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UN PARAÍSO EN MANOS DE TACANAS

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 28/11/2010


Cañadón en medio del bosque de San Miguel del Bala, donde vive una comunidad de tacanas. | Daniel James | ¡OH! - Daniel  James Los Tiempos

Cañadón en medio del bosque de San Miguel del Bala, donde vive una comunidad de tacanas. | Daniel James | ¡OH! - Daniel James Los Tiempos

DESTINO TURÍSTICO   |   Una comunidad de la etnia Tacana administra, exitosamente, un eco albergue en la amazonia boliviana cerca a Rurrenabaque

“Yo, que tanto he dormido, nunca había soñado con esto”, exclamó Fernando Nay cuando vio concluidas las cabañas  del albergue turístico de San Miguel del Bala. Cuando, prohibidas ya las prácticas de la caza hace varios años, vio a sus amigos Simón, Valdemar, Constantino, Adalid y muchos más con fuentes seguras de trabajo. Cuando vio que 35 familias tacanas se beneficiaban con la administración de un hotel en plena selva tropical en el corazón del municipio turístico por excelencia de Bolivia: Rurrenabaque, en la frontera entre los departamentos de La Paz y Beni.

Y  los  50 mil turistas que cada año visitan Rurrenabaque, que tanto han dormido, nunca soñaron encontrarse con un río navegable (el  río Beni) de 150 metros de ancho, con parajes selváticos donde parabas de frente roja,  jaguares, mariposas, chanchos salvajes, buitres, arañas, murciélagos y una exagerada abundancia de lo más rico de la biodiversidad de la amazonia boliviana conviven en plena armonía con su entorno.

Y es que la comunidad de San Miguel del Bala, a 45 minutos (en bote) de Rurrenabaque, entre otras cualidades, tiene una ubicación geográfica privilegiada en el mapa: Encontrándose en un punto central entre el Parque Nacional Madidi (La Paz) y la reserva de la biosfera de Pilón Lajas (Beni), comparte las características de ambas áreas protegidas y es una puerta de ingreso a los dos “paraísos” tropicales nacionales.

Y el que escribe, que tanto ha dormido, nunca soñó que caminaría cerca a cien metros de pura gradería de madera que se abre paso entre una selva de maleza, líquenes, tacuaras, bibosis y motacús para llegar a una cabaña rústica hecha de piedra y bambú.
Nunca soñó que esa cabaña fuera construida, limpiada, cuidada, administrada y explotada comercialmente por manos y mentes tacanas. No lo soñó pero vio el sueño consolidado, tangible y real.

Eco albergue San Miguel del Bala se llama el complejo turístico, para diferenciarse de la gran oferta hotelera que acoge Rurrenabaque.

 El albergue recibe aproximadamente 400 turistas al año, siendo la época más alta entre los meses de junio  a septiembre. El hotel genera empleo directo a 15 personas de la Tierra Comunitaria de Origen (TCO) Tacana. Quienes trabajan en diferentes oficios desde transporte, gerencia, guías turísticos, logística, contabilidad, ventas, cocina, transporte y limpieza.

El emprendimiento genera también beneficios adicionales a 35 familias que son socias del proyecto. Y  la cadena de beneficios para la comunidad Tacana se multiplican porque las hortalizas, la yuca, las frutas y gran porcentaje de la alimentación para los turistas, cien por ciento orgánica, se produce en tierras de esa TCO.

Los pescados con los que se alimentan los turistas también son encargados a los miembros de la comunidad tacana.   
La gran afluencia de turistas hizo que el negocio hotelero tacana mereciera como mínimo el calificativo de “exitoso”.

Entonces surge la visionaria mentalidad empresarial de los tacana, quienes fundan un segundo albergue en la zona de Caquiahuara, también dentro el área de influencia de esa TCO.

Máxima autoridad de la comunidad de San Miguel y uno de los gerentes del complejo hotelero, además de autor de la emblemática frase que inaugura este artículo, el corregidor de San Miguel del Bala, don Fernando Nay, cuenta que este proyecto nació por la necesidad de implementar, “porque tenemos muchos visitante al año, entonces teníamos que crecer un poco. El turista no se sentía satisfecho de entrar un día al parque y salir ese mismo día. Quería conocer y descubrir otras cosas”.
De esa manera nace Caquiahura, complejo inaugurado el pasado 20 de noviembre.

“Ahora Caquiahura es como una inyección más para el proyecto porque estamos más cómodos y podemos ofrecerle más días y más ofertas al turista”, dice Nay.

Caquiahuara complementa al complejo turístico de San Miguel del Bala porque permite que los visitantes tomen mayor contacto con la fauna y flora del lugar mediante excursiones de 3 a 5 días.

Este segundo albergue, a una hora y 15 minutos, de San Miguel, cuenta con una cabaña con ambiente rústico pero confortable con tres habitaciones separadas y capacidad para tres personas cada una. Tiene también todos los servicios sanitarios.

Ingreso a Caquiahuara

Un largo sendero en medio de la selva conduce al eco alberque de Caquiahuara. Durante el recorrido el ensordecedor trino de pájaros de varias especies; el sonido de las cigarras y grillos y el zumbido de pequeños insectos, además del ruido que produce la tupida vegetación en contacto con el viento, dan una calurosa (literal) bienvenida al visitante. Éste, entre maravillado y aturdido, abre sus cinco sentido para no perderse imagen o sensación  alguna durante su recorrido.

