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Ed. Impresa AGONÍA SIN FIN | Hace más de dos años que la tragedia entró en la vida de los Arteaga sin que haya vuelto a salir.

Dos muertes, el costo de la injusticia

Por Vásquez Katiuska - Los Tiempos - 11/10/2009


La escena del crimen, el pasado 1 de octubre, donde Jorge Arteaga descargó su arma contra Jorge Guzmán. - López Gamboa Carlos  Los Tiempos

La escena del crimen, el pasado 1 de octubre, donde Jorge Arteaga descargó su arma contra Jorge Guzmán. - López Gamboa Carlos Los Tiempos

“Mi ojo, hijo de…”, fueron las últimas palabras de Alex Arteaga Cárdenas (26) después de que una bala atravesó su cara. Corría el 9 de marzo de 2007 cuando Jorge Guzmán Carvalho, entonces de 26 años, le disparó en la céntrica calle España.

Álex murió nueve días después, pero el hecho volvió a sacudir las fibras de la justicia el 1 de octubre de 2009. Su padre y militar, Jorge Arteaga Maldonado (56), fulminó al homicida con ocho impactos de bala en la también céntrica calle San Martín.

La balacera que mató a Alex es imborrable para Maiba, una testigo: “A las 17:00 me encontraba por la España entre México y Mayor Rocha y pude notar que un vehículo paró y a unos segundos escuché un ruido como una detonación de un petardo fuerte, no le di importancia, luego escuché a Alex gritando y agarrándose la cara.

Vi una vagoneta grande, que partió girando hacia la calle México. Luego, Alex se agachó, dio tres pasos hacia su oficina y se desplomó”. Ella es una de las pocas personas que vio el arma homicida que nunca fue encontrada por la Policía. “Pude ver que alguien que ocupaba ese vehículo, ocultó un arma de fuego: pequeña, plateada, del lado derecho de la vagoneta”, agregó en su testimonio escrito.

Hasta el final, Valeria Daza Salvatierra (24), conductora de la vagoneta y pareja de Guzmán, sostuvo: “cuando estábamos cerca de la calle México sobre la España escuché la detonación de un arma y en eso vi a Jorge que metió el arma entre sus piernas (…) Yo seguí avanzando, el semáforo estaba en verde y me molesté con Jorge (...) fui por la Ramón Rivero hasta la avenida del Ejército al puente Muyurina. Por ahí, les dije que estaba cerca de mi casa y por ahí los dejé. Todos se bajaron y yo me fui a mi domicilio”.

La última teoría (la que manejó Valeria junto con Guzmán) fue la que prevaleció en el juicio: Jorge Guzmán bajo el influjo del alcohol y las drogas mató fortuitamente a Alex Arteaga, cuando realizó un disparo al aire por algarabía en vísperas de su cumpleaños con tan mala suerte que el proyectil impactó con un auto y rebotó al rostro de Álex. Por laboratorio, se conoció que Guzmán tenía 65,7 mg/dl de alcohol y había consumido cocaína, según el examen del 26 de marzo en el laboratorio Medcu.

Sólo “lesiones graves” 
Por insistencia de la acusación, la Fiscalía cambió la etiqueta del juicio en varias ocasiones, pero la más importante fue cuando pasó de “lesiones graves seguida de muerte” (penado con cuatro años) a homicidio (de 10 a 20 años), pero la tesis de la muerte siempre se mantuvo. Ello llevó a que la Sala Penal Tercera reconsidere la sentencia de 18 años y la reduzca a 10, además por atenuantes generales como la edad, coincidieron en señalar los abogados de Arteaga y de Guzmán.

La disminución de la pena, en una sesión extraordinaria en la Sala Penal Tercera, que accedió a adelantar su fallo anteponiendo al caso de Arteaga a 200 procesos en lista de espera, pudo ser el comienzo para que Jorge Arteaga comience a tramar la muerte de Guzmán, dijo un fuente profesional que pidió reserva.

Aquel 1 de octubre
 El padre y el asesino volvieron a ponerse frente a frente el 1 de octubre, como tantas veces en un tribunal. Discutían sobre el fraudulento certificado de trabajo que la defensa de Guzmán usó en 10 audiencias para lograr que el imputado deje la prisión hasta que la Sala Penal Primera de la Corte Suprema de Justicia dé por cerrado el caso, anotó el abogado de Arteaga, Luis Butikofer.    

