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Zavaleta y la Guerra del Pacífico

Por Rocha Monroy Ramón - Columnista - 18/03/2010


René Zavaleta Mercado ha dicho palabras incontrastables para medir el impacto del despojo producido por la Guerra del Pacífico en la naciente conciencia de los bolivianos. La oligarquía, creadora del Estado gamonal, tenía una conciencia patrimonial del espacio ligada a los privilegios del señorío; en cambio, para aymaras y quechuas, perder la costa era romper la antigua, originaria, ancestral forma de organización estatal del territorio como el control de un máximo de pisos ecológicos. Aun así, los bolivianos no nacimos para ser un pueblo marino, nos constituimos como hombres de tierra dentro, según dice en “Lo nacional-popular en Bolivia, Ed. Plural, 2008. (Plural editará en breve las Obras Completas).

Los pueblos originarios del Ande se constituyeron con una noción del espacio antes que del tiempo. Se necesitaba un Estado sólido y bien constituido para organizar la economía en forma de “archipiélago” o de “control de un máximo de pisos ecológicos”.

Así, desde la costa a las alturas, a los valles, al subtrópico y a la Amazonia, a nadie le faltaba productos de pisos distintos, en un sistema de complementariedad y reciprocidad. Pero para eso el Estado tenía que haberse desarrollado quizá más que los Estados europeos contemporáneos, que vivían en un archipiélago aislado de ciudades y territorios.

A diferencia de esta noción originaria del espacio, propia de aymaras y quechuas, el Estado oligárquico tenía una visión gamonal y regional de su dimensión, ligada al privilegio de gobernar como casta tan sólo porque sus miembros eran latifundistas. Esto explica la indiferencia de Daza al saber que Antofagasta había sido invadida, pero también la inercia de Baptista y, más aún, de Aniceto Arce, que prefiere aliarse con el enemigo y fundar el poderío de Huanchaca en el capital chileno. Bolivia se había constituido hacia dentro, como un pueblo serrano, de territorio desarticulado, nunca como un pueblo de navegantes. Pero la percepción del espacio era distinta según sus defensores fueran aymaras o quechuas, o del otro lado, la casta oligárquica.

“Lo que llama la atención, en efecto, es el desgano o perplejidad con que este país expecta un hecho tan decisivo no sólo para su ser inmediato, sino también para todo su futuro visible. Tratábase por cierto, en su cualidad, de la pérdida territorial más indiscutible como pérdida, la más grave de modo terminante para el destino de Bolivia. Si apelamos a su connotación más inmediata, se podría decir que este corte obligaba a un porvenir pseudoautárquico a un país poco dotado para un desarrollo autárquico”, dice Zavaleta.

“La verdad es que la cultura de estos pueblos, los que componen Bolivia, ha sido siempre una cultura mediterránea: no es una cultura que se encerró, sino una que se constituyó hacia dentro, lo cual quizá tenga que ver con ciertas inclinaciones a la insistencia histórica. En caso alguno podía Bolivia convertirse en un pueblo de navegantes.(…). En cambio: “La agricultura andina… el acontecimiento civilizatorio más importante que ha ocurrido en este lugar y en la América Latina entera, y después Potosí o sea Charcas, se organizan y se identifican en torno a este discurso territorial”.

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