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Historia de una niña boliviana

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 14/02/2013


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Genoveva Ríos. -   Archivo Periodista Invitado

Genoveva Ríos. - Archivo Periodista Invitado

Genoveva Ríos bajó la enseña patria del mástil, la dobló y escondió dentro de sus prendas, evitando que cayera en manos del enemigo enfurecido.

El periódico paceño El Comercio informó los sucesos de aquel amargo amanecer del 14 de febrero de 1879, día en que desembarcaron del buque Blanco Encalada cientos de soldados chilenos en el puerto de Antofagasta, situando sus cañones en las esquinas de la población. Mientras brotaban estruendosos ruidos y fuego de cañones, la población atemorizada sólo atinaba a correr de un lado a otro, para resguardarse.

De aquel desventurado día para el pueblo boliviano, el periódico paceño insertó en sus páginas una breve crónica: el hecho heroico de la niña Genoveva Ríos, quien no vaciló en exponer su propia vida para proteger la bandera nacional para que no caiga en manos de los ensañados invasores.

El comandante de la expedición chilena, Cnl. Emilio Sotomayor, antes de la invasión envió un emisario al Prefecto del Departamento del Litoral, Cnl. Severino Zapata, pidiéndole su rendición y la inmediata desocupación del puerto. Al recibir la nota intimidatoria, el Prefecto protestó enérgicamente y se negó a entregar Antofagasta.

A las 11 de la mañana las tropas chilenas ya habían tomado el puerto de Antofagasta, mientras otro grupo de soldados rodeó la Prefectura arrancando la bandera y el escudo colocados en el frontis, destruyéndolos con saña. Luego, los usurpadores procedieron a izar su bandera en el mástil de la representación boliviana.

En los momentos de confusión, los soldados chilenos no se percataron que la bandera boliviana del edificio de la Intendencia de la Policía aún flameaba altiva y orgullosa en su propiedad; pero alguien ya la había visto, era la niña Genoveva Ríos, muchachita de 14 años de edad, hija del Comisario, Don Clemente Ríos, quien sin dudar decidió protegerla de los ultrajes y ofensas de los usurpadores chilenos.

Con apuro y temor, aprovechando el desorden de esos instantes, la niña Ríos bajó la enseña patria del mástil, la dobló y escondió dentro de las prendas que vestía, evitando así que cayera en manos del enemigo enfurecido y que corriera la misma suerte de las instalaciones de la Prefectura.

Sigilosamente abandonó las instalaciones de la Intendencia para reunirse con sus padres y buscar refugio. Con esta muestra de patriotismo que debemos emular, esta niña heroína salvó nuestra bandera nacional.

Texto tomado de la revista de Diremar.

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