Una maniobra legal había devuelto la libertad a Guzmán el 21 de julio de 2009. Su defensa tenía las de ganar: habían pasado 24 meses sin sentencia ejecutoriada. El mismo Tribunal de Sentencia Tercero, que el 24 de abril de 2008 lo sentenció a 18 años, acató el fallo de la Sala Penal Tercera: liberar a Guzmán, reducir su condena a 10 años e imponerle requisitos, entre ellos el pago de una fianza de 80 mil bolivianos.

Jorge Arteaga está convencido de que la defensa siempre buscó retrasar el proceso, incluso antes del juicio, con la intención de que Guzmán salga libre sin sentencia. El juicio oral de seis días duró 48 por los incidentes, que fueron desde rechazar a los jueces hasta obstaculizar la reconstrucción.

En cambio, los defensores dijeron que desde el principio se cometieron excesos y que Guzmán mató al abogado accidentalmente, pero se sintieron frustrados, porque el experto que hizo el peritaje balístico, José Goitia, no pudo declarar en el juicio, porque el padre de Alex lo amenazó.

Gestos obscenos
En la audiencia del 1 de octubre, Arteaga reclamó porque Guzmán le hacía gestos obscenos. Después de una hora de alegatos y del virtual triunfo de Guzmán, la jueza Mirtha Montaño, suspendió la audiencia debido a que la abogada defensora Rocío Peñaranda y la fiscal Leonor Rodríguez olvidaron presentar la imputación al Juzgado Primero de Instrucción Cautelar.

Aunque ahí acabaron los sobresaltos, algunos de los que estuvieron en la audiencia dicen que recuerdan que Arteaga comenzó a revolver su maletín. Sin más sobresaltos, acabó la audiencia. El coronel salió primero. Después, lo hizo Guzmán con dos abogados y un asistente. Ellos hicieron una parada en secretaría.

Unos dicen que salieron del juzgado y Rocío Peñaranda les invitó a tomar un café en su oficina, en la Heroínas y San Martín, sin encontrarse más con Arteaga. En cambio, otra versión dice que en la puerta de la Corte, Jorge Guzmán se burló de Arteaga, quien lo siguió hasta dispararle.

Siguiendo la primera historia, Guzmán y sus tres acompañantes se fueron caminando por la acera de la San Martín. Arteaga se habría escondido entre unos puestos de fruta y al verlos alejarse corrió tras de ellos, hasta alcanzarlos cuando cruzaban la Bolívar. Los cuatro iban en fila india, por la estrecha acera. El militar rebasó al último de la línea, un asistente, y se colocó delante de Guzmán, dándole el primer disparo. Guzmán gritó: “¡No dispare!”. Después, éste se derrumbó. Tendido en la calzada, Arteaga lo acribilló con siete tiros más.   

“Cuando lo vio en el suelo, le siguió disparando hasta llenarlo de balas”, narró un universitario que presenció el crimen. “¿Por qué mataste a mi hijo?”, repetía el padre y otra vez disparaba. “Se le acabaron las balas, quería darle en sus partes, pero ya no había municiones. Entonces, se puso a bailar de gozo”, contó otro testigo.

ARTEAGA ESTUVO ESTRESADO; GUZMÁN TENÍA CONDUCTA ANTISOCIAL

Las mentes del doble crimen

Detrás del doble crimen hay mentes trastornadas evalúa la psiquiatra, Elizabeth Patiño. El caso Arteaga–Guzmán devela las terribles consecuencias del aplazo de la justicia en la vida de las víctimas, pero también el descuido en la clasificación de criminales, como Jorge Guzmán, que posiblemente presentaba una conducta psicopática o antisocial.

Para Patiño, Jorge Arteaga “ha sufrido, por un lado, una situación muy fuerte por la muerte de su hijo, y luego tuvo que ser sometido a las falencias del aplazo de un sistema de justicia inoperante. Por esos dos factores, ha estado sometido a un estrés post traumático, que lo llevó al desborde.

