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El retorno al estatismo centralista

Por Redacción Central - Los Tiempos - 30/11/2007


Lo he lamentado alguna vez y lo vuelvo a hacer. ¡Qué destino maldito el de nuestra patria, que parece condenada al sinsentido pendular! Cual Sísifo que empuja fatigosamente a la cima la piedra de procesos de cambio, para luego verla rodar por la ladera de la politiquería, y volver a empezar. Los bolivianos somos una subespecie latinoamericana que parece picada por una pariente de la mosca africana que desata la enfermedad del sueño. La variante andina provoca amnesia colectiva, una que hace olvidar experiencias pasadas, y cometer, una y otra vez, los errores históricos que hacen involucionar al país.

El estupro de la democracia representativa en Bolivia, perpetrado en los atropellos de Sucre, es algo que vaticinaba desde hace tiempo. Mi bola de cristal es marcarle el paso al proceso populista venezolano, cuyo libreto se sigue a pie juntillas, más aún habida cuenta de que por treinta denarios se ha convertido nuestra nación en un protectorado de Hugo Chávez.

El atentado conlleva algo más que un golpe de mano a la concertación de mayorías y minorías para consensuar una nueva Carta Magna, concebida no como un baúl abigarrado de mago de feria, sino como acuerdo marco de derechos y deberes para todos. Significa que como en juego infantil de carrera de caballos, en el devenir de la carrera de bestias en que se encuentra el país, se cayó en la casilla de retroceder a la de inicio.

Aunque a estas alturas resulte irónico y hasta pueril, baste referirse a un hito importante del proceso de reformas estructurales que desde 1994 estaban cambiando el país: la descentralización administrativa. Fue proceso que por décadas fue bandera de sectores sociales: descentralizar el manejo de los ingresos gubernamentales a las regiones. En 1992 se aprobaron las leyes de Participación Popular y de Descentralización Administrativa, cuya implementación va desde 1994 hasta 1999. La tercera fase, dice José Blanes, fue el "proceso social y administrativo por el que la reforma y particularmente la oferta de participación popular del Estado es apropiada por la sociedad".

Como a los canes de Achacachi, mediante el D.S. 29322, el gobierno de Evo Morales degolló la apropiación, léase aprendizaje, del proceso. So pretexto de llevar a los municipios los recursos del IDH, interrumpió un proceso inconcluso bajo claros móviles políticos de un divide y reinarás prebendalista, del que también es parte la repartija de cheques venezolanos sin control. Que serán defraudados impunemente, como antaño fueran los préstamos de la banca estatal y hoy son los tractores sin arados que nadie pagará. Si 9 departamentos no terminaron de fraguar mecanismos de gestión y control de dinero desconcentrado, ¿que ocurrirá con más de 300 municipios, muchos de los cuales no conocen ni un libro de cuentas?

La clave para entender el entuerto es el retorno al estatismo centralista del régimen de Evo Morales. Primero que la descentralización, ahora inserta en la bandera de la autonomía departamental, está a contrapelo del populismo de un Barrientos indígena que reparte gastos reservados extranjeros en un helicóptero prestado. Segundo, la descentralización acompaña a un proceso democrático que ha permitido que las regiones elijan a sus conductores. Pero como en democracia se gana y se pierde, ciertos prefectos electos no son de la devoción de un sindicatero con pretensiones incaicas. Y solo a un adlátere demagogo, que desconoce las limitaciones de un pueblo paupérrimo, puede ocurrírsele que los municipios son "un nivel de gobierno más cercano a la gente", sin tomar en cuenta capacidad de gestión y control de recursos.

Se impondrá desde el Palacio Quemado el retorno al chamuscado estatismo centralista. A la prueba me remito. En un suplemento denominado Portal de la Descentralización, financiado nada menos que por la Embajada de España, Reino denostado por golpista por el mismo ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana expuso que la nueva matriz económica e industrial del país será definida por polos de desarrollo. ¿No ocasiona acaso un dèja vú -sentir de haber estado antes en ese lugar-, con la retórica de los años 70 de la dictadura de Bánzer?

Pero en vez de corporaciones regionales de desarrollo, Quintana muestra la hilacha del estatismo centralista, uno que propugna como rasgo común "la recuperación de la capacidad estatal acerca del dominio territorial. No podrá haber ninguno de estos polos de desarrollo en los que el Estado no esté presente". ¿Es que las prefecturas no son parte del Estado?

Me dio risa lo mal digerido de los esquemas desarrollistas del pasado en el discurso gobiernista. El polo de desarrollo en "el centro, en el trópico de Cochabamba", "estará vinculado a la extracción de hidrocarburos". ¡Cáspita!, ¿y el desarrollo alternativo, estrella del cual son las exportaciones de banano a la Argentina? Chitón sobre la depredación de bosques en parques nacionales como el Isiboro-Sécure y Carrasco, a la angurria de cocaleros que alimentan al narcotráfico: al cabo, su cacique es nada menos que el Presidente Morales.

El blablá de nueva capacidad de inserción internacional es desmentido por el iluso sabotaje a los acuerdos de comercio integradores. A ello se suma la negligencia de nuestro mayor recurso, la biodiversidad natural plasmada en más de 60 áreas protegidas y Parques Nacionales. Esa que intrépidos turistas, cada vez en mayor número y desafiando a mata perros y asesinos de gringos, arriesgan la vida para conocer. Bellezas de una Bolivia en que la preservación debería ser la estrella polar que guíe el navío del turismo sustentable, pilar de nuestro desarrollo futuro.

Con razón el 60% de bolivianos cree que el país va por mal camino. Y muchos marchan en las calles resistiendo a un gobierno empeñado en libreto autoritario y antidemocrático.

winstonest@yahoo.com.mx


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