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Proselitismo del voto cruzado
Por Rocha Monroy Ramón - Columnista - 21/11/2009
El voto cruzado está reconocido por la Ley Electoral porque es un derecho ciudadano. Pero el proselitismo del voto cruzado revela una aguda falta de principios éticos, estéticos y políticos. Es como jugar poker al bluff, como especular en la Bolsa, como engañar en la timba. Es un recurso de tahúr, una artimaña de croupier, un ardid de pajpaco, un gambito de tránsfuga o pasapasa, que debería escandalizar a los electores y electoras del próximo 6 de diciembre.
¿Qué hubieran dicho los viejos falangistas si Óscar Únzaga de la Vega decía en 1956 que voten por Hernán Siles Zuazo porque era el más simpático, pero que sigan siendo falangistas? ¿Se podía hacer lo primero y mantener los principios éticos y estéticos de FSB?
Hasta hace poco los políticos eran filósofos políticos que no transaban con sus principios. ¿Qué ha pasado ahora que se dejan manipular por los marketineros de la política?
El marketing político ha enturbiado los principios políticos. Consiste en un juego de prestidigitación para sacar un conejo de la chistera y convertirlo en un candidato potable. Primero se lo somete a encuestas, sondeos de opinión, y esa especie magistral de la manipulación que es la consulta a grupos focales. Se parte sobre esa base y se averigua qué otro candidato está pisando el mismo ladrillo. ¿Para qué? Para destruirlo. ¿Cómo? Mediante la guerra sucia. Se investiga su pasado y se magnifican sus posibles errores hasta convertirlos en delitos. ¿Con qué objeto? Para verlo bajar en las encuestas mientras el candidato propio sube en ellas. ¿El programa? Para el marketing político no hay programa porque éste se construye según las pulsiones de los encuestados. Si ellos piden empleo, el candidato ofrecerá crear 500 mil empleos; si ellos piden vivienda, ofrecerá construir un millón de viviendas; si la coca les sale cara, ofrecerá subvencionar el acullico. ¡Todo al capricho de las encuestas! ¿Pero dónde quedaron los principios?
Evo Morales ha encabezado una ofensiva frontal contra el neoliberalismo que logró derribarlo. En lugar de esa ideología postula una revolución democrática y cultural que en los hechos es un fortalecimiento del Estado, un capitalismo de Estado y una atención a la propiedad comunitaria de la tierra, que ha entrado en colisión con el latifundio. En cambio los opositores han defendido en toda su vida política la economía de mercado, la iniciativa privada, el debilitamiento del Estado por ser “mal administrador”, el potenciamiento de los agentes económicos privados y la apertura de la explotación de recursos naturales a la inversión extranjera. ¿Pero qué comunión de principios puede haber entre ambas posiciones? ¿Con qué cara, entonces, se sugiere el voto cruzado, admitiendo la simpatía de Evo pero para restarle diputados por una artimaña de feria que no se sustenta en ningún principio?
Si se tratara de chistes en un programa de variedades, los políticos que predican el voto cruzado tendrían muy entretenido a su auditorio. Pero en el escenario político y con la seriedad con que argumentan, ¿a quién van a convencer? ¿Podrán reducir la política a una pantomima o una comedia?
El voto cruzado es una falta de respeto a los electores y electoras del próximo 6 de diciembre.
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