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16:01 Las wallunk'a son el centro de las atenciones

Los bolivianos viven a plenitud la fiesta de Todos Santos

Por Anf - Agencia - 31/10/2009


El 1ro de noviembre a mediodía, las familias cochabambinas alistan una mesa con  elementos simbólicos,  como objetos, comida y bebida, para que las almas se regocijen en su visita. -   Agencias Agencia

El 1ro de noviembre a mediodía, las familias cochabambinas alistan una mesa con elementos simbólicos, como objetos, comida y bebida, para que las almas se regocijen en su visita. - Agencias Agencia

COCHABAMBA |

La celebración de la fiesta de Todos Santos en Bolivia tiene sus peculiaridades, ritos y matices, pero tiene mayor arraigo y simbolismo en el mundo andino, donde la muerte se convierte en un acto festivo como prolongación de la vida.

Tras dos días de culto a los muertos, 1 y 2 de noviembre, donde según las tradiciones se rinden honores a los difuntos con ofrendas de mesas (mast'akus) repletas de masitas, dulces, frutas, comidas y bebidas que en vida fueron del gusto y preferencia de los seres queridos ausentes.

Durante estos días, según la cosmovisión andina, las almas de los difuntos realizan un largo viaje del más allá para disfrutar de los placeres terrenales en compañía de sus familiares.

 El movimiento para el recibimiento de las almas en la tierra es inusitado, pero ya no en un ambiente de congoja o dolor, sino de respeto, cariño, alegría y gratos recuerdos. Se viven jornadas conmovedoras para mantener latente la memoria de los difuntos, que es una forma de tenerlos siempre vivos.

 El culto a los difuntos comienza a medio día del 1 de noviembre y concluye el 2 a la misma hora cuando en los domicilios y cementerios se despiden a los muertos con la esperanza del próximo reencuentro.

 WALLUNK'AS

Pasado el medio día del 2 noviembre, como por arte de mágico encanto, desaparece todo signo de tristeza y congoja para apoderarse de todos la dicha y el gozo, pues comienza el ritual de las wallunk'as como una ofrenda a la vida y al amor que son los signos de alegría, felicidad y diversión.

 La wallunk'a o culumpio es producto de la imaginación lúdica de nuestros ancestros; una invención inigualable para alcanzar el cielo con nuestros pies y coronar nuestros deseos y anhelos irresueltos. Es un pendular eterno entre la vida y la muerte.

 Según los tradicionistas vallunos, la wallunk'a es una práctica y ofrenda de sana sensualidad y desborde de erotismo que tiene como a protagonistas a las hermosas doncellas vallunas: las cholitas que son el centro de todas las atenciones.

 Antaño, las wallunk'as se armaban en fuertes y vigorosos molles o eucaliptos, que con el transcurrir del tiempo fueron reemplazados por dos postes con un soporte superior para amarrar las cuerdas donde subirán las cholitas que serán estiradas por dos robustos y enérgicos jóvenes que ayudarán a cumplir su objetivo de arrancar el canastillo de flores y otras sorpresas.

 La hazaña es celebrada con dianas de una orquesta típica y abundante ingesta de chicha amarilla o morada, además de la infaltable garapiña servida en tutumas y garapiñas.

 Las wallunk'as se realizarán todos los fines de semana con grandes carteleras de artistas y se extenderán hasta la fiesta de San Andrés.

 FIESTA EN CHERNOBYL

Esta hermosa tradición que se fortalece año que pasa, tuvo contemporáneamente su origen en la célebre quinta Chernobyl de Quillacollo, que desde hace 21 años organiza el afamado Festival de la Wallunk'a y Coplas de Todos Santos.

 Bajo la consigna "que no muera la tradición", este lunes a partir de la tarde se desarrollará el vigésimo primer festival de la wallunk'a en ambientes de Chernobyl, zona del cementerio de Quillacollo, con participación de la Orquesta del Valle y las cholitas copleras, Yolanda Alcocer, Norah y Daisy Galindo, Máxima Gonzales y muchas otras.

 La labor pionera de rescate de las tradiciones vallunas, permitió que esta singular costumbre se difunda por todo el departamento de Cochabamba, especialmente en los pueblos del valle bajo y alto, incluso hasta llegar al trópico cochabambino y los países de Argentina, Estados Unidos y España, donde se arman y celebran las wallunk'as.

Durante estos años, la solitaria labor de rescate cultural de los propietarios de quinta Chernobyl, posibilitó rescatar y encumbrar a varios artistas populares como Encarnación Lazarte, Martha Soto, Máxima Gonzales, Martina Miranda, Yolanda Alcocer, Norah Galindo, Marina

Claros, los copleros Oswaldo Andia, Salomón Gonzales, Lucas Herrera, Antonio Orozco y muchos otros, además de los maestros del acordeón Ubaldo Laime, Macario Pinto, Moisés Torrico, Ramiro Alcocer, Carlos Revollo y Gerardo Blanco, especialistas en interpretar las tonadas de todos santos. Ahora hay un mar de artistas que cultivan este género y una irrupción de grupos con protagonistas cholitas.

 Al margen de rescatar y fortalecer las tradiciones y costumbres del valle cochabambino, los propietarios de Chernobyl, Román Soliz y Cristina Gonzales, impulsaron por más de 15 años la investigación e industrialización de la afamada chicha, el néctar del valle, hasta lograr su envase en botellas y cajas de "tetra brick" con fines de exportación a Estados Unidos, España, Argentina e Italia donde nuestros "llajtamasis" la saborean y disfrutan para mantener latente la nostalgia y el amor por nuestra patria.


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