septiembre de este año, las importaciones totalizaron 580,70 millones de kilos por un valor de 483,09 millones de dólares. Hasta el 31 de diciembre se estima que puedan superar los 500 millones de dólares.

En su Plan de Inversiones, la petrolera estatal proyecta aumentar la refinación y la oferta de combustibles, pero con petróleo crudo importado.

Debido a que las inversiones para la exploración de petróleo son prácticamente nulas, se prevé que llegará el momento en que Bolivia tenga que importar el total del crudo necesario para la refinación.

ANÁLISIS

“Producir petróleo en Bolivia no es un buen negocio”


Bernardo Prado, Consultor en temas energéticos

En lo que a reservas de petróleo se refiere, no existen motivos para suponer que el panorama sea diferente al de las reservas de gas. En ese sentido se puede afirmar con certeza que el informe de Ryder Scott revelará que las reservas de petróleo en Bolivia han caído con relación a la última certificación realizada al 1 de enero de 2005 por DeGolyer and MacNaughton.


Esa reducción se debe principalmente (aunque sabemos que el informe no lo mencionará) a la falta de inversión en exploración y desarrollo de campos, hecho que va de la mano con el precio regulado del petróleo en el mercado boliviano.


Ya son varios los años en los que no se han realizado las inversiones necesarias para encarar campañas agresivas de exploración y desarrollo de campos que permitan reponer las reservas de petróleo a medida que éstas se van agotando. ¿Cómo podemos esperar que las reservas de petróleo no se reduzcan en el tiempo si lo extraemos, lo consumimos y no hacemos nada para reponerlo?


A eso debemos sumarle el hecho de que producir petróleo en Bolivia no es algo que las compañías petroleras consideren un buen negocio. En el mercado internacional, el barril de petróleo está actualmente rozando los 90 dólares, en el mercado boliviano las petroleras reciben 27 dólares por cada barril de petróleo que producen; si a ese valor le restamos el 50 por ciento por concepto del impuesto directo a los hidrocarburos (IDH) y regalías, las petroleras se quedan con 13,5 dólares para cubrir costos operativos, recuperar la inversión y obtener ganancia.


Para muestra basta un botón. En 2008, cuando el petróleo alcanzó el récord histórico de 145 dólares por barril en el mercado internacional, la producción de petróleo en Bolivia no se incrementó, por el contrario, se redujo con relación a 2007. El precio regulado hizo que producir petróleo en Bolivia no sea atractivo ni siquiera con un barril a 145 dólares.


¿Qué se debe hacer entonces ante este panorama? Desregular el precio del barril de petróleo podría tener consecuencias impredecibles y nada gratas para el gobierno que decida tomar esa decisión; probablemente la solución esté en rediseñar cuidadosamente todos los aspectos impositivos en materia hidrocarburífera. Un marco legal sólido, estable y adecuado también es indispensable.

 


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