Columnistas

Domingo 12 de febrero del 2012. Actualizado a las 18h22 (Gmt -4)

Buscar en lostiempos.com

Ed. Impresa Puntos de Vista

A paso cansino…

Por Rueda Peña Mario - Columnista - 16/03/2010


Toda democracia necesita de bases económicas más o menos sólidas para regir a plenitud. Se dan condiciones propicias para la convivencia pacífica si nadie es excluido del reparto de la torta nacional. Un país desarrollado y con buenos réditos en el mercado internacional, desde el frente impositivo, se hace siempre del excedente social en el volumen que le exigen políticas de Estado y programas gubernamentales dirigidos a mejorar los índices de empleo, educación, vivienda y salud, dejando atrás la extrema pobreza y la exclusión. En cambio, naciones que por no poder superar el subdesarrollo, sinónimo de monoproducción y situación de marginalidad en el mercado externo, confrontan una persistente impotencia económica y financiera para dejar a sus mayorías nacionales relativamente satisfechas con los citados emprendimientos.

Particularmente en la base de la pirámide social de un país pobre, son las carencias cotidianas y no la razón la que finalmente define el comportamiento humano. Empujan a la protesta salpicada de violencia. La cosa se complica si la extrema pobreza y otras formas de postergación coinciden con la pertenencia étnico-cultural. Sobre todo, si estas particularidades, que en naciones altamente desarrolladas (caso de los países europeos, Estados Unidos, etc.) constituyen mera referencia antropológica) se convierten en base de lanzamiento de proyectos ideológicos y políticos.

Bolivia no ha alcanzado todavía un nivel de desarrollo que le garantice los ingresos suficientes para ascender en el “ranking” de la economía mundial, como lo han hecho ya Brasil, México y Chile, que marchan sin retrocesos hacia ese crecimiento propio de las naciones del primer mundo. Los tres países se caracterizan por una compleja diversidad étnica. En Brasil conviven criollos descendientes de portugueses y de otros países del viejo continente, africanos e indios u “originarios” amazónicos y mestizos. En México, en un elevado porcentaje, lo mestizo se sobrepuso a lo “indígena-originario” (aztecas y otras etnias). En Chile esta categoría se reduce a ya pocas y evanescentes comunidades mapuches”. En el Chile de hoy los mestizos son una aplastante mayoría nacional.

Claro, en los referidos y otros países de América Latina que también crecen, subsiste la pobreza en ciertos sectores populares, pero no a grado extremo como antes. Es que no se puede erradicar el mal de la noche a la mañana, sino a lo largo de todo un proceso, sobre bases de desarrollo económico con rigurosa proyección social.

Lo importante es que el avance les ha permitido liberarse del clima de tensión social y política en que se hallaban atrapados y desarrollar en sus pueblos reflejos de convivencia civilizada y democrática, como de los que hacen gala cada vez que confrontan problemas o van a las urnas a elegir a sus gobernantes.

 A Bolivia el ascenso le representa aún cuesta empinada en la que asciende a paso cansino. Lo peor es que lo hace no con las pupilas clavadas en el futuro, sino en un pasado ahíto de historicismos y etnoculturalismos que hoy son la base constitucional de lo “multinacional”.

Ultimas noticias