Ed. Impresa Siete meses después del contrato firmado entre la empresa y el Gobierno, la presa tiene un avance de apenas el 1 por ciento
En Misicuni sólo hay una barra americana
Por Gisela Alcócer Caero - Los Tiempos - 11/12/2009
El salón donde se encuentra el "table dance", ayer en Misicuni. - Carlos López Gamboa Los Tiempos
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Una barra plateada en medio de un salón brilla, aparentemente esperando a señoritas sensuales que bailarán ante los agotados ingenieros.
Este artefacto está instalado sobre un escenario que prontamente será tapizado con una alfombra que combinará con el empapelado de la habitación, en la que además se levantó una barra en la que normalmente se exponen todo tipo de botellas de licor.
¿Es un “table dance”? ¿Dónde se encuentra? En el cerro, a más de 3.800 metros sobre el nivel del mar y donde la temperatura no supera los 10 grados dentro del campamento de Misicuni. Es una parte del salón de esparcimiento en el que los ingenieros que trabajan en la construcción pasarán sus momentos libres.
Según explicó el superintendente de Obra, Carlos Jiménez, “tenemos dentro del contrato el área definida para el esparcimiento de los obreros y en función al requerimiento de la gente se ha dimensionado que así sea el área de esparcimiento”. Luego, reiteró que se hizo “a solicitud de la gente que está en la obra, como un atractivo, digamos. No es un lugar público donde van a haber shows y esas cosas”.
El presidente de los ingenieros eméritos de Cochabamba, Gonzalo Maldonado, dijo que en sus 40 años viviendo dentro de campamentos, en y fuera del país, nunca vio una cosa similar, que además de dar una pésima impresión de la calidad moral de los ingenieros que trabajan allí, “es un serio atentado a la seguridad industrial, pues ninguna persona que esté en un campamento con explosiones y dinamita, puede consumir alcohol”.
Este salón de esparcimiento fue construido, al igual que todo el campamento, con el dinero que financia la edificación de la presa, que proviene de un crédito italiano (25 millones de euros), un crédito de la CAF (6 millones de dólares) y un aporte del presupuesto prefectural (36 millones de dólares).
Pese a la explicación de Jiménez, respecto a las peticiones de los trabajadores, aparentemente se trata de un lugar al que ingresarán los obreros, pues los más de 200 que se encuentran allí, deben almorzar en un comedor tipo C, con mesas de madera sin lijar y sin manteles.
Obras detenidas
Mientras el salón de esparcimiento y el parrillero ya está casi concluidos, no ocurre lo mismo con las obras de ingeniería de la presa, pues tras siete meses de la firma del contrato entre el Estado boliviano y el internacional Consorcio Hidroeléctrico Misicuni, la obra apenas tiene un avance del 1%, según confirmó el mismo Jiménez, quien explicó que “lo que pasa es que nosotros tenemos una curva de avance de la obra. Al inicio va un poco lento hasta que se abre el espacio del trabajo masivo, que nos cambia totalmente el avance físico y financiero”.
Además, existen pocas probabilidades de que la obra empiece a acelerarse, pues todas estas irregularidades provocaron que los trabajadores de la empresa paren y los comunarios de la región advirtieron que bloquearán las obras debido a que los dos puentes que la empresa construyó se cayeron y ahora no tienen por dónde sacar sus productos.
Los obreros aseguran que los puentes no resistieron la presión del agua del río Misicuni, pues los tubos de la alcantarilla eran demasiado delgados, pero el Superintendente de Obras explicó que sólo se trataba de obras provisionales construidas para que duren sólo un año.
Problemas en la base
Protestas
Los trabajadores están en paro y exigen el pago de horas extras
Regionalismo
Los trabajadores también dicen que existe odio entre collas y cambas
Problemas regionales
“Los collas odian a los cambas (…) así no podemos avanzar”, dice un mail que está en manos de los trabajadores y que en caso de no ser falso, lleva la firma del gerente del Consorcio Hidroeléctrico Misicuni, Zoran Popovic.
El ejecutivo del sindicato de trabajadores del consorcio, Juan Sansusti, y al menos ocho obreros aseguran que no pueden trabajar con tranquilidad porque existe racismo y discriminación de parte de los bolivianos que actualmente administran el campamento y que “son una familia de cruceños”.
“Todo empezó cuando llegó el presidente Evo para inaugurar las obras en Misicuni. Nosotros queríamos darle un tonka para que él maneje y salga en la tele y en las fotos, pero los Jiménez nos dijeron que no, porque era equipo de la empresa privada. Tampoco nos dejaron sacar nuestras wiphalas”, dijo Sansusti.
Desde el miércoles, los trabajadores están en paro por segunda vez pues aseguran que la empresa no les pagó sus horas extra ni dominicales y tampoco recontrató a los 47 obreros despedidos.
Además, muy avergonzados, contaron que cuando pidieron que les contraten un bus “nos trajeron el camión en el que don Clemente (un comunario de Misicuni) transporta sus chanchos. Tenemos que ir bajo la lluvia a trabajar todos los días en el (camión) chanchero, no nos gusta ser tratados como chanchos”, explicó.
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