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El Día del Maestro

Por Redacción Central - Los Tiempos - 6/06/2008


Esta mañana, mi tía Encarna ingresó muy temprano en mi dormitorio para despertarme y se llevó un gran susto cuando al tocarme la oreja me encontró abrazado a mi piedra (de sexo femenino), llamada Petra. Horrorizada me preguntó qué hacía yo durmiendo abrazado a una piedra, respondiéndole con naturalidad que lo hacía por consejo de mi amigo yatiri el señor Titiríco, quien afirma ser asesor del presidente Evo y del canciller Choquehuanca, importantes funcionarios que viven más tiempo en el exterior, pues el uno se encontraba en Roma y el otro en Colombia.

Mi tía meneó la cabeza y solo dijo:  cada día estas más loco , para anunciarme después que había acudido a mi alcoba para despertarme porque hoy es el Día del Maestro y que ella había sido profesora en una escuelita de Cochabamba hasta el infeliz día en que fue enamorada de un almacenero yugoslavo que apellidaba Paulovich.

Tiré a un lado la piedra a la que yo seguía abrazado y me lancé a los brazos de mi tía para decirle emocionado,  feliz día del maestro, tiíta, y saludo en tu nombre a todas las profesoras de Bolivia y en especial a la señora Vilma Plata, insigne ciudadana trozquista quien un día me dio un golpe en mis dindirindongos con una enorme cuchara de madera juntándome las yemas con las claras.

Mientras desayunábamos, mi buena pariente me preguntó si había en mi memoria el recuerdo de algunos buenos maestros y en mi atolondramiento natural le dije que si y que recordaba siempre al maestro Juan Lechin Oquendo y al maestro Víctor Agustín Ugarte, el primero un gran líder sindical de los mineros y el segundo un extraordinario jugador del potente club Bolívar.

No contenta con mi respuesta, me aclaró que se refería a los maestros que había tenido en la edad escolar y colegial, los maestros que me transmitieron los conocimientos básicos y las virtudes que me hicieran hombre.

Inmediatamente la respondí: El hermano Lindo, el Hermano Gerardo el Hermano Rosillo, el Hermano García, el Padre Carmeño, el Padre Galiño, el Padre Descotes y el Padre Sempere, todos de la Compañía de Jesús, recordando también a Don Alfredo Arias alias  el ñato y a otro ñato, el profesor de Gimnasia Roberto Soto. Posteriormente fui amigo y sigo siéndolo del Profesor Escalante. Ellos mis maestros y los recuerdos ahora, en mi cuarta juventud.

Cuando mi tía Encarna me invitó a participar de algún acto de homenaje a los maestros en su día, mi empleada la Winonna nos dijo:  todas las escuelas están cerradas y no se sabe si es por la fiesta o porque los maestros urbanos están en paro exigiendo aumento de sueldos y otros derechos .


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