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Ed. Impresa LLa producción de alimentos transgénicos, así como el consumo de éstos, provoca una serie de consideraciones éticas sobre su manejo y utilización, unas a favor y otras en contra, que no pueden ser ignoradas. El debate está en el tapete

Alimentos transgénicos, ¿buenos o malos?

Por Redacción Central - Los Tiempos - 2/05/2010


El tomate

El tomate "Flav-Savr" fue el primer alimento transgénico en ser comercializado en Estados Unidos. - Internet Agencia

A nivel mundial y por más de una década, el tema de los “transgénicos” permanece vigente en el tapete de discusión. Esta nueva tecnología ha provocado una serie de preguntas, argumentos y consideraciones éticas sobre su manejo y utilización, unas a favor y otras en contra.

El desarrollo en los últimos años de las técnicas de la biología molecular ha dotado al hombre de herramientas que le permiten acceder y manipular el ADN de los organismos. Así, los transgénicos, llamados también “organismos genéticamente modificados” (OGM’s), son plantas o animales que han sido manipulados en laboratorios. Esta manipulación consiste en agregar genes a la cadena de ADN de dichas plantas y animales, para así cambiar o combinar características entre ellos.

En el ámbito alimenticio, esta técnica ha hecho posible conseguir nuevas variedades capaces de expresar genes de resistencia hacia enfermedades, herbicidas, insecticidas, condiciones climáticas o bien para mejorar su calidad nutricional. Por ejemplo, se inserta el gen de resistencia al frío del salmón en papa para buscarle resistencia a heladas.

El tema de los alimentos transgénicos, a nivel mundial, es asiduamente abordado por la comunidad científica, las autoridades gubernamentales, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), la Organización Mundial de la Salud (OMS); el Codex Alimentarius y las organizaciones de consumidores.

Muchos han sido los foros internacionales realizados en los que se discute sobre este tema, debido a su importancia, su dinamismo, lo controvertido de la situación y por la existencia a nivel mundial de grupos muy bien definidos, los defensores sin cuestionamiento alguno, los detractores a ciegas y aquellos que abordan esta nueva tecnología con un correcto enfoque bioético y científico.

Los alimentos modificados genéticamente son sometidos a una serie de rigurosos análisis y estudios que determinan su seguridad y que son la base para permitir su comercialización en el mercado. Además, las entidades regulatorias ejercen una especial “fiscalización” de los productos en los que ha intervenido de alguna u otra forma la biotecnología para evitar cualquier tipo de riesgo.

Cinco compañías transnacionales de la agro-biotecnología controlan el mercado: Dupont, Syngenta, Bayer, Dow y, en particular, Pharmacia de Monsanto que produce 91 por ciento de las semillas transgénicas sembradas en el mundo.

Investigación

Los estudios con OGM’s está liderado por los los países industrializados como Estados Unidos; pero los países en desarrollo también se encuentran a la vanguardia con investigaciones en este campo. Países como Argentina, Brasil, China, Cuba, Egipto, India, México y Sudáfrica están abriendo camino.

Cuba, país que integra la avanzada de las investigaciones biotecnológicas en el mundo, desarrolla importantes investigaciones relacionadas con la aplicación de la Ingeniería Genética para la obtención de OMGs destinados a la alimentación y asume esta responsabilidad con total rigor científico y máxima protección a los consumidores y el medio ambiente.

En Cuba se han realizado inversiones significativas en el desarrollo de la tecnología para la obtención de OMGs desde la década de los 80.

Comercialización

La comercialización de los alimentos transgénicos para el consumo humano comenzó el 18 de mayo de 1994, cuando la Agencia Alimentaria (Food and Drug Administration) de los Estados Unidos autorizó el comercio del primer tomate "Flavr-Savr" (tomate larga vida), obtenido por la empresa Calgene, con un proceso de maduración retardada que facilitaba su almacenamiento y transporte a grandes distancias.

Actualmente, en el mundo, existen más de 80 productos transgénicos.

La introducción de estos alimentos en el mercado ha desatado una polémica que, sobre todo, enfrenta a consumidores y organizaciones ecologistas con las grandes multinacionales que los distribuyen. El problema es complejo y no se puede abordar de una forma sencilla ni general.

Posibles beneficios

Los beneficios de los alimentos transgénicos están directamente relacionados con los objetivos de la modificación genética, los mismos se pueden agrupar en tres grandes grupos:

Consumidores. Responden mejor a las necesidades nutricionales y alimentarias, y a las preferencias del mercado, prevén enfermedades, son portadores de vacunas, presentan mejores características sensoriales y mayor disponibilidad de alimentos.

Productores. Son organismos genotípicamente mejor adaptados a factores ambientales adversos, tienen crecimiento y desarrollo acelerado, lo que permite una intensificación de la producción y reducción de los costos; el retardo del proceso de maduración posibilita tener una mayor vida de determinados alimentos; tienen resistencia a los herbicidas, las infecciones microbianas y las plagas por insectos.

Medio ambiente. Permiten el uso más racional de la tierra, el agua y los nutrientes, disminuye el empleo de sustancias quimiotóxicas como fertilizantes o plaguicidas.

Posibles riesgos

No obstante sus beneficios atribuidos, algunas de las críticas que se le formulan a esta ciencia fundan sus argumentos en la potencial incapacidad de predecir lo que pudiera ocurrir al introducir organismos modificados genéticamente en el medio ambiente o en la dieta alimenticia. Así, los posibles riesgos, están relacionados con su repercusión sobre la salud humana, el impacto sobre el medio ambiente y aspectos socioeconómicos. 

