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Ed. Impresa TRAGEDIAS | Cada año unos 250 niños en Cochabamba sufren quemaduras. El 90 por ciento de ellos corresponde a pacientes sin recursos y vienen del campo. Detrás del accidente, hay historias dramáticas

Niños, víctimas del fuego, cicatrices en piel y alma

Por Katiuska Vásquez - Los Tiempos - 30/08/2009


Uno de los niños quemados hace ejercicios psicomotrices en el Pabellón de Quemados. - Rodolfo  Goitia Los Tiempos

Uno de los niños quemados hace ejercicios psicomotrices en el Pabellón de Quemados. - Rodolfo Goitia Los Tiempos

Carcomidos por el dolor. A veces con el aspecto de una momia por tantas vendas que cubren sus heridas, están sedados en los días más dolorosos para soportar su padecimiento y toman calmantes durante su recuperación para aliviar la picazón de las cicatrices. Así viven los pacientes quemados de Pediatría del hospital infantil Manuel Ascencio Villarroel.


Cada año, unos 250 niños en Cochabamba sufren quemaduras. El 90 por ciento de ellos corresponde a pacientes sin recursos y vienen del campo. El servicio de Pediatría está lleno todo el tiempo. Hoy mismo, sus 15 camas están ocupadas con pacientes lactantes y niños de hasta 12 años, cuenta el responsable del servicio, Óscar Romero.


Daniela es una de las 15 pacientes. Atizaba un fogón para hacer un papawayku, para su tía y en una maniobra para avivar el fuego se derramó querosén caliente sobre sus piernas. La lava quemó su piel, se esparció hasta sus genitales y la ahogó en el dolor. Su tía la trajo desde su comunidad de La Pillapampa (Capinota) hasta la capital, hace más de un mes. Fue dada de alta, pero hace unos días volvió a ser internada, por una recaída fruto del descuido y la falta de aseo. La suciedad provocó que sus cicatrices se agraven y se cierren en zonas críticas que incluso afectaron que orine normalmente.


El día del accidente es un recuerdo fresco en la vida de Daniela. A sus ocho años, tiene grabado cómo se quemó; pero también anhela sus días en la escuela y volver a ver su madre, que se fue a Argentina, poco después de que su padre las abandonó y aún no retorna.


La sanación de Daniela y otros pacientes como Axels, de cuatro años, con una quemadura en la pierna derecha por jugar con fósforos, lleva años, incluye enseñarles a los niños a lidiar con el rechazo social, mejorar su autoestima y superar sus deformidades. “El paciente quemado es el más caro que existe. No sólo es el que más sufre, sino el más caro”, agrega Romero.  


La fisioterapeuta del servicio, Andrea Zurita, explica que “las marcas que quedan en un paciente no sólo son las que se ven, sino también las que no se ven y eso se ve reflejado en diferentes comportamientos que tienen los niños. Unos se tornan agresivos, otros introvertidos y para eso tenemos el apoyo psicológico”.

Equipo multidisciplinario
Desde que un niño quemado llega al servicio del hospital infantil está al cuidado de un equipo multidisciplinario. Este equipo se encarga de que cada paciente coma bien, esté limpio, medicado adecuadamente, siguiendo su tratamiento al pie de la letra y, sobre todo, que viva su niñez con seguridad lejos de la dejadez, el descuido, el maltrato y de prácticas médicas nocivas que fueron la raíz de su tragedia. 


Sin embargo, cuando muchos regresan a sus casas se encentran con la misma realidad y se refleja en su aspecto desaliñado y desnutrido. A pesar de ello, “lo que se quiere es que regresen a sus actividades normales, porque si bien se han quemado, no son niños enfermos que han sufrido un accidente, pero tienen que seguir con su vida”, añade Zurita.

Dramas familiares

Detrás de cada historia de un niño quemado, casi siempre hay un drama familiar atravesado por la pobreza, el descuido, la ignorancia y el maltrato. Y llama la atención que las víctimas más recientes sean bebés.  Según Romero “un mayor porcentaje de los pacientes son lactantes mayores y menores. Eso significa que hay mucho descuido, mucha dejadez, mala educación de los mayores. Tenemos otro buen porcentaje de niños maltratados y otros que, por costumbres empíricas mediante hierbas, piedras y ladrillos calientes, queman a los niños”.


“Lastimosamente, los papás, por su situación, deben salir y dejan a los niños de ocho años con los más pequeños. Es el descuido de los padres de no buscar una persona más responsable”, dice la fisioterapeuta Andrea Zurita.

LAS HISTORIAS

El maltrato está presente en gran parte de las historias de los niños quemados. Sus agresores usan agua caliente y fuego para provocarles las lesiones. Los castigan porque salen a la calle o porque levantan dinero, pero también hay situaciones insólitas como un recién nacido quemado en las brasas de una q’oa.


Uno de los episodios grabados en la memoria de los médicos de quemados es la de una mujer que tenía un parto domiciliario, pero como el bebé no podía salir, su familia y la partera comenzaron a q’oar a la madre. “El niño salió del vientre y cayó a las brasas. Imagínense esa falta de previsión, cómo van hacer eso”, dice Romero.


En otro caso un bebé de cuatro meses se quemó en brasas, cuando su madre sufrió un ataque de epilepsia en el campo y soltó al niño cerca de un fogón. El lactante estuvo en el fuego hasta que pasó la crisis de su mamá. Se quemó la espalda y las caderas.

LAS SECUELAS

El shock físico por el dolor marca la etapa aguda del paciente quemado, pero las heridas emocionales tardan más tiempo en sanarse. Por ello, es importante el apoyo psicológico para ayudarles a enfrentar la realidad, que suele estar acompañada por el rechazo.


El paciente se enfrenta al dolor físico, al trauma del momento y a la desfiguración física o impedimentos, cuando se ha interrumpido el tratamiento o se han perdido partes del cuerpo.


En la fase de post quemaduras, los fisioterapeutas trabaja en la estética y funcionalidad de partes afectadas. Después de las curaciones y de que el tejido quemado se desprende del cuerpo, se colocan injertos de piel y comienzan la hidroterapia, masoterapia y kinesioterapia. Durante esta temporada, además, deben lidiar con una picazón intensa o la irritación por la cicatrización. 


Se trata de dar atención posterior a las quemaduras para que pueda reintegrarse a la sociedad y tratar de evitar el rechazo de la gente, lo cual es muy duro.

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