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Enseñanzas cristianas

Por Uzín Op. Oscar - Columnista - 4/10/2009


Las lecturas de hoy comienzan con escenas del Génesis, primer libro de la Biblia, acerca de la acción divina para la humanidad creada por Dios (2:18-24). El Creador comenzó su labor con el varón, diciendo: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a darle compañía”. Lo hace dormir para preparar la creación de la mujer. La idea de Dios Creador es totalmente positiva: que varones y mujeres sean felices entre sí.

Cuando el varón contempla después a la mujer se entusiasma: “Ésta sí que es de mi propia carne y mis propios huesos. Se llamará mujer, porque Dios la creó para el varón”. La escena termina diciendo: “Por eso el varón deja a su padre y a su madre para unirse con su mujer; y los dos llegan a ser como una sola persona”. El relato es positivo por poco tiempo: en la página siguiente del Génesis aparece el pecado.

Pero el salmo 127, en la siguiente escena, es positivo del matrimonio humano: “Del trabajo de tus manos comerás, tus proyectos serán bendecidos. Tu mujer, como vid fecunda, estará en medio de tu hogar. Tus hijos, como brotes de olivo, estarán sentados a tu mesa”.

La segunda lectura es tomada de la Carta a los Hebreos, posterior a Jesús, que continúa la grandeza de la humanidad. “Convenía que Dios perfeccionara, mediante el sufrimiento, a su Hijo, el Jefe que llevará a los otros hijos a la salvación. Porque el que santifica y los que son santificados tienen el mismo origen. Por eso Jesús no se avergüenza de llamar, a todos, hermanos y hermanas” (2:9-11).

El evangelio del domingo, tomado de Marcos 10:2-16, es extenso. Presenta tres escenas. La primera es una fuerte discusión entre Jesús y un grupo de fariseos: teólogos que quieren avergonzarlo con preguntas sobre el divorcio. Jesús les dice: “Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”. Le refutan: “Moisés permitió el divorcio”. Jesús insiste: “Moisés lo permitió por la dureza de sus corazones”. Pero Dios quiere el respeto por la unión que hace de ellos una sola carne”.

Finalmente, unas mujeres llevaron sus niños a Jesús, para recibir su bendición. Pero los discípulos quisieron impedir la escena deseada por las madres. Jesús, molesto, dijo a los discípulos: “Dejen que los niños vengan a mí, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como los niños. En verdad les digo que quien no reciba el Reino como un niño, no entrará a él”. Y abrazó a los niños y niñas y los bendijo.


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