Ed. Impresa Puntos de Vista
Profundo significado de una votación
Por Aira Mauricio - Columnista - 20/11/2009
Dentro de poco todos los ciudadanos en edad de votar serán convocados a cumplir el ineludible deber de elegir. El acto reviste trascendental importancia para la marcha democrática de la Nación, y su cumplimiento involucra a cada uno de los nacidos y/ o de los nacionalizados y se anota, como la primera responsabilidad individual. La Constitución protege y respeta al ciudadano y sus derechos, ya que cada voto es muy importante por lo que a mayor número de electores mayor legitimidad de los elegidos. En el soberano plebiscito del primer domingo de diciembre, los bolivianos estrenarán la NCPE, y de sus resultados y formas de elección se podrá medir la calidad de las normas, algunas de ellas inéditas antes de ahora especialmente por la utilización de moderna tecnología que facilitará y garantizará, así se espera, resultados más transparentes.
En lo que va del presente mandato, los observadores internacionales han formulado observaciones muy serias que deben ser corregidas como el voto colectivo, la insuficiente independencia en el control de las mesas de sufragio, el voto de difuntos, la identidad repetida de los electores, el traslado masivo de votantes, las fallas en el conteo de las papeletas, etc., que deberán desaparecer del acto eleccionario, si acaso no se desea recibir nuevas observaciones de un número mayor de observadores que están ya vigilando por la pureza de unas justas, que nadie desea ver deslegitimadas para nuestra salud democrática.
Algún estudioso ha dicho que la democracia vista desde la filosofía es más que poder del pueblo, es un sistema socio político y económico de hombres libres e iguales. Iguales no sólo ante la Ley sino en la vida de relación social. La democracia nos conduce al ideal de la igualdad, opuesto a la arbitrariedad y el favoritismo. La historia humana está colmada de luchas populares para conseguirlo y aunque algo se avanza, falta un largo trecho que recorrer en nuestra comunidad. Nadie pone en duda que el retorno de la democracia en 1983 ha sido el paso más trascendental en la historia republicana, aunque una serie de obstáculos ideológicos, políticos, culturales, técnicos que incluso de orden psicológico impiden el total perfeccionamiento de la democracia fortaleciendo las instituciones que la conforman y hacen que sea participativa.
A esta altura de nuestro fallido ejercicio democrático donde el oficialismo lleva las de ganar porque mal usa el poder público para imponer sus condiciones, los medios del Estado que pertenecen legalmente a todos los ciudadanos se ponen a disposición de los candidatos que montan “el caballo del corregidor” seguro de llegar a feliz destino en condiciones desiguales y objetables. No se cumple el ideal de libertad, porque no se observa el concepto de “mis derechos terminan allí donde empiezan los derechos de los demás”. Entiéndase entonces no la libertad natural sino la libertad jurídica cuyo límite y ámbito es la Ley. De modo que sin libertad no puede haber democracia y nos referimos a los subterfugios que esgrime el oficialismo para cercenar la de los candidatos, al uno arraigándole sin el derecho de alcanzar a sus electores de fuera de Bolivia y a su segunda figura impidiéndole el ejercicio de su derecho de libre expresión cerrando las puertas de la prisión en la que se halla injustamente encarcelado.
Los observadores incluyendo los de la Unión Europea han puesto el dedo en la llaga y han señalado de entrada la ausencia de igualdad en las elecciones que se acercan por cuanto los candidatos k’aras (blancos) no reciben el mismo tratamiento que los t’aras (los demás) acusando a los primeros de oligarcas, explotadores, usurpadores del poder desde los orígenes de la República.
Acudimos al pensador “para ser más explícitos, los hombres no son iguales, tienen diferencias psíquicas y morales evidentes”.
Somos todos iguales ante la ley, iguales en la diferencia.
Ciertamente que nos falta madurar y enriquecer nuestra democracia si la comparamos con aquella robusta y perfeccionada de pueblos con mayor nivel cultural. Claro que se avanzó desde la dictadura hasta hoy, sin dejar de reconocer que el sistema en que vivimos no es del todo el ideal de democracia, se podría afirmar que nos encontramos en etapa de transición hacia una verdadera democracia, el juicio se asienta en determinados factores de la vida socio política actual que nos sitúa a las puertas de una autarquía caudillista que es imprescindible desechar eligiendo en su lugar una auténtica democracia, con la independencia de los poderes que integran el Estado, conservando el equilibrio que ahuyente todo intento de caudillismo absorbente y destructivo.
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