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¿Rascarse o despiojarse?

Por Redacción Central - Los Tiempos - 15/08/2007


Con tanta corrupción y nepotismo en reparticiones del Estado y en los municipios, he llegado a una conclusión: el problema del país es fisiológico, pues está perturbado por el parasitismo. Como los perros, condenadas a ser el hábitat natural de piojos y pulgas, las instituciones estatales y municipales sostienen en sus espaldas a prósperas colonias de sabandijas, vinchucas y sanguijuelas a punto de reventar de gordas tanto chuparle la sangre.

Los partidos políticos son sólo perros de paso, pues los parásitos aspirantes a burócratas buscan el cogote del Estado transitando de animal en animal, bajándose de uno para subirse a otro más gordo. ¿Qué podrían chupar en los partidos, perros eventuales de diverso pelaje y alzada, sin mucho pedigrí, que se disputan a mordiscos la chuleta estatal sólo para alojar mejor a sus pulgas? Al huir Goni, su apoderado para luchar contra la corrupción --Carlos Mesa-- prometió gobernar sin partidos políticos, y todos pensamos que barrerla, desempolvarla y desinfectarla la casa; pero en vez de despiojarse se rascó hasta quedar sin sangre y sin uñas.

Ese es el problema: Goni, Mesa, Evo y todos los gobernantes están obligados a satisfacer a sus pulgas aunque el Estado se muera de anemia, pues de otro modo no podrían acceder al poder ni gobernar. No les da asquito alojar vinchucas en la ubre del Estado porque el país está crónicamente movimientizado: la infección comenzó en 1952, cuando Víctor Paz revolucionó los estilos de hacer política instaurando las capellanías, el soborno y la intimidación en todas las instituciones públicas y privadas. Desde entonces el país está administrado por parásitos formados en esa escuela porque el virus ha cundido a todos los partidos políticos.

La inopinada irrupción del MAS no ha evitado que el aparato estatal siga infestado por resabios gonistas, miristas y eneferistas, que son avechuchos del mismo plumaje, lobos de la misma camada, paridos todos por el MNR. Hay también agentes patógenos nuevos, quizá más peligrosos, procedentes de fuentes de infección casi ya erradicadas, como la ADN y el MBL, Son bichos diestros para cambiar de perro conforme soplen los vientos; pero no pueden disimular su tufo movimientista. Aunque el MNR, como tal, haya dejado de ser el perro de moda, éste será un Estado pulguiento y piojoso porque su sangre es alimento vital de todos los partidos. Por eso, los militantes se bajan de un perro anémico para subirse a otro gordito; pero los partidos no mueren porque, ¿de qué vivirían sus jefes si no mantuvieran quiltros flacos y ficticios?

Cuando fracasan las medidas preventivas y curativas, lo que corresponde es desinfectar un órgano y, llegado el caso, mutilar los miembros inútiles y gangrenados, sin asco. Pero ningún gobernante quiere hacerlo porque una mentalidad movimientista ha contaminado la vida política nacional y parece normal que la sangre del Estado alimente a perros pulguientos, Tenemos poco Estado para mantener tantas pulgas, y sin embargo subvencionamos a los partidos para que nos roben legalmente,

A nadie le gustan las pulgas, porque a ellas no les interesa ni el perro ni el partido, sino la sangre del perro y la del Estado, que están condenados a tenerlas porque son hábitat natural de una diversidad de parásitos y gorrones. Pero un buen amo elimina las pulgas de su mascota y no puede mantener mastines o chihuahuas que, en vez de defenderle y cuidar la casa, le muerden y devoran su despensa.

Los perros por lo menos se rascan, y los políticos no. Perdón, pichichos y pulgas, por las torpes comparaciones.


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