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Debate sobre la tortura

Por Lupe Cajías - Periodista Invitado - 5/06/2009


¿Existe alguna situación que justifique el uso de la tortura para obtener información de un detenido? Aunque la pregunta parece absurda en estos albores del Siglo XXI, la centuria del conocimiento, no es inútil porque en varios lugares del mundo y por diferentes motivos grupos de poder aplican dolor físico, psíquico y moral contra el que consideran “enemigo”.


El debate ha alcanzado niveles espectaculares en los medios políticos estadounidenses pues revela la profundidad del uso de métodos ilegales contra presos de religión islámica y, a la vez, pone sobre el tapete el cinismo de las autoridades durante la administración de George Bush.


No es la primera vez que esa sociedad se enfrenta a la intolerancia en forma de violencia, Ahora son películas románticas, en su época, la persecución a mujeres acusadas de hechicería obtenía confesiones con base en azotes, quemas y sangrías. Después de la Segunda Guerra Mundial, el macarthismo persiguió a los opositores sospechosos de pensamiento disidente a los dogmas del sistema. Los nuevos brujos eran los “rojos”.


Hasta fines de los 50, el establecimiento político destruyó los sindicatos independientes, las obras de teatro liberales, las posturas humanistas y condenó al ostracismo a artistas y a intelectuales como Arthur Miller o Charles Chaplin. Esa política se justificó por la amenaza de la expansión comunista en el mundo.


Aquel miedo se tradujo en América Latina en décadas de dictaduras avaladas por los estadounidenses y en la práctica cotidiana de la tortura contra sindicalistas, políticos, artistas, sus familiares. Aún el constitucional Uruguay sometió a nueve “rehenes” del Estado a 11 años de prisión en pozos y perreras, donde comían con las manos, defecaban en el mismo lugar y tenían que arrastrarse como animales. Honor a ellos que todo resistieron y se mantuvieron dignos en medio de  la inmundicia, como Raúl Sendic y el ahora pre candidato José Mujica.


Con el mismo argumento, desde 2001, a nivel oficial se ha aprobado el uso de la tortura contra el nuevo enemigo: los musulmanes, a quienes se acusa de ser parte del “terrorismo”. Así como para los kamiles guatemaltecos bastaba que un indígena portase una Biblia Latinoamericana para torturarlo, ahora una sospecha sirve para encerrar al preso en jaulas. Ahí es sometido a diferentes abusos; físicos, con golpe; psicológicos, anunciando la violación de la hermana; sexuales.


El ex vicepresidente Chenney, que tanto se beneficia con la destrucción de Bagdad como con la gripe porcina, defiende el uso de esos métodos. John Yoo, co-autor de los “memorandos sobre la tortura”, sentó doctrina al señalar que “la víctima debe experimentar dolor o sufrimiento intenso, del tipo equivalente al dolor asociado a una herida física de gravedad, tan grave que provocaría la muerte, la falla de un órgano, o un daño permanente que provoque la pérdida de una función corporal importante”, escribe el periodista Marcos Gandasegui.


Ahora le toca al presidente Barak Obama encontrar los argumentos jurídicos, legales y políticos que le permitan terminar con esa práctica, pero —sobre todo— tener una base firme para que no queden impunes quienes la practicaron.

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