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Ed. Impresa LOS GUARDIAS REVISARON A LOS DOLIENTES PARA EVITAR QUE INTRODUZCAN ALIMENTOS Y BEBIDAS

Control riguroso en Cementerio General

Por Jackeline Rojas Heredia - Los Tiempos - 3/11/2010


Un cuarteto de Mariachis interpreta unas rancheras en una tumba del cementerio de Tiquipaya, ayer. - Rodolfo  Goitia Los Tiempos

Un cuarteto de Mariachis interpreta unas rancheras en una tumba del cementerio de Tiquipaya, ayer. - Rodolfo Goitia Los Tiempos

La fiesta de Todos Santos concluyó ayer con la tradicional despedida a las almas que, se cree, permanecieron con los vivos desde el medio día del pasado lunes.

Si bien no se permitió la entrada de alimentos, bebida y música al Cementerio General, algunas familias se congregaron a una distancia cercana del mismo para recibir los “alabados” (rezos) y la música a fin de despedir, según la tradición, a las almas de sus seres queridos.

Se notó gran afluencia de personas a los cementerios durante la jornada del feriado de ayer, la que se inició a primera hora de la mañana cuando monseñor Tito Solari ofició la misa en la capilla del cementerio y dijo, durante la homilía, que la comunión entre vivos y muertos no sólo se da durante los dos primeros días del mes de noviembre, sino durante todo el año. Solari recordó que Jesús es la resurrección y que del mismo modo que los que se fueron, el turno llegará para los que aún estamos en vida.

Por otro lado, como fue anunciado por las autoridades, el control tanto a la entrada como a la salida del Cementerio General y del cementerio de Valle Hermoso fue rigurosamente llevado a cabo por la policía municipal: en ambos sólo se permitió el ingreso de flores.

Todo lo contrario sucedió en el cementerio de la población de Tiquipaya, lugar en el que la gente ingresó con canastas y otros recipientes llenos de masitas, urpus, dulces y t’antawawas; no faltó la chicha y la cerveza.

Las familias, luego de hacer una limpieza del nicho o lápida, sobre el mismo sitio levantaron la mesa e invitaron a decenas de niños que llegaron con sus alabados y rezos a corear, en alta voz, los nombres de los difuntos.

Si el entusiasmo de los rezos convence a la familia doliente, ésta obsequia los urpus, dulces y frutas a los chicos.

“Es la oportunidad para compartir con nuestro ser querido, y además todos en familia, al estar en una gran mesa”, explica Rosa Gonzáles, una de las dolientes que por ser el primer año del fallecimiento de su madre, junto a sus familiares se encargó de amasar más de 100 panes. Otras familias recurren a los cantos de los mariachis en las composiciones más sentidas y conocidas, otros simplemente a la música de una banda mientras almuerzan en el lugar y comparten la bebida de elección, chicha, garapiña, aloja o cerveza… o una mezcla de todo.

La historiadora Ítala De Mamán antes de la creación de la república se enterraba a los muertos en las iglesias y alrededor de las iglesias. Ya después, en el Gobierno de José Antonio de Sucre, se confiscan las propiedades de la Iglesia. Fue así que el Gobernador Miguel María de Aguirre eligió 16 hectáreas fuera de la ciudad, cerca de la colina de San Sebastián, para construir el camposanto de la ciudad de Cochabamba. Era el lugar más propicio –dice la historiadora–, no estaba poblado y se hallaba en las afueras de la ciudad. Otros factores que pudieron incidir en su ubicación estaban relacionados con la salud.

En Tiquipaya, los dolientes podían llevar comida, música y bebidas hasta los nichos


Parque de la Concordia

Con una misa especial para los difuntos –que se celebró a las 11:00 con musicalización de un cuarteto de cuerdas y vientos, serenatas populares reflexivas sobre la vida y la muerte a cargo de grupos folklóricos y mariachis– la administración del Cementerio Jardín “Parque de la Concordia” compartió ayer la fiesta de Todos Santos con todas las familias dolientes que tienen a sus seres queridos descansando en sus tierras.


Desde las 07:00 hasta las 20:00, en medio de estrictas medidas de seguridad algo más de 25 mil personas visitaron sus instalaciones, depositaron flores, realizaron arreglos, compartieron momentos familiares y elevaron oraciones por el eterno descanso de sus seres queridos. Más de 50 empleados del cementerio jardín se encargaron de controlar la internación de comidas y bebidas alcohólicas así como la instalación de pequeños altares tradicionales, prohibida por reglamento interno.


Los pequeños menores de seis años fueron entretenidos con concursos de pintura, mientras que los creyentes lanzaron al espacio más de 2 mil globos blancos con sus nombres y mensajes de amor a sus seres queridos que se encuentran en el reino de los cielos, sostuvo Luis Velasco Navarro, jefe de servicios exequiales del cementerio Concordia.

 

Rica ganancia

Decenas de grupos de niños compitieron durante todo el día de ayer para obtener la mayor cantidad de masitas, urpus y dulces.

Los rezos empezaron desde muy temprano, sobre todo en los cementerios de las provincias. Niños de entre cinco y 16 años acudieron a la invitación del festín preparado para los difuntos.

Wilfredo Aguirre, Adal Jiménez, Ramiro Jiménez, Guido Castellón y otros de edad variada comentaron que tienen todo un repertorio de alabados, frases que son respondidas por un mismo coro que dice: “Alabado sea el santísimo sacramento del altar y la Virgen concebida…”.


Los niños, una vez concluida la jornada, retornan a su casa con las bolsas llenas de panes y los reparten entre toda su familia. Lo que sobra lo guardan para comerlo en la escuela.



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