Ed. Impresa POLITEIA
Cuestión indígena y nacional
Por Bedregal Gutiérrez Guillermo - Periodista Invitado - 12/03/2010
El asunto de la cuestión nacional no sólo se relaciona con el proceso de semicolonialización que se agudiza de modo significativo con la presencia endémica de la deuda externa y la inversión extranjera. En efecto, la cuestión nacional también se extiende sistémicamente con el “problema” de los pueblos indígenas y grupos étnicos.
En la historia de Bolivia anterior a la Revolución Nacional de 1952 sobresale la acción represiva del Estado colonial-feudal y de las “castas dominantes” contra la permanente rebeldía campesina en su lucha contra el feudalismo y por la democracia agraria.
Un notable testimonio científico al respecto se lee en el libro de Luis Antezana E. (Masacres y levantamientos campesinos en Bolivia. Ed. Juventud La Paz, 1994). Allí se confirma el envío sistemático de fuerzas militares pretorianas para aplastar a los aborígenes basado en la “cultura del melgarejismo”, sistema genocida que se completó con la usurpación de las comunidades indígenas, con el dramático agravante de que éstas no constituían, como hoy no constituyen, minorías, sino que junto al mestizaje conforman la mayoría de la población del país. Lo central de este conflicto aún vigente está relacionado con el problema de la tierra que en la etapa republicana fue siempre el leit motiv de los levantamientos indígenas.
La ofensiva anticampesina a partir de la tiranía de Melgarejo fue sangrienta y brutal. Algunos autores excesivamente pro hispánicos han magnificado las medidas de protección a los aborígenes durante la época colonial (leyes indias). Tal vez en ello haya mucho de cierto si recordamos que los gobiernos republicanos, a partir de Melgarejo, lo primero que hicieron fue anular las leyes agrarias del Libertador Bolívar y de los mariscales Sucre y Andrés de Santa Cruz que estaban destinadas a proteger las comunidades indígenas. Esto es históricamente cierto, pero aún así no se puede justificar el fenómeno colonial hispánico con su secuela de opresión y saqueo.
A partir de la tiranía del ebrio dictador Melgarejo (1864), las clases conservadoras criollas no sólo se apropiaron por la vía del asalto de las tierras que poseían los aborígenes, sino que fueron creando en forma terca todo un sistema en las relaciones de trabajo (pongueaje, mitanaje, etcétera) y la discriminación racial, para así justificar y racionalizar la opresión. Desde Alcides Arguedas, pasando por Bautista Saavedra y aun antes en el propio Gabriel René Moreno, se percibe un fuerte tufo intelectual de racismo. Esta verdadera cultura de la discriminación y vasallaje de la libertad y la propiedad de los aborígenes se quebró, aunque sólo parcialmente en lo económico, en 1953 con la Reforma Agraria, y en lo político, con el Voto Universal. Sin embargo, y en torno a la cuestión nacional y su necesaria decantación teórica, la relación colonial de la sociedad global respecto de los indígenas sigue vigente con enormes dosis de hipocresía en las castas dominantes. Es importante recordar que desde la Revolución de 1952 la superestructura ideológica de la sociedad boliviana rechaza oficialmente cualquier acción o conducta discriminatoria. Sin embargo, en la psicología social dominante, el racismo está siempre presente, aunque se lo encubre con nuevas expresiones de folklore y con ciertos usos y costumbres que son más simbólicos que reales.
El autor es ex Canciller y ex congresista
guibedre@yahoo.es
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