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La crisis estructural de la minería

Por Redacción Central - Los Tiempos - 20/08/2007


Siempre se manifestó que Bolivia es un país minero y que su presente y futuro debiera sostenerse sobre la explotación y la exportación de minerales con valor agregado. No obstante los Gobiernos que se han sucedido en la reciente historia, no han realizado los esfuerzos necesarios para impulsar el crecimiento y desarrollo de esta actividad, pese a ello aún existen expectativas en el exterior sobre las potencialidades mineras que se tiene. Pero, muchas de esas esperanzas han sido aprovechadas por los vecinos, algunos de los cuales están a punto de convertirse en plataformas de negocios mineros.

Paradójicamente, Bolivia, "país minero, por excelencia", no está canalizando para sí la coyuntura excepcional que se ha dado por el incremento de los precios de los minerales. Según la información disponible, la producción minera está estancada, no aumentó su tasa de crecimiento al mismo ritmo que las cotizaciones de minerales, a diferencia de otras naciones vecinas.

Para dar un ejemplo, en 1995 Perú poseía aproximadamente 20 mil toneladas de reservas de estaño, y producía 15 mil toneladas anuales; Bolivia, ese año, contaba con aproximadamente 450 mil toneladas de reserva y producía similar cantidad. Pero, el año 2005 las reservas del Perú se incrementaron hasta alcanzar las 750 mil toneladas, y también su producción a 42 mil toneladas anuales, por el contrario en Bolivia, las reservas y la producciónse quedaron estancadas.

Se ha reiterado que uno de los factores que incide en la situación de la minería de Bolivia es la falta de capitales externos. La mala noticia es que no somos atractivos para las inversiones mineras. Al respecto, el Índice de Políticas Publicas Mineras de 2005-2006, elaborado por el Instituto Fraser de Canadá, nos sitúa en el puesto 56, a Chile en el segundo y a México en el cuarto, de un total de 64 países mineros en cuanto a la atracción de inversiones se refiere.

La encuesta aplicada a 322 compañías mineras productoras, de consultoría y de exploración, tiene dos componentes: 1) El índice de políticas y 2) El índice del potencial minero. El primero trata de medir los efectos de las políticas gubernamentales sobre la exploración minera, lo cual incluye, cumplimiento de las regulaciones, inconsistencias en el marco regulatorio, sistema impositivo, infraestructura, acuerdos socioeconómicos, áreas protegidas, políticas laborales, información geológica y seguridad. El segundo, el potencial minero que tiene cada país bajo sus actuales regulaciones sectoriales, y también, si el ambiente de inversiones promueve o no la exploración en el sector minero. Las opiniones de las empresas mineras consultadas sobre distintos aspectos de la minería nacional son decepcionantes.

Más del 70% de esas empresas sostienen que la inestabilidad desincentiva la inversión; más del 78%, que la falta de infraestructura, el 73%, la falta de información y bases de datos geológicos y el 63%, la inseguridad del país. Si a esa situación añadimos nuestra incapacidad para insertarnos competitivamente en el mercado de minerales del mundo, hay que concluir que la minería de Bolivia está atrapada en una crisis estructural.

Si hasta hace poco esta crisis era justificada por los bajos precios de los minerales, hoy que éstos se elevaron, es tiempo de reconocer que las verdaderas causas de la crisis están en nosotros, en nuestra inoperancia para formular y ejecutar políticas públicas proactivas. Por eso urge encontrar salidas para la minería nacional, diseñando alternativas viables y haciendo que el poder se dé cuenta de que está en un país minero que sobrevivirá al país hidrocarburifero por muchísimo tiempo.


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