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Libre cambio y proteccionismo

Por Fernando Cajías de la Vega - Periodista Invitado - 16/05/2009


El Gobierno actual tiene entre manos una de las controversias más difíciles de resolver, por los sectores sociales involucrados: los vendedores de ropa usada y los productores nacionales de ropa, que obviamente tienen intereses absolutamente contrapuestos. Ambos sectores luchan por su posición, tomando las calles con verdadera pasión, porque en ello, según manifiestan, se les va su fuente de ingresos. Por eso, un punto de partida para el análisis es la constatación de que existe mucha gente involucrada en ambas partes. Sin tomar un juicio particular sobre cada una de las personas, quiero contribuir a la reflexión analizando esta controversia a la luz de su larga duración histórica y los intereses de Bolivia.


El tema tiene sus antecedentes en los debates entre el monopolio estatal y la libertad de mercado. En la Colonia existía un estricto control sobre los bienes que se exportaban e importaban, hasta las reformas borbónicas, de la segunda mitad del siglo XVIII, que llevaron a cabo una política de mayor apertura de mercado. Esta medida favoreció a la Corona al percibir mayores impuestos por alcabalas, pero al permitir y fomentar, entre otras cosas, la importación de ropa europea, llamada “de ultramar”, los obrajes de La Paz, Cochabamba, Quito, donde se producía la llamada “ropa de la tierra”, quebraron.


Desde la fundación de la República hasta nuestros días, políticos, economistas, sociólogos, comerciantes, industriales y organizaciones sociales se han dividido entre dos posiciones: el libre cambio y el proteccionismo. El libre cambio, en pocas palabras, refleja la política liberal de la libertad de mercado, abrir las fronteras para obtener a bajo precio las bondades de la producción industrial mundial. En cambio, el proteccionismo planteó, desde el inicio de la República, que deben cobrarse impuestos altos a los productos que no se producen en Bolivia.


Los proteccionistas señalaban y señalan que el libre cambio mata a la producción nacional, que nos hace dependientes de los países industrializados y que impide que Bolivia alcance una verdadera revolución industrial. Los del libre cambio señalan que el proteccionismo protege una producción más artesanal que industrial, de precios más caros y menor calidad; que la competencia permite la mejora de los productos.


En el siglo XIX se alternaron gobiernos librecambistas y proteccionistas, pero al final fueron los primeros los que ganaron y el resultado es que Bolivia, como todos los países de Latinoamérica, se incorporó a la revolución industrial, comprando ropa y otras cosas y vendiendo materias primas.


Migrantes europeos a principios del siglo XX fundaron importantes industrias, algunas siguen heroicamente en pie, pero otras han dejado enormes galpones vacíos. Hay que reconocer que el populismo nacionalista, de mediados de siglo XX, fue la tendencia latinoamericana que más pretendió sustituir las importaciones con una producción nacional, pero, lastimosamente, por diversas razones, el modelo fracasó y desde el triunfo neoliberal nuevamente se abrieron los mercados, sin aprender de los países industrializados que en su política interna siempre han sido proteccionistas.


En ese contexto histórico, podemos concluir que la venta de ropa usada no sólo daña la producción nacional, sino que significa un verdadero retroceso, porque, por lo menos, antes el librecambio servía para comprar ropa sin estrenar.

El autor es historiador
fundahck@acelerate.com


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