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El legado de Bolívar

Por Redacción Central - Los Tiempos - 24/07/2008


El Libertador Simón Bolívar nos dejó un legado de unidad, de integración, de justicia social y de libertad en democracia que hoy más que nunca deberíamos recordar todos los bolivianos.

Amar y respetar la Nación Boliviana Unida y luchar por la integración de la Patria Grande Latinoamericana son los gestos más nobles que podemos dedicar a la memoria de nuestro Fundador y Libertador.

¡Qué desmesurada el alma de Bolívar! Y qué mezquina el alma de sus enemigos. 1830 fue un año aciago para los sueños de Bolívar: el Congreso Admirable convocado en Bogotá no logró salvar la Gran Colombia. Mientras duraban sus sesiones presididas por Sucre, llegó la noticia de que Venezuela se había separado del ente federativo con Páez a la cabeza. A Sucre le negaron el ingreso a su propia patria, cuando quiso ir a mediar en el problema, y luego volvió al sur para tratar de evitar con su prestigio la desmembración de Quito, pero los conspiradores lo asesinaron en Berruecos y así fue creada la República del Ecuador, con el general Juan José Flores a la cabeza. Sucre y Bolívar murieron en ese mal año.

¡Cómo tentaban los adulones al Libertador! Los embajadores argentinos Alvear y Díaz Vélez le decían que su poder y mandato debía extenderse de las riberas del Orinoco a las del Río de la Plata. Con Bolívar a la cabeza, podían recuperar la Banda Oriental (hoy Uruguay), en poder del Emperador del Brasil. Desde Chile, Blanco Encalada y otros adictos manifestaban su adhesión a cualquier proyecto federativo. Sudamérica se reduciría a dos grandes repúblicas: la Gran Colombia hasta la frontera con el Perú y la República Bolívar o Bolivia, desde las riberas del Apurimac hasta el Río de la Plata. Así se manifestaría el amor de estos pueblos por el Descubridor y por el Libertador del Continente Americano. Pero qué lejos estaban esos consejeros del ánimo autonomista de las naciones americanas y del juego de poder entre los antiguos virreinatos.

Los patriotas charquinos (pues no les gustaba llamarse altoperuanos) habían roto vínculos con Lima y tenían un profundo resentimiento con Buenos Aires, porque el presidente Rivadavia los había abandonado a su suerte en 1816. Por otra parte, Buenos Aires no podía admitir como vecina una república peruano-boliviana, porque afectaría el equilibrio continental. Del Orinoco al Río de la Plata, la mayoría soñaba con crear repúblicas independientes. Repúblicas que hasta hoy no han restañado las heridas y conflictos que tuvieron a partir de la independencia.

Hoy es unánime el culto al Libertador y su fama es reconocida por todas las naciones. Como decía Simón Rodríguez, los tres grandes hombres del siglo XIX fueron Napoleón, Washington y Bolívar. Pero hay un sueño bolivariano que continúa porque no ha logrado ser realidad: la unidad de América Latina.


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