”El duelo contribuye, pero también ha tenido que ver el hecho de que la persona se haya sentido violentada. Sabemos que él se ha sentido violentado no sólo por la pérdida, sino también por las agresiones constantes”, explica la psiquiatra.

“El aplazo del sistema judicial es un factor que va cargando de frustración. Hay muchos resultados que llevan a que la persona sienta que no se está haciendo justicia. Creo que eso ha sentido la familia Arteaga. Eso llevó a una frustración muy grande sumado el sentirse agredido”, agrega.

Según Patiño, “eso lleva a que la persona se salga de sí misma, se disocie como si fuera otra persona la que está actuando y llegue a cometer el acto. Es una causa del estrés tan grande que la persona no puede soportar”. 

El deterioro de su salud también es una señal de su estado emocional, explica Patiño. “Después de la muerte (de Álex), se va a generar más estrés si sufre de hipertensión es porque está sometido a un tremendo estrés. Él debe estar siendo presa de un conflicto interno”.

Acerca de Guzmán, Patiño evalúa: “Según la conducta que se conoce por los medios demuestra que no había hecho ninguna autocrítica o mostrado algo de arrepentimiento. En cambio, denota soberbia, lo cual quiere decir que podía haber un trastorno de su personalidad, que pudo ser psicopático o antisocial, es decir, puede cometer la peor barbaridad y no se arrepiente”.

EN LOS EXPEDIENTES QUEDÓ REGISTRADO QUE SE CONOCIERON

Álex y la hermana de Valeria tuvieron una relación fugaz

Cuando han transcurrido más de dos años de la muerte de Alex Arteaga continúa siendo un misterio el móvil de su crimen. Aunque la investigación analizó varias hipótesis ninguna se profundizó.

Ha quedado claro que la víctima estuvo ligada sentimentalmente, aunque de modo efímero con la hermana de Valeria Daza Salvatierra, la modelo Vanessa Daza (22). Sin embargo, su relación fue casual y esporádica, declaró Valeria cuando era investigada por el crimen.

Vanessa Daza conoció a Alex Arteaga en un encuentro de amigos en 2006. Ella y sus cuatro hermanas eran de San Joaquín (Beni) y la víctima vivió parte de su adolescencia en el pueblo beniano, famoso por su ganadería y estigmatizado por el narcotráfico.

Allegados a la familia Daza Salvatierra contaron que, aunque el padre de Alex trabajó en San Joaquín, no cultivó una amistad con los padres de Vanesa y Valeria, connotados ganaderos de Beni, pero sí era cercano al tío de las hermanas Daza, Caín Daza, quien no es bien visto en San Joaquín, presuntamente por sus nexos con negocios alejados a la actividad de la familia Daza.

Efímero
Vanessa contó que conoció a Alex “a fines de noviembre de 2006. Mi amigo Adolfo Hoepfner me lo presentó en su domicilio en la plazuela Abraham Lincoln”, según el expediente del caso 755/07. Según Vanessa, ese día, se acercaron aprovechando el tema de conversación de las poblaciones de Beni, que ambos conocían, bebieron ron, se besaron, pero no se arreglaron.

Luego de ese encuentro lo vio una vez más, y vieron una película en la casa del joven, pero no ocurrió nada más, según las declaraciones escritas de la joven.

“VALE NO LO CONOCÍA”

“El 25 de diciembre quise comunicarme con él pero no lo logré. En enero me llamó para avisarme que vio mis fotos en Internet, que estaban bonitas y nunca más volvimos hablar. Tampoco lo vi”.

“Valeria, mi hermana mayor, no conocía a Alex Arteaga. Recién se lo mencioné el 25 de diciembre cuando traté de hablar con él de su celular”

MÁS VERSIONES

Otra de las historias que rodea la muerte de Alex apunta a un crimen planeado, presuntamente por un triángulo, pero durante el juicio ninguna de las partes presentó pruebas que sustenten esta posibilidad.

Sin embargo, las primeras versiones del crimen revelaban que Valeria y sus acompañantes dieron varias vueltas por la calle España entre México y Mayor Rocha, rondando el bufete de Arteaga, pero estas versiones se evaporaron y sólo se recogieron testimonios de que el auto se detuvo para disparar a Álex.

