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Ed. Impresa FIESTA AYMARA | La fiesta del Inti Watana convocó a cientos de personas. Tiawanacu en La Paz, Samaipata en Santa Cruz y otros sitios incaicos también celebraron la llegada del sol

RITOS Y MAGIA EN INTIWATANA

Por Jackeline Rojas Heredia - Los Tiempos - 22/06/2009


Un representante indígena del oriente participa en los ritos de bienvenida al dios sol, ayer en Inka Rakay, a 11 kilómetros de Sipe Sipe. Como no había ocurrido años antes, en esta ocasión hubo gran cantidad de gente en el lugar, al igual que muchos extra - Daniel  James Los Tiempos

Un representante indígena del oriente participa en los ritos de bienvenida al dios sol, ayer en Inka Rakay, a 11 kilómetros de Sipe Sipe. Como no había ocurrido años antes, en esta ocasión hubo gran cantidad de gente en el lugar, al igual que muchos extra - Daniel James Los Tiempos

Inka Rakay | Los Tiempos

Apenas se dejaba sentir la leve brisa helada que circulaba en el aire, la ansiedad se apoderaba de las personas que habían pasado la noche en carpas y dentro de sus vehículos, como de aquellas que seguían llegando.


Una colina en cuyo centro se sitúa una enorme piedra fue elegida como el lugar donde se llevaría a cabo el ritual. Los amautas y kallawayas sentados alrededor de una gigante mesa, llena de todos los elementos característicos en las q’oas, compartían el akulliku de la coca y bebían alcohol mientras pronunciaban algunos rezos en quechua y aymara.


Todo estaba listo. Las cinco llamitas fueron situadas por debajo de la gran mesa, las tonadas andinas tocadas por pequeños grupos dominaba el ambiente.


Faltando escasos minutos, los amautas pidieron silencio y empezaron a ofrendar alcohol a la Pachamama, a la vez que bañaban con ese mismo líquido a las llamas amarradas y les metían puñados de coca en la boca. De pronto, sin que los presentes noten, hombres, en grupos de a dos, empezaron a degollar a los animales y a recibir la sangre de éstos en recipientes hondos para luego ofrecerla a la tierra y al sol. Fue en el mismo instante que el sol emergió convocado por la tibieza carmesí regada sobre la tierra.

Gritos de júbilo y manos en alto repetían “Viva Bolivia Unida…”, jallalla Tata Inti”, “jallalla mamita Pachamama”, y otra vez las tonadas…


Eso fue vivido la madrugada de ayer en Inka Rakay, las ruinas incaicas más importantes del departamento de Cochabamba situadas a 11 kilómetros de Sipe Sipe. En el lugar, cientos de personas se dieron cita para la celebración de la fiesta del solsticio de invierno (Inti Watana) que marca el 5517 año aymara.


La celebración también estuvo presente en las Qollcas de Cotapachi en Quillacollo, en La Paz se celebró en Tiawanaku (en la puerta del sol) y en el templo de Kalasasaya. El fuerte de Samaipata en Santa Cruz también vivió la misma celebración.


El pasado 17 de junio, el presidente Evo Morales declaró, por decreto, el 21 de junio feriado nacional inamovible en ocasión de la celebración del año nuevo aymara en el mundo andino. La medida, según el mandatario, responde a un proceso de descolonización del Estado y al respeto que se debe a esa fecha, importante para una población que se dice “mayoritariamente indígena”. Sin embargo, el Presidente no participó de las celebraciones andinas, ya que, de acuerdo a su personal de seguridad, luego de la entrega de obras en la población de Apolo en La Paz se habría dirigido a su residencia de San Carlos. Como representantes del mandatario, en Inka Rakay participó Celima Torrico, ministra de Justicia; Jorge Ledesma, prefecto de Cochabamba, y otras personalidades del ámbito local y sindical. Este año los kallawayas, amautas e indígenas en general han pedido al Tata Inti, la unión de Bolivia, que nadie intente separarla, junto a eso pidieron también que Evo Morales triunfe en las elecciones de diciembre próximo.

El año nuevo aymara

El año nuevo aymara está marcado por el inicio del calendario agrícola, el tiempo, para ellos, se rige bajo parámetros de producción que tienen que ver con el proceso de preparado de tierra, siembra y cosecha.


De acuerdo a la creencia indígena aymara, los primeros rayos del sol, (06:00 y 07:00) del 21 de junio, fecundan la tierra, a partir de ese momento la Pachamama se abre y está lista para que los campesinos realicen la preparación del suelo.


Los meses de septiembre y octubre, de acuerdo a calendario agrícola, son meses de siembra y se aguarda la cosecha para los meses de abril y mayo.


El calendario aymara tiene 13 meses de 28 días cada uno y un día suelto durante 3 años. El cuarto año tiene 13 meses de 28 días y dos días.


El nuevo ciclo agrícola y nuevo año se celebraba como un momento de reflexión, de acuerdo a la explicación de los amautas, es un reencuentro con las fuerzas de la naturaleza que rigen la vida, un momento de reflexión para que el ser humano se halle en armonía con la naturaleza y rinda su respeto y admiración a ésta para que, en correspondencia, la tierra dé en abundancia.

 

Solsticio

Solsticio significa “sol quieto”, expertos señalan que entre los días 21 y 23 de junio la declinación del Sol con respecto a la Tierra se mantiene casi sin movimiento durante varios días; el primer día es cuando se celebra el año nuevo aymara.


En Tiawanacu se festeja el Willkakuti o el retorno del sol; en Samaipata, Santa Cruz, la fiesta del Yasitata Guasu Koe Mbiya o Lucero del Amanecer para los guaraníes y en Inka Rakay (Incallajta), Cochabamba donde se rinde tributo al Inti Watana.


En Cochabamba, probablemente la fusión cultural entre aymaras y quechuas dieron como resultado la fiesta del Inti Watana (palabra quechua que significa amarrar el sol). El solsticio de invierno coincidió con la celebración del nuevo año 5517 para la cosmovisión andina.

Ruinas de Inka Rakay

Inka Rakay  fue una fortaleza inincaica, construida entre 1460 y 1470.


Fue en su época, un conjunto de 17 edificios cuadrangulares y rectangulares, y de algunos silos redondos.


Arqueólogos  clasifican, el lugar, como un centro administrativo de los Incas encargado de la organización del asentamiento de los pueblos quechuas y aymaras, que los incas llevaron del altiplano, para cultivar el maíz en el valle de Cochabamba.


Valle que, entonces, se constituía como uno de los ejes centrales del comercio y la producción.


Otros aseguran que se trató de una capitanía encargada de la seguridad del granero incaico en Cotacachi. Hoy en día, lo que queda de esa construcción incaica son ruinas preservadas a medias por las autoridades de turno.

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