Para el corregidor Nay, su comunidad ha visto como una necesidad urgente la posibilidad de ampliar el eco albergue. Lo lograron, pero como admite el propio dirigente indígena, “nos ha costado mucho. Porque somos muchos y entendernos entre nosotros a veces es difícil. Es difícil crear fuentes de trabajos en nuestra propia comunidad, en nuestra propia casa”.

Nay destaca el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), cuyo aporte fue determinante para consolidar toda la infraestructura del eco albergue.

Usaid, a través del proyecto de desarrollo integrado y conservación en la amazonia boliviana, apoya a San Miguel del Bala con asistencia técnica enfocada en el desarrollo de capacidades organizacionales y gerenciales; actualización de planes de negocio, optimización de herramientas de mercadeo, comunicación con clientes e incremento de ventas directas a través de internet y operadores de turismo nacionales e internacionales.

Un área clave de trabajo fue el apoyo, junto a otras organizaciones, en el desarrollo de la infraestructura en San Miguel del Bala y de Caquiahuara. Han establecido 20 asociaciones de productores en la región que agrupa a 1350 personas. En total la región recibió un apoyo de seis millones de dólares desde 2005.

Según Alvaro Luna, gerente de proyectos de Usaid, este apoyo al pueblo tacana es parte una de las líneas de trabajo que tiene esta institución para mejorar el nivel de vida de los pobladores.

Luna destacó también el apoyo dado por Usaid en asesoramiento en temas gerenciamiento de este tipo de empresas turísticas. Con el objetivo de cada vez mejorar el trato con los visitantes y atraer su atención.

Vivir “para” y “del” turismo

Para Nay, fue la necesidad lo obligó a él y buena parte de su comunidad a cambiar de oficio. En su caso, de agricultor tuvo que aprender el oficio de carpintero una vez que se traslado a Rurrenabaque y ahora atendiendo la gerencia de los eco albergues.

Gracias a este empleo, Nay tiene cuatro hijos en Trinidad formándose en la universidad. “Si yo no los apoyaría, ellos aunque quieran no lo lograrían”.

Uno de los mayores orgullos de Nay es el diseño de la cabañas de los eco albergues, además de ser uno de los mayores atractivos para los turistas.    

“Aquí las 33 familias asociadas tienen los mismos derechos, nadie es más que otra y todas tienen derecho a opinar y las cosas se deciden por mayoría”, sentenció Nay, quien se reclama de la etnia tacana.

El personal que atiende el hotel de San Miguel del Bala es también de la etnia tacana. Una elocuencia a toda prueba y una seguridad plena al momento de contar a los visitantes sobre atractivos y detalles del lugar caracterizan a los guías, forjados ya desde hace más de 10 años en este oficio.

Simón es uno de los guías que domina “el cañón”. Un sendero de menos de un metro de ancho entre dos gigantescos muros de piedra forjados a lo largo de miles de años por la fuerza del correr del agua.

Las entrañas del cañón son el hábitat de numerosas especies animales que van desde murciélagos hasta colibríes, pasando por arañas, lagartos e insectos diversos.

Simón domina también los senderos que conducen a los nidos de las parabas de frente roja. Aves que vuelan, comen y anidan siempre en pareja. Y un cañadón, al borde del río Beni, entre San Miguel y Caquihuara, ofrece una espectacular vista de estas aves que impresionan por su belleza.

En tanto, Adalid, otro de los guías tacana, domina la ruta de las plantas medicinales o llamada también la “farmacia de los tacana”.

Es en esta ruta donde Adalid explica cómo se curan las etnias del lugar de todo tipo de dolencias y enfermedades en base a plantas con propiedades medicinales.

En suma, San Miguel es una iniciativa de turismo sostenible que ofrece a los visitantes servicio de hospedaje en dos albergues construidos por los propios comunarios; caminatas en la naturaleza y actividades de intercambio cultural con la comunidad tacana. Esta comunidad, tradicionalmente agrícola, cuenta actualmente con alrededor de 55 familias, de las cuales 35 están asociadas para administrar el hotel.                             

Desde la ciudad de La Paz es posible llegar a Rurrenabaque por tierra siguiendo el camino que pasa por Cotapata, Coroico, Caranavi, Sapecho, Quiquibey, Yucumo, El Palmar, Piedras Blancas, Playa Ancha y finalmente Rurrenabaque, viaje que dura entre nueve y 12 horas.    

Otra forma de llegar a “Rurre”, como llaman al lugar los pobladores, es por vía aérea desde el aeropuerto de El Alto. Son aproximadamente 35 minutos de viaje hasta la ciudad beniana.

En épocas altas, cientos de turistas nacionales y extranjeros visitan la zona. Los más corresponden a la segunda categoría y son de una variedad que va desde mochileros de varias nacionalidades que se lanzan a la aventura de conocer las selvas tropicales, hasta visitantes que traen suficientes divisas como para mover la economía de la zona, eminentemente turística.

Más allá del shock por el contacto cercano con la exagerada naturaleza y la biodiversidad de San Miguel del Bala, tres cosas del lugar jamás olvidarán los turistas: El monumental árbol de bibosi a la entrada al eco albergue; el ingresar siempre descalzo al comedor y al museo del lugar y, finalmente, la frase labrada en piedra inmortal en una gran placa frente la cocina: “Yo, que tanto he dormido, nunca había soñado con esto”.


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