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El Nuevo Testamento

Por Uzín Op. Oscar - Columnista - 14/03/2010


Al acercarse los días sagrados de la muerte y resurrección de Jesús, conviene recordar el texto más importante del cristianismo: el llamado Nuevo Testamento. Fue desarrollado por las comunidades cristianas desde el primer siglo cristiano, posiblemente en estas épocas: Siete Cartas de Pablo (años 50-60); Evangelio de Marcos (65-70); Evangelios de Mateo y Lucas más Hechos de los Apóstoles (80-90); Seis Cartas Post-paulinas y Cuatro Apostólicas de Santiago, Pedro y Judas (70-100); Hebreos y Apocalipsis (90-100); Evangelio de Juan y sus tres Cartas (100-120).

Ese contenido fue determinado por el proceso de formación del “canon” o “regla” en fechas más antiguas, aproximadas de este modo: la escritura de los documentos (50-120); el reconocimiento del carácter normativo en la recopilación de los diversos documentos (120-150). El Canon del Nuevo Testamento comenzó a ser conocido desde el año 150. La determinación general del Canon fue de los 27 escritos. El Concilio de Trento, en el siglo 17, selló el canon completo de la Biblia para las diversas comunidades.

Los primeros Padres Apostólicos son conocidos por el “Discurso de Diogneto”, de un escritor anónimo. También puede ser considerado como una obra apologética; es decir, de explicación sencilla de la fe cristiana. Proviene de mediados del siglo II o de comienzos del siglo III. Uno de sus pasajes más importantes se parece al “Exsultet” de la Vigilia Pascual, que estuvo próxima a ser presentada en todas las comunidades cristianas del mundo. Vale la pena recordarla, por lo menos en su comienzo:
“¡Qué bondad y qué poder, qué inmensa generosidad y amor de Dios por la humanidad! Dios no nos ha odiado y abandonado, ni ha recordado nuestros pecados. Ha sido fuerte y paciente con nosotros. Con misericordia, por su propia voluntad, ha quitado el peso de nuestra maldad. Voluntariamente renunció a su propio Hijo como rescate por nosotros: el Santo por los pecadores, el Inocente por los culpables, el Incorruptible por los corruptos, el Inmortal por los mortales. Y en verdad ¿quien podía haber vencido nuestros pecados, si no era la propia santidad de nuestro Salvador?”

Todavía estamos en camino hacia la resurrección de Jesús, que será celebrada en la gran fiesta pascual que abrazaremos pronto. Es el misterio principal del cristianismo, alrededor del cual queremos postrarnos con humildad. Porque también nosotros somos pecadores y necesitamos el perdón del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Porque los cristianos de nuestra amada Bolivia, que pertenecemos a las diversas comunidades e iglesias, pedimos humildemente a Dios que bendiga a todos y todas las personas creyentes que quieren adorar y servir al Creador del Universo.

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