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Ed. Impresa halloween | Poco a poco y cada año con más fuerza, la costumbre extranjera se abre paso en el país

Niños toman las calles disfrazados de espectros

Por Redacción Central - Los Tiempos - 1/11/2009


El artista mexicano “Kike Koyote” expone su obra “La muerte nos visita”, ayer en la Plaza de las Banderas, en vísperas del Día de los Difuntos. Anoche, brujas y t’antawawas compartieron la ciudad. - Andia Hernán  Los Tiempos

El artista mexicano “Kike Koyote” expone su obra “La muerte nos visita”, ayer en la Plaza de las Banderas, en vísperas del Día de los Difuntos. Anoche, brujas y t’antawawas compartieron la ciudad. - Andia Hernán Los Tiempos

Fiestas, comercios y muchos lugares de distracción para niños y adolescentes se vistieron ayer de naranja y negro, los colores que adornan la fiesta de Halloween, una tradición que Bolivia ha comenzado a adoptar del exterior desde hace unos 10 años.

El joven público es cautivado por la posibilidad de llevar macabras máscaras, amenazantes guadañas de papel, colmillos sangrantes o capas, razones por las que la fiesta es acogida con entusiasmo.

Aunque las ciudades del eje central son las que demuestran haber adoptado la nueva costumbre con más facilidad, ya no es extraño verla en otras ciudades del país.

A pesar de que la Iglesia Católica considera que esta fiesta marca “un triste retorno” al paganismo”, es evidente la diversión que implica para los niños salir la noche del 31 de octubre con los disfraces que cada vez llegan al mercado con mayor sofisticación.

Lo más divertido, según algunos niños consultados, es poder poner en práctica el famoso “truco o trato” (trick or treat) que la cultura anglosajona puso en práctica para, de alguna manera, obligar a las casas a entregar dulces a los pequeños “monstruos”. También se comenzó a celebrar la costumbre de reunirse en alguna casa para leer y oir historias de terror.

Centros comerciales como Burger King, Hipermaxi, IC Norte o el Cine Center, organizaron concursos de disfraces y fueron el centro de la reunión de los más jóvenes que celebraron así, a su modo, la fiesta en honor a los difuntos. Mientras, los adultos alistan las mesas para recibir hoy las almas de sus difuntos y regalarles con comidas y bebidas que en vida les gustaban.

 

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