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Ed. Impresa TRADICIÓN | La ciudad y los valles alto y bajo manifestarán su riqueza patrimonial, artística y gastronómica a través de ritmos, parodias, cantos, bailes y comida

Comparsas y pícaras coplas sazonan el carnaval valluno

Por Ka­tius­ka Vás­quez - Los Tiempos - 12/02/2012


Una comparsa o pandilla del carnaval valluno recorre las calles al ritmo de coplas. - Hernán  Andia Los Tiempos

Una comparsa o pandilla del carnaval valluno recorre las calles al ritmo de coplas. - Hernán Andia Los Tiempos

Las pandillas o comparsas se constituyen en el principal patrimonio del carnaval rural valluno. Estos grupos de gente disfrazada, que en antaño se organizaban espontáneamente aún perduran y resucitan para el carnaval. Recorren las calles, enganchados del brazo o por parejas, a paso ligero y acompasado, zapateando y motivando a los espectadores a sumarse. Detrás de cada comparsa van los músicos que tocan charangos, guitarras y acordeones.

La alegría y risa propias del carnaval están conectadas a una continuidad de la vida, que tiene su origen en los primeros frutos que entrega la Pachamama (Madre Tierra) a sus hijos. La fiesta es una antesala de la primera cosecha, de ahí que en el campo se armen las pucaras, arcos con vasijas llenas de alimentos, para augurar que la producción sea buena.

 El antropólogo, Wilfredo Camacho, ubica al carnaval como una de los momentos más importantes de la cultura, sobre todo porque está estrechamente vinculado con el ciclo agrícola al ser la culminación de la siembra, un proceso que suele estar amenazado por granizadas, tormentas y otros desastres. 

“El carnaval es un tiempo de Paray Pacha (tiempo de lluvia). En ese espacio se hace un ritual de profundo misticismo en el que el hombre entra en relación con la naturaleza, que se plasma en un agradecimiento a la Madre Tierra por las cosechas que se van a recibir”, subrayó. 

De acuerdo con el ciclo agrícola, en febrero brotan los primeros frutos de la tierra, en mayo se realiza la cosecha, en agosto comienza los preparativos para la siembra y en noviembre la semillas están a punto de brotar.

Si bien en la ciudad, el carnaval tiene un aire más festivo, en algunos lugares del campo es una mezcla de rituales y baile. Pero, en ambos escenarios la fiesta da paso, a la integración y la visita entre comunidades.

La música y el baile son la esencia del carnaval valluno. Se recrean a través de los takipayanakus o contrapunteos, festivales donde se reúnen a los copleros, que dan lugar a las pandillas que interpretan coplas graciosas y pícaras, que actualmente se cantan en quechua y español.

Su estructura responde a esquemas tradicionales, pero siempre renovados con la improvisación de letras actuales.
De acuerdo con Wilfredo Camacho, las comparsas son la reunión de jóvenes que cantan coplas “para alegrar a la Madre Tierra. Los takipayanakus son el intercambio de uno con el otro (femenino y masculino) en forma sana y respetando la dignidad de las personas”.

Es en las provincias donde las comunidades intentan mantener pura esta tradición, en el valle alto y bajo. Una de esas zonas que se ha empeñado en rescatar el carnaval de antaño, es la comunidad de Tiataco, donde se coloca la tradicional Pucara (ofrenda a la Pachamama) y se organizan comparsas con niños, jóvenes y adultos para cantar coplas para agradecer, congraciar y alegrar a la Pachamama.

Tras las huellas de la fiesta

“El carnaval de Cochabamba es la fiesta mayor de la población y una de las más largas. Puede faltar todo, menos el carnaval y como todo fenómeno no escapa a la realidad económica política o social que vive el país”, explicó Vladimir Arancibia, en un análisis de los orígenes del carnaval del valle, publicado por la Oficialía Superior de Cultura. 

Por las crónicas de la Colonia se conoce que las primeras celebraciones comenzaron en 1700, donde la festividad coincidía con la fiesta del Señor de la Sentencia y la Virgen de Lourdes, que eran organizadas esencialmente por comerciantes y artesanos, apuntó Arancibia. El investigador remarca que en la actualidad el Corso de Corsos sólo puede considerarse un punto eventual de confluencia social, de integración e interacción pasajera.

Añade que el encuentro no deja de reflejar, a su modo, las contradicciones estructurales de fondo económico y social, la heterogeneidad de contenidos y prácticas culturales que “no confluyen precisamente en un sincretismo feliz, en un producto intercultural acabado”.

