Ed. Impresa Puntos de Vista
El Estado y yo
Por Piérola Gómez Ronnie - Periodista Invitado - 13/03/2010
El origen del Estado es, para muchos teóricos, consecuencia directa del accionar del ser humano. Esto produce como resultado tres interrogantes doctrinales básicas: ¿por qué debe existir un Estado con poder coactivo?, ¿por qué se subordina la persona el Estado?, ¿en qué medida debe sacrificarse una persona por un Estado?, así también una cuarta interrogante personal será ¿en qué medida se justifica este Estado (con todo y sus cambios) para un ciudadano común y silvestre como yo?
A través del tiempo aquello que es conocido como la “justificación del Estado” ha recibido el aporte de diversas teorías, desde las teológicas que afirmaban que Dios había fundado el Estado y por ende éste debía subordinarse a su autoridad, pasando por la Teoría de la Fuerza por la cual el Estado reflejaba el dominio de los fuertes por sobre los débiles, esta última incluso con el apoyo de autores como Tomas Hobbes o Leon Duguit, arribando en aquellas de tinte jurídico o las muy difundidas contractuales, entre las que destaca Rousseau y su consabido Contrato Social, finalizando en las planteadas por el marxismo en las que el Estado solamente refleja la dominación de la lucha de clases.
Pero más allá de todos estos argumentos queda el saber en qué medida el Estado, por muy plurinacional, multiétnico, centralista, federal o autonómico sea, me permite vivir bien o al menos mejor. Esto por supuesto deja de lado la importancia relevante de las ideologías que hoy en día parecieran retomar cierta importancia, así pues el grito socialista de “¡Patria o muerte, venceremos!” no hará que mis fuerzas armadas sean mejores o peores, tampoco el entonar el himno nacional con el puño izquierdo en alto hará que mi país se posicione con un nivel de desarrollo humano mejor que en pasados años, lo propio se puede afirmar de las críticas de la oposición (si es que se puede considerar que existe alguna). Y es que Bolivia, como muchos otros países, tiende a preocuparse por un sin fin de pavadas (sí, léase bien: “pavadas”) y aún no toca de manera frontal lo sustancial de la vida, que se identifica en niveles de desarrollo humano aptos y un “buen vivir”.
Bien decían los jerarcas romanos: “al pueblo dale pan y circo” y los tendréis contentos, tal cual sucedió entonces lo mismo sucede en pleno siglo XXI en todas las naciones del mundo, los más desarrollados lanzan guerras contra otras naciones (tal el caso de George W. Bush) y los más pobres lanzan arengas contra el imperialismo en busca del apoyo popular. En ambos casos no justifican la existencia del Estado como un ente que debe sostener las múltiples diferencias y antagonismos existentes en la sociedad.
Es por esto que el Estado, incluida su representación a través de los gobiernos departamentales y lo municipales, requiere como operadores a personas con un alto sentido de capacidad y honestidad, así pues afirmo que al más puro estilo del soñador más pintado o del ingenuo más sincero, en las elecciones que se avecinan el próximo mes tendremos más de lo mismo, y que si bien entre uno y otro frente podemos identificar, quizás contando con los dedos, a ciertos profesionales o líderes que bien tienen un alto potencial, no existe un frente en el cual podamos afirmar que se justifica plenamente el rol de Estado a través de su organización jerárquica. En suma usted, al igual que yo, no encontraremos respuestas y cambios significativos a nuestra ya compleja realidad.
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