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El cambio real

Por Rueda Peña Mario - Columnista - 9/02/2010


El verdadero cambio tiene que darse en una proyección de ascenso económico, social y cultural para los bolivianos pobres que no rigen, sino son regidos. Los primeros suman millones y los segundos apenas forman algunas escuadras

En los tiempos actuales, en muchos países del mundo, en las pugnas por el voto ciudadano se apela más a la retórica difusa que a la ideología. Un ejemplo insigne al respecto es el vocablo “cambio”. La palabreja asume hoy gran sonoridad acústica en las campañas electorales en América Latina. Y en no pocos de las naciones del continente ella inviste rango de señalamiento de ruta para quienes llegaron al poder.

“Cambio” es un término aplicable a algo que se convierte en entidad diferente a lo que anteriormente era. La mudanza puede ser buena, mala o simplemente terminar como mera cantaleta. En toda sociedad políticamente organizada (Estado), se hallan en los resultados de la gestión económica los parámetros para determinar si lo nuevo se sobrepuso a lo viejo.

Entre nosotros, lo añejo es la situación de extrema pobreza en que todavía permanece un buen porcentaje de la población boliviana, particularmente aquella que vive en las zonas rurales. Nadie podrá ufanarse de ser protagonista de cambio alguno en el país si no libera a esa masa de compatriotas de semejante rezago, que también es cultural y educativo, lo cual no se puede hacer de la noche a la mañana, sino a lo largo de toda una etapa de políticas estatales que impulsen nuestro desarrollo económico, garanticen al país un mayor espacio en el mercado internacional para sus exportaciones, con el resultado de que el Estado disponga del multimillonario excedente del que hoy todavía carece para reducir al mínimo la extrema pobreza y la marginalidad social y educativa.

Obviamente que del mercado internacional volveremos con poca plata en la billetera si en el marco de la relación bilateral o multilateral seguimos haciendo política y no negocios. Se pueden contar con los dedos de la mano a los países que cometen tan fatal error…

Para ser real, el “cambio” en cualquier país, debe darse en lo económico, social y cultural, a beneficio de los más. Estamos a la espera de que Bolivia empiece a marchar en tan anhelada dirección. No pocos consideran necesario que se deje atrás lo puramente formal asentado en novedades de escasa trascendencia, como la pertenencia étnica, de género, lo “plurinacional” y el culto a lo ancestral con despliegue ritual. Cierto, tenemos ahora un Palacio de Gobierno, Parlamento y altos puestos administrativos relativamente limpio de políticos tradicionales, pero esto, por si solo, no acredita cambio real alguno. El verdadero tiene que darse en una proyección de ascenso económico, social y cultural para los bolivianos pobres que no rigen, sino son regidos. Los primeros suman millones y los segundos apenas forman algunas escuadras.

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