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Ed. Impresa buenas obras | Un hecho natural para la mayoría de las mujeres, como la maternidad, es tomado reflexivamente y con mucha seriedad por quienes deciden ejercer como madres sustitutas en Aldeas Infantiles SOS

Aldeas SOS: cuando ser madre se vuelve vocación

Por Arias San­dra - Los Tiempos - 6/09/2009


Dinámica de grupo en una fase de capacitación de madres SOS, en la Escuela de Madres, en Cochabamba. - Goitia Rodolfo  Los Tiempos

Dinámica de grupo en una fase de capacitación de madres SOS, en la Escuela de Madres, en Cochabamba. - Goitia Rodolfo Los Tiempos

Para la mayoría de las mujeres, la maternidad llega de sorpresa y se aprende “en el camino” o por instinto, pero para las “madres sociales” de la Aldeas Infantiles SOS es un proceso que requiere dos años de estudios y culmina con un título en provisión nacional y la firme convicción de querer ser madres.

Sólo cuando pasaron todo el proceso, reciben a un máximo de ocho niños, entre 0 y 18 años, para criarlos y educarlos, cumpliendo los roles de una madre común. Formalmente, sus hijos “dejan el nido” a los 18 años para tecnificarse e independizarse, pero el vínculo afectivo perdura a través del tiempo y hay casos como el de una madre SOS que ya jubilada que se fue a Estados Unidos y, al volver, reunió a su antigua familia y ahora convive con ellos y con sus nietos.

“Durante la capacitación, las postulantes comprenden su rol y asumen su maternidad en base a un sentimiento, algo completamente alejado de lo biológico”, dice la responsable de la Escuela para Madres de Aldeas SOS, Floria Aragón, a donde llegan a capacitarse todas las postulantes del país.

Una madre SOS debe pasar por un proceso que tiene tres niveles y se inicia desde su selección, a través de entrevistas y pruebas psicológicas. Luego continúa con tres fases presenciales, de cinco semanas cada una, donde las postulantes o “tías” permanecen cinco semanas internas en la Escuela recibiendo capacitación. Entre cada fase, existen períodos de prácticas, de tres meses cada uno, donde las “tías” regresan a sus ciudades a aplicar lo aprendido. Al final, tienen ocho meses para elegir un tema y hacer un informe de su experiencia y el título que reciben es de técnico medio en Asistencia Sociofamiliar, avalado por el Ministerio de Educación. 

La currícula, aprobada por el Ministerio de Educación en 2005 y basada en desarrollo de capacidades, incluye autoestima, proyección personal, derechos humanos, estudio de características biológicas, emocionales, sociales, espirituales y educativas de los niños para aprender a orientarlos, insertarlos en la familia y ayudarlos a superar traumas. Además, se apoya al desarrollo personal de las postulantes con teatro, danza, oratoria, computación y liderazgo.

Las nuevas madres empiezan con dos o tres niños, luego su familia va creciendo. Parte de su rol es evitar que sus hijos pierdan el contacto con miembros de su familia biológica. El vínculo afectivo va creciendo con el tiempo y muchos jóvenes que ya formaron sus familias, visitan su casa y a su madre y muchas familias pasan juntas fiestas como Navidad. 

Perfil de una “madre SOS”

Entre los requisitos formales, las postulantes no deben tener hijos dependientes, no deben estar casadas y la edad recomendable es de 25 a 45 años; pero “somos flexibles si encontramos perfiles interesantes y cuando alguna madre ya en ejercicio, decide formar pareja, se hace un proceso para que delegue su familia SOS a otra madre”, dice la directora de Gestión del Talento Humano de Aldeas SOS, Miriam Escóbar.

En lo emocional, se busca personas comprometidas, con tolerancia a la frustración, con habilidad para solucionar conflictos, estables emocionalmente, con cierto nivel de madurez, formación al menos de secundaria y con fortaleza física para cuidar de su familia.

DAR AMOR

•    Las madres SOS, antes de 1989, sólo debían responder a necesidades inmediatas de sus hijos, como la salud y la atención doméstica.
•    A partir de 1990, se vio la necesidad de una currícula formal.
•    Desde 2005, la Escuela de Madres capacita al personal “materno” de todo el país.
•    Durante su formación, cada “tía” se desarrolla bajo la supervisión de una madre monitora.
•    Las madres jubiladas gozan de un plan de vivienda.



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