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Esplendor de Quillacollo: casas y muebles de antaño
Por Redacción Central - Los Tiempos - 28/09/2008
lujos | Dos personas observan los muebles y adornos antiguos del salón principal de la casa de Rosa viuda de Galindo en la plaza 15 de Agosto. - Redacción Central Los Tiempos
Muebles obsequio del ex presidente Daniel Salamanca, espejos traídos de Sucre el siglo pasado y radiolas a transistores son parte de las reliquias que atesoran algunas casonas del casco viejo de Quillacollo. Son edificaciones que datan de tiempos de la conformación de la República, mezcladas con elementos coloniales, que guardan reminiscencias de viejas épocas de esplendor y que el viernes pasado fueron declaradas patrimonio histórico, cultural y arquitectónico del municipio.
A pesar del paso de los años han sido conservadas no sólo en cuanto a fachadas, sino también a interiores, muebles y adornos.
La casa de Rosa de Galindo, viuda de Hugo Galindo, reconocido político y abogado cochabambino, es un ejemplo. Ubicada en la acera oeste de la plaza 15 de Agosto, la casona de dos plantas, cuya parte trasera tiene vista a la calle paralela, primero fue propiedad de Romanda Chávez. Luego, el segundo propietario la vendió a Galindo.
Según guías turísticos, el estilo arquitectónico es eclesiástico-historicista y su fachada diseño sobrio. El acceso es a través de angostas escaleras que llevan a dormitorios y al salón principal, donde se conservó la mayoría de los muebles originales, adornos, cortinajes y decorados. En las paredes aún cuelgan los espejos que la familia adquirió en Sucre a principios del siglo XX.
La familia Céspedes Vargas también guarda reliquias. El patriarca Jorge Céspedes era ahijado de Daniel Salamanca y recibió como regalo un juego de living hace más de 100 años. Cuentan que Céspedes quería que la plaza fuera mejor que la de Cochabamba y que por eso sacaba una radiola los domingos para poner música y durante la Guerra del Chaco mantenía informado al pueblo. La familia fabricaba vino artesanal y producía maíz. Aún quedan la romana en que pesaban la uva y un molinillo para moler grano.
La casa de la familia Quiroga, cerca al Palacio Consistorial, es una de las primeras de Quillacollo y perteneció a las familias más ricas de entonces. No sólo mantiene los pisos de ladrillo antiguo, las tejas originales y los pilares de madera, sino que la dueña ya pasó los 100 años.
Las recetas de antaño y la hospitalidad también forman parte de la tradición. Los Céspedes tienen en la torta de maíz al platillo de la casa y los hermanos Quiroga prefieren la phisara y el habaspejtu al momento de agasajar a sus invitados.
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