• Sanitarios. Se relacionan fundamentalmente con la inocuidad de los alimentos; la presencia de alérgenos; la creación de nuevas toxinas; el desarrollo de resistencia a antibióticos por bacterias patógenas y los posibles efectos negativos para la salud a largo plazo.

• Medio ambientales. Se refieren al impacto sobre el medio ambiente a la amenaza a la biodiversidad; la transferencia génica no intencionada a especies silvestres, la ruptura del equilibrio natural, los transgénicos con rasgos nuevos pueden diferir de sus parientes naturales en sus habilidades para sobrevivir y reproducirse bajo condiciones ambientales variables, pueden interactuar de forma inesperada o no deseable con las comunidades biológicas locales; el uso indiscriminado de herbicidas, el daño a especies de insectos beneficiosos, etc.

• Socioeconómicos. Un riesgo socioeconómico es el desarrollo de la biotecnología en manos de las grandes multinacionales, puesto que el acceso puede limitarse debido a la protección por patentes, los productores de alimentos tradicionales u orgánicos puedan ser desplazados. Además, existe preocupaciones de carácter religioso, cultural y ético.

Argumentos a favor

La tecnología genética ha hecho posible que los alimentos sean más nutritivos, introduciendo ciertas características de plantas y animales, por lo cual se espera que disminuya la mala nutrición de muchos seres humanos e incluso algunos creen que gracias a los alimentos transgénicos, se erradicará el hambre mundo, pues los frutos serán más nutritivos y grandes.


Las plantas serán más resistentes tanto a plagas como a insecticidas, lo que permitirá que los cultivos se aprovechen al máximo.


De igual manera los animales, aumentarían su resistencia al frío y a las enfermedades, esto ayudaría a los campesinos a tener mejores ganancias.

Argumentos en contra

Aunque los experimentos demuestran que la calidad nutritiva de los alimentos transgénicos es considerablemente más alta, no se ha podido demostrar que estas alteraciones sean inofensivas para el ser humano (alergias, resistencia a antibióticos, etc.


La mayor parte de los insecticidas son fabricados por las mismas empresas que ahora promueven la investigación genética; éstas cobran por las patentes de sus semillas, por las mejoras que realizaron en el ganado.


Cuando las plantas y los animales desarrollan resistencia a enfermedades o plagas, éstas se vuelven más fuertes y se convierten en un peligro.

Semillas cultivadas

Las semillas transgénicas cultivadas actualmente, en el mundo, pertenecen principalmente a cultivos como maíz, soja y algodón. Una buena forma de medir la implantación de estos nuevos desarrollos es cuantificar la superficie mundial sembrada con cultivos transgénicos.


La superficie mundial de cultivos transgénicos aumentó un 7,2 por ciento en 2009, hasta alcanzar los 134 millones de hectáreas, según el informe anual publicado por el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA, en sus siglas en inglés).


Según el informe, los países en desarrollo aumentaron los cultivos con semillas biotecnológicas en un 13 por ciento, y son liderados por Brasil que registró un incremento del 35 por ciento y superó incluso a Estados Unidos.


El 77 por ciento de la soja que se cultiva en el mundo proviene de semillas modificadas, al igual que el 49 por ciento del algodón y el 25 por ciento del maíz mundial.
Cifras por países
Según el informe de ISAAA, Estados Unidos es el mayor productor con 64 millones de hectáreas. Le siguen Brasil con 21,4 millones, un 35 por ciento más que en 2008; Argentina (21,3 millones); India (8,4 millones); Canadá (8,2 millones); China (3,7 millones); Paraguay (2,2 millones) y Sudáfrica (2,1 millones); Uruguay y Bolivia con 800.000 hectáreas; Filipinas (500.000); Australia (200.000); Burkina Faso (115.000); y México (100.000 hectáreas). De lejos, se sitúan España, Chile, Colombia, Honduras, República Checa, Portugal, Rumanía, Polonia, Costa Rica, Egipto y Eslovaquia.

¿Qué opina la FAO?

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), en su página web, manifiesta que la biotecnología es un instrumento igual que el fuego, que puede ser utilizado para cocinar los alimentos o, si se hace un mal uso de él, para incendiar la casa. Por ello, considera necesario aclarar tres puntos.


a) La inocuidad de los alimentos. Hasta ahora no se ha observado, en ninguna parte del mundo, efectos nocivos comprobables del consumo de alimentos producidos con cultivos modificados genéticamente. Esto no significa que los nuevos alimentos transgénicos no entrañen riesgos. Pero estos riesgos son en esencia los mismos que representan las plantas y los animales mejorados con los métodos tradicionales. Además, la FAO considera necesario que cada nueva variedad transgénica de cultivo o de animal se someta a prueba individualmente, con métodos científicos rigurosos, a fin de observar sus posibles beneficios y riesgos.


b) La ayuda a los pobres. Es cierto que los principales inversionistas y creadores de cultivos y ganado transgénico son grandes empresas privadas. Sin embargo, nada impide que grupos del sector público, como los gobiernos, las universidades y las instituciones de investigación agraria, utilicen la nueva biotecnología para crear variedades de plantas y animales que puedan beneficiar a los agricultores pobres.


c) La necesidad de la biotecnología. ¿Para poner fin al hambre en el mundo es imprescindible esta tecnología? Tal vez sí, tal vez no. Pero nada justifica abandonarla. La biotecnología puede ayudar a las personas pobres y a las que sufren de hambre en el mundo.


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