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José Santos Vargas

Por Rocha Monroy Ramón - Columnista - 16/03/2010


José Santos Vargas, comandante de la Independencia Americana en la guerrilla de Ayopaya-Cochabamba, nació en Oruro el 28 de octubre de 1796 y murió en la localidad de Pocusco, del partido de Mohosa-La Paz alrededor de 1854. Hijo de Blas Mariano Vargas, capitán de caballería del ejército realista y de María Guadalupe Medrano, poco o nada se sabría de su existencia si no hubiera tomado la previsión de escribir un Diario de campaña 1814-1825 con un suplemento de 1828, que conocemos gracias a la transcripción y estudio que hizo don Gunnar Mendoza para publicarlo en una prestigiosa editorial latinoamericana el año 1984.

Todavía niño, quedó huérfano de padre y madre, y fue criado hasta los 14 años por una tía abuela de nombre Gregoria Díaz de Alda, la Condo Goya, dueña de un tambo donde el pequeño José Santos encontró su vocación precursora de periodista, escuchando las noticias que traían los arrieros y familiarizándose con el aymara y el quechua, que fueron, junto al castellano, sus idiomas maternos. Como quedara solo nuevamente, pasó a depender de su preceptor, don José Jacinto Quevedo, quien le enseñó a leer y a escribir sin sospechar que le transmitía el instrumento que le daría inmortalidad y gloria literaria. Recuerda entonces que Esteban Arze trató de tomar Oruro poco después del segundo levantamiento de Cochabamba, el 16 de noviembre de 1811, cuando gobernaba la plaza el cruel Indalecio González Socasa, quien se había parapetado para resistir el ataque de “los de la Patria”, como dice Santos Vargas. “Yo me quedé en la cancha donde vivíamos —agrega—. Mi maestro don José Jacinto Quevedo se fue con toda su familia a la iglesia de San Francisco con todas sus criadas y criados, y a mí me dejo solito echándome llave a la puertaycalle.

Yo, resentido porque a mí solo me dejó como a un criado, me salí por la pared del corral y juntándome con los demás muchachos de la escuela fuimos a ver y jugar con cuetes a la orilla de la población”.

Aquí ya se comienza a apreciar no sólo las dotes de narrador de José Santos Vargas, sino el uso coloquial de formas sintácticas y vocabulario que perviven en el habla cotidiana de hoy. Por fin, las fuerzas realistas rechazaron el ataque, tomaron prisioneros, fusilaron a 30 patriotas y llegó el toque de retirada. “Yo, confundido entre los derrotados, seguí corriendo con ellos por el cerro de San Pedro, de donde habiéndome bajado por el campo de San Juan me acordé la suerte funesta que observaban conmigo en mi casa, y aunque indeciso determiné encaminarme a Cochabamba”. Su tutor y albacea le tenía reservado un puesto de “meritorio” en la real caja, debido a que había cultivado buena caligrafía, pero prefirió ir al encuentro de su destino.

Su primer encuentro con la guerrilla fue dramático. Un alcalde lo había contratado como amanuense y preceptor de su hijo. Llegó una partida de guerrilleros en busca de dicho alcalde y, no encontrándolo, mataron a su mujer de un tiro. Todo esto vio José Santos Vargas y luego huyó. Y luego de diversas peripecias, pudo encontrar a un hermano suyo, Andrés Vargas, doctor en teología y fervoroso patriota, quien le infundió ideas libertarias y encaminó tempranamente sus pasos por los peligrosos senderos de la guerra de la independencia.

Al influjo de su hermano, se alistó muy joven en las fuerzas del comandante guerrillero Eusebio Lira, también natural del partido de Mohosa, y debido a su innata afición por la historia y el periodismo, buscó el oficio de tambor, para permanecer junto a los comandantes y conocer de primera mano noticias, confidencias y opiniones sobre los sangrientos sucesos de la guerrilla independentista.

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