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Funciones de Embajador

Por Redacción Central - Los Tiempos - 12/07/2007


El Presidente Constitucional de la República, a pesar de su recargado trabajo, ha cumplido además funciones de embajador de la sede de gobierno, en una visita que ha hecho a Sucre tratando de persuadir a las autoridades regionales, especialmente a las que conforman un comité interinstitucional, para que no insistan en el tema de la capitalidad, lo que también hizo el Vicepresidente ante la Asamblea Constituyente, que unas veces es independiente y otras no, de acuerdo a las circunstancias y a los intereses del gobierno.

Ambas autoridades fundamentan su actitud en la defensa de la unidad nacional, ya que el tema de la capitalidad es una especie, nos dicen, de bomba de tiempo que puede llevarnos a la división del país. Para los chuquisaqueños, hay muchas causas de división, como el permanente recuerdo de la exclusión de los pasados 500 años, que nos recuerdan en cada discurso, y las actitudes que, por intereses siempre políticos, se repiten cotidianamente, contra los prefectos que no son del MAS, contra las pretensiones de la llamada media luna, contra el tema de las autonomías cuyo primer proyecto de estatuto, hay que reconocer, ha sido como papa para el loro, y por la movilización de las organizaciones sociales, en muchos casos promovidas por el propio gobierno. Las disputa entre mineros cooperativistas y asalariados y los problemas de otros sectores que aplican las medidas consideradas más efectivas que son siempre los bloqueos, mantienen como antes el país en estado de intolerancia y confrontación y son también, obviamente, causa de división

Insisten también, junto con otra gente que piensa igual, en que no es el momento para tratar el tema de la capitalidad, ni la Asamblea Constituyente el escenario adecuado para hacerlo. La pregunta es ¿Cuál sería entonces el momento y cual el escenario?. Obviamente, no hay respuesta y en el mismo Sucre, en un programa radial de transmisión regular, un ex líder político les da de alguna manera razón, pero tampoco con la firmeza que requiere una clara posición, por lo que nos recuerda la anécdota de un presidente mexicano que, hace mucho tiempo, declaró que las medidas adoptadas por su vecino, Estados Unidos, no los perjudicaba ni los beneficiaba, sino todo lo contrario.

Es bueno reiterar que Sucre y Chuquisaca han decidido iniciar una campaña en busca de la capitalidad, única y exclusivamente en base al diálogo y a la concertación. Obviamente, pueden haber marchas cívicas en Sucre y La Paz y cada ciudad y cada departamento tiene el derecho de recurrir a todo lo que refuerce sus argumentos, dentro de los marcos de la racionalidad, que debe ser como nunca tomada en cuenta por la importancia y delicadeza del tema.

Estando cerca la celebración del 16 de julio, algunos sucrenses vinculados a la actividad de las tradicionales alasitas, manifestaron que era una oportunidad de impedir la participación de los que vengan de La Paz, criterio mezquino y censurable desde todo punto de vista, ya que lo que corresponde es recibirlos con todo afecto porque son hermanos bolivianos con los que hay que festejar esa fecha tan importante vinculada también a la independencia de la Patria.

Los primeros mandatarios de la Nación, no deberían tomar partido entre las dos regiones involucradas y pensar mas bien que es precisamente este el momento y la Asamblea Constituyente el lugar para resolver un problema que durante más de cien años, ha evitado el desarrollo armónico y equilibrado del país.

No se trata de trasladar el dañino centralismo de un lugar a otro, ni lograr el desarrollo de una región en desmedro de otra, pero debería aceptarse valientemente que ha llegado la hora de considerar este importante problema nacional para encontrar soluciones de consenso en beneficio general, con capacidad, con desprendimiento, con amor a la unidad de la patria que requiere un eje integrador que muy bien pudiera ser la verdadera Capital de la República, donde nació Bolivia. Postergar los problemas no es solucionarlos. Hay varias opciones que pudieran plantearse en su debido momento, incluyendo aquella de una consulta popular.

Sería mucho mejor que el señor Presidente, en lugar de actuar como embajador paceño, actúe como Presidente de todo el país, llamando al diálogo y a la unidad, sin parcializarse contra Sucre y Chuquisaca por su menor peso político y por tener el apoyo de la llamada media luna, que inclusive con muchos adeptos de su propio partido que están también divididos, son, al final, una mitad de Bolivia que no está de acuerdo con su forma de proceder.


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