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Ed. Impresa buenas obras | En comunión con la tierra y el entorno, el centro ecológico y turístico El Poncho pretende conjugar esparcimiento y espiritualidad para recargar energías a sus visitantes

Naturaleza y espiritualidad en el ecocentro El Poncho

Por Arias San­dra - Los Tiempos - 13/09/2009


Vista del lado norte del ecocentro El Poncho. Al fondo se observa el grupo de cabañas que forman la cruz andina. - Goitia Rodolfo  Los Tiempos

Vista del lado norte del ecocentro El Poncho. Al fondo se observa el grupo de cabañas que forman la cruz andina. - Goitia Rodolfo Los Tiempos

El Poncho, nombre andino ancestral de lo que el mundo occidental conoce como la constelación de Orión y Las Tres Marías, es un centro ecológico y turístico  que combina lo rústico con lo confortable, ofreciendo al visitante un reencuentro con la naturaleza y consigo mismo en busca de atraer energía positiva.

El lugar, en Marquina, al norte de Quillacollo, está construido en base a una reproducción casi exacta de dicha constelación y a la cosmovisión andina sobre la tierra, el aire y el mundo de los muertos, que asumía a las viviendas como a seres que debían guardar armonía con el entorno, señala Daniel Deglane, uno de los gestores del proyecto diseñado por Enrique Hidalgo.

Los materiales de pisos, paredes, muebles y techos, manejo de basura, reciclaje de agua y aprovechamiento del sol en lugar de energía eléctrica muestran el respeto por el entorno.

Deglane cuenta que el eje de la construcción fue el tronco de un viejo árbol de 15 metros de altura, desde cuya copa se dominaba el paisaje. Actualmente, el tronco está en medio del pub del ecocentro, construido con madera de “desecho”, paja, caña y barro.

Desde lo alto de su torre, se divisan cuatro cabañas de hospedaje que representan a los cuatro elementos y forman la primera estrella. A pocos pasos, otro grupo de cabañas forman la cruz andina que “conceptualmente representa el ciclo de la vida”, explica Deglane.

Continúa señalando que cada cabaña tiene delante un arbolito y al unir las puntas de los techos y los árboles, se logra una formar una estrella de 32 puntas que representa las 32 direcciones al sol.

“Un templo”
“Es que el lugar fue concebido como un templo, y queremos que el visitante se empape de esa espiritualidad, que revalorice la tierra, el aire, la naturaleza y a  sí mismo”, dice Deglane.

Así, cada ambiente de El Poncho, como el comedor de jatatas, el centro de eventos con paredes de caña o el área para ejecutivos (una pirámide de paja con techo de vidrio) con internet, fax y teléfono, tiene relación con la cosmovisión andina del lugar.

No sólo los materiales de construcción son del lugar, sino también el 85 por ciento de la mano de obra es de gente de la comunidad de Marquina, que fue integrada a lo largo de los años a través de los voluntarios. Deglane señala que además son capacitados en servicios de hotelería que cumplen estándares internacionales de calidad.

Así, modelos ancestrales incorporados al mundo moderno aguardan a los visitantes en El Poncho.

Un sueño logrado en 10 años

El Poncho nació como un centro de educación intercultural, avalado por la Comunidad Europea, y dirigido a estudiantes europeos que además interactuaban con la comunidad de Marquina. Durante su permanencia, cada una de las más de 700 personas que visitaron el lugar, aportaba en la construcción del proyecto y a la vez que aprendía del misticismo andino.

Es por eso que durante 10 años, el sueño de El Poncho fue compartido con cada uno de los visitantes y cada uno puso su sello personal, lo que se puede apreciar en detalles tan pequeños como las figuras talladas en las gradas de madera o ciertos detalles en las paredes.
Existe un libro de visitas, donde cada uno relata a su manera cómo la experiencia “le abrió la mente”.

REFERENCIAS

•    El centro ecoturístico se encuentra a 35 minutos de la ciudad, camino a Liriuni.
•    Nació como un lugar donde estudiantes europeos llegaban para el intercambiuo cultural.
•    Desde el mirador de El Poncho se puede observar el Tunari y las dos entradas a la ciudad, desde Santa Cruz y desde La Paz.
•    Tiene su propio huerto, baños ecológicos, duchas solares y una pequeña laguna natural con patos y cisnes.

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