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Voto consigna
Por Varnoux Garay Marcelo - Periodista Invitado - 13/03/2010
El denominado voto “consigna” que utiliza regularmente el Movimiento Al Socialismo ha sido nuevamente instruido para las elecciones del 4 de abril. No importan los méritos del candidato, su perfil profesional o su popularidad entre los movimientos sociales; si es del MAS, hay que votar por él. Esta lógica permite concluir que, por ejemplo, para la ciudad y el departamento de La Paz, hubiera dado lo mismo que los candidatos fueran personajes de ficción, digamos “Cantinflas” y la “Chilindrina”, ya que de todos modos recibirían los votos duros del partido de gobierno, con grandes posibilidades de ser electos Gobernador y Alcaldesa, respectivamente.
Para justificar semejante chiste, se ha inventado la siguiente historia: los movimientos sociales, que no sólo radican en el campo sino en las zonas populares de las ciudades, se reúnen antes de las elecciones, discuten amigablemente, analizan las opciones electorales, el perfil de los candidatos, su programa, etcétera, y concluyen otorgar su apoyo colectivo a una opción. Si esto fuera cierto, no habría mayor problema, ya que, más allá de la decisión comunitaria, los individuos, como “ciudadanos”, ejercerían su derecho a voto de forma libre y secreta.
Pero como dijimos más arriba, esto es nada más que una historia chistosa que, en realidad, forma parte de las ficciones que ha inventado el proceso de “cambio” para legitimarse ante el pueblo. De otro modo, no podría explicarse el mamarracho interpretado por Evo Morales en Tiawanaku con motivo de las celebraciones que acompañaron su segunda ascensión al poder.
La realidad es otra y más fea. Los miembros de organizaciones de base, rurales o urbanas, son conminados a votar por el candidato oficialista. Posiblemente esto sea más sencillo con la persona de Evo que tiene gran popularidad. Sin embargo, se torna muy difícil con sus candidatos, muchos de los cuales no tienen la más remota idea del cargo al que postulan y, por supuesto, no se han ganado el respeto o la admiración de las masas.
Esa conminatoria adquiere diversas formas, que han sido perfeccionadas en los últimos tiempos. Ya no acompaña al ciudadano —que en teoría es parte de los movimientos sociales—, dentro del recinto de votación, el dirigente del sindicato, comunidad o vecindario para asegurarse que el candidato oficial reciba el voto correspondiente. Eso ya no sirve y hasta puede ser negativo para la imagen del gobierno del “hermano” Evo.
Ahora, previa a la votación, la comunidad, el gremio o lo que fuere es advertido de que si el candidato del MAS no triunfa en las mesas correspondientes, no serán financiados proyectos necesarios para mejorar la vida de la gente; no se otorgarán determinados servicios de forma gratuita, como atención médica, guardería para niños, etcétera. La gama de opciones es muy grande y, por lo tanto, el margen de manipulación también. En los hechos, se juega con las necesidades de las personas.
¿Hay algo más ruin en un sistema político que se precia de ser democrático?
El voto consigna envilece al ciudadano porque lo convierte en un “menor de edad”, en un ser humano incompleto que no puede expresar su criterio, sin coerciones, sin presiones, sin el control de los “comisarios políticos” que se deleitan con el “podercillo” que adquieren gracias a este método antidemocrático. De esta forma, las elecciones son una gigantesca farsa que sirve para mostrar al mundo la pretendida vocación democrática del gobierno de Evo Morales. ¡Una amarga estafa este proceso de cambio!
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