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Debate

Por Cordero Carrafa Carlos - Columnista - 21/11/2009


Un reciente sondeo de opinión realizado en cinco ciudades capitales del país, cuyo objetivo principal es proporcionar información detallada acerca de la situación actual de Bolivia, así como conocer el estado de la opinión pública boliviana frente a los principales temas políticos, formuló a los ciudadanos que fueron consultados la siguiente pregunta: “¿Usted cree que así como los ciudadanos están obligados a inscribirse y votar, los candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia deben estar obligados a debatir sus propuestas delante del país?”.

Siete de cada 10 bolivianos respondieron que los candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia deberían asistir a un debate público para confrontar ideas y permitir que los ciudadanos tomemos una decisión informada sobre el destino de nuestro voto.

Sólo dos de cada 10 afirman que no debería obligarse a los candidatos a debatir. Uno de cada 10 no responde o no sabe qué es bueno o mejor.

Los resultados del sondeo afirman que la idea de un debate entre candidatos a la Presidencia es tanto una expectativa (deseo de que algo así ocurra) como una demanda ciudadana (la exigencia del cumplimiento de un derecho). En las actuales circunstancias, un debate público entre candidatos a la Presidencia constituye la exigencia del cumplimiento del derecho ciudadano a la información, reconocido en la CPE 2009 (Art. 106, CPE, vigente).

El Presidente y voceros gubernamentales han cerrado toda posibilidad de asistir a un debate utilizando diversos y ortodoxos argumentos. “Las encuestas dicen que estamos primeros, por tanto no tenemos ninguna necesidad de debatir”, afirman. “El chiquito siempre quiere ganar a costa del grande”, dice una candidata a Senadora por La Paz. En tanto la oposición invita, promueve y es desairada en sus pedidos de realizar un debate.

A las puertas de Palacio de Gobierno, algunos mordaces candidatos llevaron una canasta de huevos insinuando con ello que el binomio presidencial no tenía la valentía necesaria ni la capacidad para debatir. Defendiendo a su compañero de fórmula, el señor Vicepresidente sostuvo que “el Presidente debate todos los días con los movimientos sociales”, por lo tanto, no tiene deseos ni razones para debatir con neoliberales, gonistas, reos, criminales, asesinos, etc. Adjetivos en lugar de argumentos.

Como el binomio presidencial no quiere debatir, tal vez sea una buena idea realizar un debate entre el segundo y el tercero en las encuestas, para dirimir quién debe concentrar el voto opositor. En varios lugares del país la fragmentación del voto de la oposición política facilita un mejor desempeño electoral del binomio presidencial.

Un debate entre candidatos de oposición podría despejar dudas e indecisiones y dar pasos ciertos en beneficio del derecho a la información. Derecho que en la actualidad está siendo conculcado por la negativa presidencial.

Los ciudadanos esperamos respuestas a legítimas preguntas formuladas desde la sociedad sobre el manejo del Estado, en una relación interactiva con nuestras autoridades. Los ciudadanos esperamos el intercambio de criterios y reflexiones entre candidatos, pues ésa es la esencia del cambio y no solamente la millonaria y agobiante campaña de televisión, carteles, paredes pintarrajeadas o bullangueras movilizaciones de autos y militantes.

ccordero@estudiosdemocraticos.org

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