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Derechos de la Madre Tierra

Por Camacho Guzmán Rubén - Periodista Invitado - 4/02/2010


“Cambio climático y derechos de la Madre Tierra“ es la conferencia que Evo Morales ha convocado para abril próximo en Cochabamba-Bolivia. Este evento pretende aglutinar a pueblos originarios, profesionales, científicos y demás organizaciones del mundo que estén en las antípodas del capitalismo y de la destrucción del medio ambiente. Él sostiene que la defensa de los derechos de la Madre Tierra están ahora por encima de la defensa de los derechos humanos. ¿Persigue realmente Evo Morales plantear una alternativa a la crisis ambiental o se trata simplemente de marear a la perdiz jugando el papel de centinela ambiental y autopostularse para alimentar su sueño de convertirse en el próximo Nobel de medio ambiente? Basado en esta duda me permito analizar la relación y el respeto a la Madre Tierra en el contexto nacional.

Madre Tierra, Pachamama, Terre-Mère, Mother Earth, Mutter Erde o como se la llame en otros idiomas --pese a su existencia milenaria dentro de las culturas de la zona andina del país-- se puso muy de moda en los centros urbanos en los años 90. La corriente era tan fuerte que muchos  “expertos” de la cooperación internacional y “charlatanes nacionales” la veían hasta en su sopa o en sus momentos de mayor intimidad. Estos se consideraban los mesías enviados para predicar sus teorías irracionales en nombre de ella. Se vestían con prendas multicolores propias de las comunidades originarias y con eso pretendían ser adoptados como los hijos predilectos. La veneraban y rociaban con grandes cantidades de bebidas alcohólicas hasta dejarla totalmente ebria y escupían sobre ella restos de coca acullicada. El sitio para el ritual no era importante, podía ser la oficina o una pista de baile.

El misticismo, la especulación y la distorsión del término Pachamama, rebasó todo límite imaginable. Muchos utilizaron el tema como un medio de vida, convirtiéndolo en caldo de cultivo para atrapar ingenuos. Algunos en sus publicaciones le otorgaron sentimientos y sostenían que si no se siembra de corazón, no hay producción. Otros afirmaban que la Madre Tierra no da así nomás o así nomás es, pues. Los más osados descubrieron que las cumbres nevadas de los Andes son el semen de las alpacas y de ahí la fertilidad baja a raudales al vientre de la Madre Tierra.

Ahora esta corriente vuelve más fortalecida, para desafiar al capitalismo y su “desarrollo irracional” y pretenden salvarla de la gula de estos despiadados. Para ello encontraron un portavoz que despotrica a diestra y siniestra contra el imperio y paradójicamente es el líder de los productores de coca. Evo Morales sabe mejor que nadie que el 90 por ciento de la hoja de coca que producen sus bases se destina a la elaboración de cocaína, una actividad ilícita muy lucrativa y capitalista. El precio que paga la Madre Tierra por efecto del cultivo de coca es muy alto y se traduce en la destrucción de grandes extensiones de bosques para ser reemplazados por plantaciones de coca destinadas al narcotráfico. A esto se suma la pérdida irreversible de la biodiversidad, de la fertilidad del suelo y la contaminación de los ríos con desechos y productos químicos utilizados como precursores para la elaboración de la pasta base de cocaína. ¿De quienes pretende Evo Morales defender a la Madre Tierra?

No muy lejos de los centros de especulación y de las zonas de producción de coca-cocaína, en la extensa zona de los Andes, están asentadas muchas comunidades alto andinas. Sus habitantes tienen una visión propia y muy diferente a los anteriores. Ellos no utilizan a la Madre Tierra como un medio de vida, ellos viven en ella e interactúan con ella a través de prácticas y rituales sencillos transmitidos por sus antepasados. No buscan protagonismo, no exageran, ni caen en la actividad ilícita. La Pachamama  forma parte de su entorno natural y de su cosmovisión. Esta nación y muchas otras que habitan el área rural esperan de los gobernantes del “Estado Plurinacional” medidas concretas para salir de la pobreza, mejorar sus tecnologías de cultivo, incrementar su producción y recibir precios más justos por sus productos. Para ellos, el cambio climático y los derechos de la Madre Tierra no son temas acuciantes ni prioridades de primer orden.

Por otro lado, están los centros urbanos asfixiados por los tentáculos de la economía informal. Esta actividad ha convertido sus calles y avenidas en verdaderos mercados donde reinan el caos, la incertidumbre y la inseguridad. Los comerciantes informales están abandonados a su propia suerte; carecen de un seguro básico de enfermedades y de cualquier otro tipo de seguro social. Esta gente y el resto de la población urbana están expuestos a un sinnúmero de riesgos, como accidentes de tránsito, inhalación de dióxido de carbono emitido por los medios de transporte, inclemencias del tiempo, montañas de basura y sus olores pestilentes, a beber agua saturada con heces fecales y mucho más. Ellos esperan también que sus necesidades básicas y condiciones de vida sean mejorados.

Las tareas son múltiples. Antes de malgastar el dinero del pueblo en “conferencias“ inútiles que no llevarán a nada, el Gobierno debe concentrarse a la búsqueda de medidas acertadas para combatir la pobreza, el desempleo, la delincuencia y la miseria. Debe encontrar soluciones al problema de la basura en las ciudades, sin trasladar el problema a otros sectores. Debe velar por la salud de la población y permitir su acceso a servicios básicos sanitarios y de infraestructura. Debe dotar a todos sus habitantes agua limpia y libre de gérmenes. Debe reducir la incidencia de enfermedades gastrointestinales y combatir la mortalidad infantil. Evo Morales debe entender que éstos son los males que aquejan al país y es aquí donde hay que priorizar. Debe entender que el capitalismo no es culpable si él cierra sus ojos a esta realidad. Que el imperio no es culpable si él pierde su tiempo buscando protagonismo dentro y fuera de casa, haciendo el papel de figureti.

Bolivia es uno de los países más ricos en recursos naturales en el mundo, pero económicamente el menos desarrollado y pobre de Sudamérica. Salir de este subdesarrollo será sólo posible insertando al país al engranaje de la economía mundial, ofreciendo estabilidad, atrayendo inversiones y tecnología del exterior. Es necesario crear una industria capaz de competir en el mercado internacional con productos terminados y elaborados con tecnologías limpias que no dañen al medio ambiente. Ahí seremos un ejemplo digno de copiar y un espejo en el que muchos otros querrán verse reflejados.

El autor es Ingeniero Ambiental e Instructor de Adultos; especialista en Educación Ambiental y Gestión de Conflicto.
ruben.camacho@bluewin.ch


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