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El cuento de los tractores

Por Redacción Central - Los Tiempos - 25/04/2007


Ningún Gobierno ni su correspondiente partido dominante o movimientos sociales que lo apoyen, había jamás recibido tantas ayudas como los actores y comparsas que ahora tratan de cambiar el país por otro distinto. Por principio habrá que agradecer las donaciones. Pero con tal de que sirvan para construir un país justo y democrático. Se nos dirá que nadie regala nada sin una intención determinada. ¿Ud. cree que el petrolero Hugo Chávez derrocha el dinero de su pueblo para otro objetivo que no sea el de sus quimeras populistas?

Cuando hablo de ayudas directas me refiero al dinero constante y sonante que han recibido y siguen recibiendo para el funcionamiento sectario y no democrático de la Asamblea Constituyente, para asesores, conferenciantes, cursos, seminarios de una coloración política antidemocrática, locales, sistemas electrónicos, radios populares, futuros canales de televisión, viáticos para movilizaciones multitudinarias, helicópteros, musculosos guardaespaldas, tractores para los campesinos, etc.

Por fin, hemos llegado a los tractores. ¡Qué fácilmente se puede engañar a los campesinos! Desde 1998, siendo secretario ejecutivo de la Csutcb el amenazante Mallku, el Gobierno de entonces empezó a entregar tractores y otra maquinaria destinada a mejorar sustancialmente la producción del agro. Primero tenían que ser mil tractores, luego fueron bajando en número hasta 814, tal como informa un documentado reportaje del diario La Razón. Pero no todos llegaron a las comunidades campesinas, sino que unos permanecen inactivos en domicilios particulares, otros desaparecieron misteriosamente o fueron vendidos fraudulentamente a terceros. La incuria de los gobiernos dejó abandonados hasta ahora a casi un centenar que siguen oxidándose en el puerto argentino de Rosario desde hace 20 años. En cuando al resto, nadie tomó las previsiones de proveer a los beneficiarios de la donación, de los necesarios administradores del sistema financiero que financiaba el programa, de agrónomos aptos para entrenar a los campesinos en el cambio de la tracción animal y el arado de palo, a las máquinas. Ni pensaron en la necesidad de mecánicos, repuestos, talleres de reparación, surtidores de carburante, etc. El proyecto nació chueco.

En señor Presidente ha seguido repartiendo tractores venezolanos como florista que derrama gentilmente clavelitos. El gesto sería prometedor si esos vehículos iban a servir para cumplir con el Programa Crediticio de Mecanización del Agro. Pero hete aquí que el donante Gobierno venezolano y el receptor Gobierno boliviano se olvidaron de que el tractor es inútil si no se complementa con un arado, una rastra, una sembradora, una segadora u otras herramientas para que cumpla su función agrícola específica. ¿O servirá tan sólo para pasear al repartidor de los regalos, adornado de guirnaldas y rodeado de mocitas endomingadas? Se dice ahora que los implementos mencionados más arriba debían proveerlos los municipios, sindicatos u otras organizaciones que recibieron los tractores. La excusa no convence, pues revela la incapacidad del ministerio del ramo para hacer que los tractores trabajen para bien del campesino y no se conviertan en chatarra.


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