La defensa de Guzmán desvirtuó esta posibilidad, sobre todo en la reconstrucción sosteniendo que el agresor festejaba como suele ocurrir en el oriente las vísperas de su cumpleaños.

Según la defensa, Valeria abandonó el lugar después del disparo atemorizada por la hazaña de su pareja, pero no percató si había alguien herido hasta que fue arrestada en la noche.

SOLIDARIDAD INTERNACIONAL

Apoyo: desde marchas hasta páginas digitales

“Yo en su lugar hubiera hecho lo mismo”, “es el resultado de la corrupción en la justicia”, son frases que se han ido escuchando en los últimos días a favor de Álex Arteaga Maldonado, quien no sólo se ha ganado un apoyo casi generalizado de la sociedad cochabambina, sino también las expresiones de solidaridad a nivel internacional.

Marchas de apoyo, tarjetas y flores que le llegan hasta su cama en el hospital Viedma, conformación de comités contra la corrupción y la injusticia y hasta creaciones de páginas virtuales en el portal de Facebook son parte de las expresiones en su nombre.

De hecho, al momento, existen en Facebook dos salas creadas por los simpatizantes, una abierta con el nombre de “Álex Arteaga”, donde hasta el viernes en la noche figuraban 2.037 miembros, mientras que la segunda, abierta con el nombre de “Apoyemos al coronel Jorge Arteaga” registraba, también hasta el viernes, 2.437 inscritos. Esas páginas también fueron enriquecidas por más de 200 fotografías del joven y de la familia.

Las manifestaciones de apoyo llegaron también a través de la página web de Los Tiempos. Cuando surgió la primera nota, los comentarios de apoyo superaron las 170 opiniones, cuando lo habitual en otras notas es que los comentarios no superen los 20.

Éstas son algunas de las expresiones:

•    “Sólo Dios tiene derecho de quitar y conceder la vida. Muchos le dirían eso, pero creo que yo en su caso haría lo mismo. El dolor de un padre de tener que enterrar a un hijo no se debe comparar con nada en este mundo”, fue el comentario de Ana Paula Atiare.

•    “Estimado señor Arteaga, aunque me parece que la medida que usted tomó es drástica, lo apoyo completamente. Personalmente, haría lo mismo si un hijo mío me fuese arrebatado”, dijo Eduardo González.

•    “Señor Arteaga, usted hizo lo que tenía que hacer. No sienta remordimiento alguno. La deuda ya está saldada y su corazón en paz”, comenta Edith Figueroa.

•    “Reciba mi apoyo por la justicia personal que usted ha logrado para su hijo… porque ante una "justicia " corrupta no hay otra manera de actuar”, acotó Carlos Pérez.

•    “Señor Arteaga, sea fuerte. Tiene el apoyo de todas las personas que hemos sufrido alguna injusticia. Es usted un héroe para muchos que no hemos tenido los pantalones para hacer lo que usted hizo”, comentó Péter Méndez.

•    “Este hecho de sangre es el resultado de la inoperancia de los administradores de justicia o más bien debemos decir traficantes de la justicia”, añadió Kantuta Paz.

•    “La culpa recae sobre la maldita justicia con la que tenemos que convivir todos los bolivianos”, dijo Álvaro S.

•    La voz discordante, con algunos apoyos, fue de Felipe Q, que cuestionó: “O sea, ahora está permitido matar. El asesinato de otro ser humano no es justificado” o VA: “Ninguna muerte justifica otra muerte”.

•    “La naturaleza nos dio el privilegio de pensar y razonar y Dios nos dio el corazón para poder tolerar a todos nuestros semejantes. El odio y el rencor sólo corroen el corazón del ser humano”, comentó Arturo Katz, quien dijo apoyar la línea de Felipe Q.

LOS PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA

ÁLEX ARTEAGA CÁRDENAS (26), ABOGADO

Alex Arteaga Cárdenas, nació en Cochabamba, hijo de Carmen Cárdenas y Jorge Arteaga. Lo describen como un niño precoz. A los tres años iba al kínder, a los seis ya nadaba en el río Beni, para los 11 aprendió a conducir y un mes antes de cumplir 15 años, obtuvo el bachillerato.