Arancibia concluye: “Luego de la fiesta, se sobrepone otra vez la realidad polifacética, desigual y contradictoria”.

LA ORGANIZACIÓN

La Oficialía Superior de Cultura de Cercado convocó a los barrios a celebrar el carnaval de la integración, fortaleciendo la riqueza cultural para que en sus entradas, carnestolendas, takypayanakus, festivales y kacharpayas se muestren auténticamente manifestaciones culturales propias, recreadas en cantos, ritmos, platos y tiempos que reafirmen las tradiciones culturales, mostrando la riqueza del carnaval valluno.


Serán más de 20 actividades culturales las que se realicen entre febrero y marzo para expresar las manifestaciones culturales propias de esta celebración, en la ciudad.

LOS RECURSOS

Cercado es el municipio que más invierte en la organización del carnaval. Este 2012 ha destinado Bs 200.000 de presupuesto a la organización. A ello se suman los aportes de los auspiciadores y el patrocinador que invertirán más de Bs 170.0000 mil.

Quillacollo es el segundo municipio que más recursos ha presupuestado para esta celebración con Bs 75 mil, más el aporte de un patrocinador.


En tanto, que las alcaldías del valle bajo y alto invertirán en promedio Bs 30 mil y realizan una intensa campaña para contar con auspiciadores, para otorgar premios para los mejores participantes.

 

 

 

Esplendor del corso

Hoy en día la ciudad brilla con la organización del Corso de Corsos: una síntesis del carnaval boliviano. Un rasgo de la celebración es la participación de los cuarteles, que se esmeran en la elaboración de alegorías y parodias.


Los soldados son la antesala de un derroche de folklore. En la Llajta confluyen caporales, tinkus, diabladas, morenadas, tobas, salay y las tradicionales comparsas del valle.


El carnaval del valle se precia de ser el más largo y su despedida está prevista para el 18 de marzo, con un concurso de taquipayanakus, que congrega a grupos de la ciudad y la provincia.


En la actualidad, el Carnaval de la Concordia está marcado por varias celebraciones como el “día de compadres” y el “día de comadres”, que son la antesala de la gran fiesta del Corso de Corsos, donde se impone la “mini” pollera.

 

Coplas en Santiváñez

En el valle de Santiváñez el carnaval es una de las fechas memorables del calendario, porque se festeja con todas las comunidades, apuntó el responsable de la Unidad de Cultura de ese municipio, Víctor Hugo Miranda.


Por tradición, el carnaval en Santiváñez comienza en las comunidades. Y el día de la entrada todas éstas confluyen en el pueblo para bailar, comer y beber.  Un rasgo de la celebración es la interpretación de las coplas. El 19 de febrero tiene lugar la entrada principal, la cual, se caracteriza por la participación de las comparsas o pandillas.  La celebración acaba el 26 de febrero, Domingo de Tentación, con un concurso de taquipayanakus. Este año, el gobierno municipal destinó un presupuesto de 20 mil bolivianos.

 

Nostalgias punateñas

En Punata el carnaval comienza con “el día compadres” y acaba el Domingo de Tentación. Antes de la gran entrada folklórica se realiza el festival de coplas, en la comunidad de Tak’o, con la participación de las comparsas o pandillas.


Este año el carnaval 2012 de Punata se propuso recuperar las tradiciones de antaño, según el programa presentado por la alcaldesa, Leticia Vallejos. 


Para garantizar el desarrollo de todas las actividades del carnaval se presupuestó 30 mil bolivianos, según el jefe de la Unidad de Comunicación, Turismo y Cultura, José Ricaldes. Agregó que se están haciendo esfuerzos para que el juego con agua disminuya, especialmente, para evitar personas lesionadas.


Punata se caracteriza por elegir una sola reina del carnaval para sus cinco secciones y por contar con una entrada.

 

Soldados en Quillacollo

En Quillacollo, el carnaval también tiene como actores centrales a las unidades militares. Según algunos quillacolleños, los soldados comenzaron a bailar en la tierra de la integración y después fueron invitados al Corso de Corsos, donde alcanzaron un reconocimiento nacional.


De hecho los militares aún participan en la organización de la elección de la reina del carnaval a través del regimiento Tumusla, y están presentes en la entrada del 20 de febrero, que cuenta con grupos folklóricos y autóctonos. 


Según la encargada de la Unidad de Cultura de Quillacollo, Martha Zambrana, ese municipio destinó Bs 75 mil para las actividades del carnaval que busca rescatar el protagonismo de la pareja valluna y tono desafiante de los taquipayanakus.

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