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Acuerdos comerciales: ¿cuáles?

Por Redacción Central - Los Tiempos - 22/09/2007


La brújula del comercio internacional indica que ya no solo se apunta al Norte, sino al Este y también otras latitudes. Entonces: ¿Contamos con una plan de desarrollo de las exportaciones nacionales basadas en acuerdos comerciales convenientes, estables y duraderos o solo tenemos socios coyunturales al calor político?

Hace unos días, el primer ministro del Japón, Shinzo Abe y la presidenta chilena, Michelle Bachelet, firmaron en Tokio una declaración comercial denominada "Acuerdo de Asociación Económica y Estratégica" que básicamente consiste en la eliminación de barreras arancelarias que impuestas antes por el primer país, pesaban sobre productos chilenos de origen vitivinícola y pesquero. En contrapartida, el país sudamericano reducirá gradualmente los aranceles que gravaban a productos electrónicos, automóviles y maquinarias.

Según notas de prensa, se trata de la concesión más grande que ha hecho el país oriental a otro, en cuanto a productos agrícolas, resaltándose la disminución de un 17% de tasas para los vinos chilenos. Este acuerdo consolidará ventas por 10.000 millones de dólares por parte de Chile a Japón y posibilitará la creación de nuevos empleos fruto de la expansión de su oferta. Con la firma del acuerdo, Japón se convirtió para Chile en su tercer socio de importancia, después de Estados Unidos y China, socios a los cuales cualquier economía sudamericana quisiera tener, sobre todo por el tamaño de sus mercados y también por la implicancia que tiene jugar con esos "pesos pesados" en la competencia llamada comercio internacional.

Si bien cada economía y cada país son diferentes -y eso es bueno porque facilita la multiplicidad de opciones productivas-- resulta útil como ejercicio de diagnóstico de competitividad efectuar comparaciones propositivas.

Es cierto que las comparaciones suelen adjetivarse como odiosas en especial cuando se cotejan evidencias nuestras con las de nuestros vecinos, pero son absolutamente necesarias y efectivas a tiempo de emitir un balance del perfil exportador. Nuestra economía, que ha logrado exportar cerca de 4.000 millones de dólares por año y que hasta finales de los años 90 representaba un 0,02% del comercio mundial tanto por exportaciones como por importaciones, no puede darse mayores plazos si intenta seriamente en el largo plazo ingresar al comercio internacional y obtener provecho de él, cuyas reglas de juego dictadas por la globalización, han hecho que el pez veloz (sin importar su tamaño) se coma al pez lento (sin importar su tamaño). De ahí es que muchas regiones hasta hace años ajenas a la integración comercial (des-integradas), son ahora vectores del mismo y parte de bloques comerciales importantes.

Se debería comprender por todos y en especial por los globalifóbicos que se presentan a protestar en cuanto foro económico hay, que este fenómeno tiene dos características: primera, que es inevitable y segunda no viene digitada por nadie para hacer perder a unos y hacer ganar a otros: Efectivamente muchos dicen como argumento contra la globalización que favorece a unas naciones empobreciendo a otras, lo cual constituye una visión ideologizada pero alejada de la verdad, ya que si bien hay naciones que se benefician más del intercambio que aquellas con las que comercian, éstas últimas también se benefician vendiendo sus bienes y servicios, es decir sacando provecho a sus propias ventajas comparativas en escenarios ciertamente competitivos. ¿No ocurre acaso el mismo fenómeno a cada momento cuando se efectúan transacciones de múltiple género entre personas y entre empresas, cada quien guiado por múltiples señales de oferentes, productos, precios y cantidades? Una empresa le ofrece su producto a otra para "quitarle" ilícitamente lo que tiene? No. Por supuesto que no, ya que existe justamente un acuerdo que se acepta entre partes y nada más, con los resultados y saldos que cada quien pueda obtener, salvo que pistola en mano alguien fuera obligado a hacer lo que no le conviene o desea, lo cual parece que no es el común denominador de todas las transacciones que segundo a segundo y hora a hora se concretan en el mundo. Esa es la globalización, "a la buena" de un entendedor con sentido de apreciación y objetividad.

Por tanto si al interior de nuestro país se pregona la inclusión productiva y social (que efectivamente es favorable) deberá también pasarse a hechos más concretos y duraderos con impacto en las unidades productivas: primero, creando una cultura de amor al emprendimiento privado grupal o individual; segundo, mejorando la diversidad productiva de microempresas y empresas existentes y nuevas en rubros antiguos o nuevos destinados a la exportación; tercero, educando la mano de obra en gestión empresarial y en habilidades productivas "know how"; cuarto, concretando redes y cadenas productivas locales con niveles de eficiencia; quinto buscando (ahora sí) la ampliación del abanico de socios comerciales o la mantención de los actuales con los que efectivamente haya habido resultados favorables, pero todo a partir de la capacidad política de generar acuerdos y efectuar negociaciones por parte del Estado boliviano con otros.

La brújula del comercio internacional indica que ya no solo se apunta al Norte, sino al Este y también otras latitudes. Entonces: ¿Contamos con una plan de desarrollo de las exportaciones nacionales basadas en acuerdos comerciales convenientes, estables y duraderos o solo tenemos socios coyunturales al calor político? Aún haya respuesta a la pregunta anterior, la pregunta del millón es: ¿Quiénes querrán hacer negocios con un país con escasa credibilidad y un elevado nivel de riesgo-país? Recordemos que para bailar se necesitan dos. Y de mutuo acuerdo. Tal vez habrá que esperar las siguientes canciones y no ser vistos como la fea de la fiesta.

moralesbardales@yahoo.com


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