Siguió la carrera de derecho en la Universidad Mayor de San Simón y se graduó a los 21. Desde entonces descolló como jurista con una fuerte inclinación por el área laboral. Hermano de la presentadora de televisión, Paola Arteaga, también incursionó como productor del programa Contra Pesos. Murió a los 26 años, cuando ejercía el cargo de subdirector del estudio jurídico Bernardo Gutiérrez. 


Se lo recuerda como alguien jovial, un “tipazo”, dicen. Su padre lo recuerda como “alguien muy identificado con los pobres, especialmente con los changuitos de la calle. Les preguntaba ‘¿has desayunado?’, y les daba sus pesitos”.


Pertenecía a “Los Ulinchos”, un grupo de amigos, y se lo veía como alguien hogareño, amante de las mascotas en especial de Timothy, su perro. 

JORGE GUZMÁN CARVALHO, PROTESISTA

Jorge Guzmán Carvalho (28), nació de San Joaquín (Beni). Llegó a Cochabamba a profesionalizarse. Estudió prótesis dental y alcanzó el título en técnico superior.

Estudiaba y trabajaba en su tiempo libre primero como mensajero en una empresa de correo y después en un gimnasio.  Por su origen, se relacionó con los residentes benianos, donde conoció a Valeria, que también era de San Joaquín. Mantenía contacto con su madre, migrante en España, quien lo apoyaba financieramente. Acostumbraba estar armado, sobre todo desde que lo asaltaron en un cajero automático. Por ello, tramitó su permiso para portar armas en la Policía.


Durante su permanencia en la cárcel de San Sebastián, fue recluido en una celda doble, considerada un lujo entre los reclusos. Después de un par de meses, fue trasladado al penal de San Antonio, por sus conflictos con la población penal.


En San Antonio retomó su actividad como protesista dental, con los hermanos de la odontóloga Wilma Conde, según consta en una fotografía. Al salir de la cárcel, intentaba normalizar su vida, pero la muerte lo sorprendió.

VALERIA DAZA SALVATIERRA, UNIVERSITARIA

Valeria María Daza Salvatierra (26) era hija de Víctor Hugo Daza y la mayor de cuatro hermanos: tres mujeres y un varón. Dejó San Joaquín hace años para estudiar en Cochabamba. Cursó la secundaria en un colegio privado y cuando ocurrió el crimen, estudiaba  Ingeniería Financiera en la UPB y, a la vez, hacía sus prácticas en la terminal de buses.


Tras ser apartada de la investigación se fue a Estados Unidos, pero desde hace un año asumió la administración de los negocios familiares, tras la muerte de su padre, Víctor Hugo Daza. Éste falleció ahogado en un bajío (laguna), el pasado 5 de mayo, cuando trasladaba ganado a su hacienda y su canoa se volcó. Intentó nadar hasta la orilla, pero sus fuerzas le fallaron, según fuentes cercanas a la familia. Jorge Arteaga, al enterarse de esta noticia, ironizó con la defensa de Guzmán en un encuentro en los pasillos de la Corte diciendo que “se lo habían comida las pirañas”, aunque públicamente el militar negó tener  noticias de Valeria o su familia. Textualmente dice: “no sé nada”.

JORGE ARTEAGA MALDONADO, MILITAR

Jorge Arteaga Maldonado tiene 56 años. Es militar de la reserva y abogado de profesión. Alcanzó el grado de coronel en el arma de caballería y entre los últimos cargos que desempeñó está el de vocal del Tribunal Supremo de Justicia Militar. 


Dedicó sus dos últimos años a impulsar el juicio contra Jorge Guzmán y Valeria Daza. Su abogado, Luis Butikofer, dijo que lo vio derramar lágrimas y, al fin, a aceptar a regañadientes que la universitaria fuera marginada sin culpa alguna del proceso.


Desde el 1 de octubre se ha convertido en un icono de los litigantes y movimientos ciudadanos que protestan por la deficiente administración judicial. Su esposa, Carmen Cárdenas, cuenta que desde que murió su hijo adolece de presión alta. En medio de esta tormenta, se convirtió en abuelo de una niña, hija de Paola Arteaga.


Hasta el cierre de este edición (viernes en la noche), se hallaba internado en el hospital Viedma, aquejado por un cuadro de hipertensión tras haber dado muerte, el 1 de octubre, con ocho tiros al homicida de su hijo.



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