Ed. Impresa Puntos de Vista
OEA no da en el clavo
Por Rueda Peña Mario - Columnista - 5/11/2009
¿A qué causas atribuir el alarmante índice de ineficiencia de la OEA en el caso de Honduras? Conste que anteriormente, entre otros casos, se apuntó fallas que a su tiempo le convirtieron en blanco de justificadas críticas. Le faltó precisión y total imparcialidad, por ejemplo, al juzgar los sucesos de Pando, en Bolivia. Sólo vio responsabilidades en la oposición y no en el gobierno.
Nos parece que lo ideológico constituye el principal vector del mal en la OEA. El modelo neopopulista promueve simpatía y adhesión en muchos de sus funcionarios, alineados en corrientes nacionales de izquierda. Algunos, en su tiempo, formaron parte de los escuadrones “marxistas leninistas” o, meramente, socialistas a “la chilena”. Cabe mencionar las características de “eje político sudamericano” que desde Caracas asume actualmente aquel fenómeno político. Su voto es decisorio a la hora de elegir a los timoneles del organismo representativo de los países latinoamericanos. Una vez en el cargo, ajustan comportamiento y decisiones a favor de los gobiernos que les favorecieron con las respectivas designaciones.
Tal y no el otro el cuadro que ofreció al mundo aquel conflicto trilateral (Colombia, Venezuela y Ecuador) creado por las bandas narcoguerrilleras que todavía se campean en la selva del país que rige Uribe. Fueron entonces manifiestos los intentos del secretariado de la OEA de favorecer a Chávez y Correa.
Lo ideológico, a favor de Zelaya y en contra de Micheletti, hoy le impide a la OEA, en Honduras, dar en el clavo. Apoya al primero, mientras algunos delegados, alineados contra el neopopulismo, respaldan a Micheletti. Lo del país centroamericano deviene así en un duelo entre derechas e izquierdas presentes en la burocracia del organismo latinoamericano. Ninguno de las tres propuestas para la solución del conflicto, con sus formulas transaccionales, logra convencer hasta la fecha a las partes enfrentadas.
Cualquiera con dos dedos de frente y vocación realmente democrática, percibe que la solución de la crisis hondureña está en las urnas. Que el pueblo, por voto mayoritario, defina en ese país centroamericano quien le gobierna. Si alguien de la corriente neopopulista o de su antípoda ideológica y política (social democracia, centro o derecha a secas). Y que su definición sea respetada por todos los miembros de la comunidad internacional.
Pero a ciertos personajes de la OEA les parece poco menos que monstruosa una salida idónea como la referida si a Zelaya no se le permite volver al poder. O sea que para ellos el pueblo hondureño no cuenta para nada. Triste, pero cierto: la Carta de la OEA y la soberanía de los pueblos, convertidos en meros floreros en el salón de los compromisos políticos e ideológicos.
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