Ed. Impresa MENTIRAS PIADOSAS
Circo o sacrificio
Por Costa Benavides Jimena - Periodista Invitado - 22/03/2010
Hace tiempo se advierte sobre el peligro de la judicialización de la política, que ha derivado en intento de anulación de toda posible oposición, y ahora también en un medio para castigar el pasado. Como si el paraíso se hubiera creado el 22 de enero de 2006, todo lo anterior es descalificado por neoliberal, pro imperialista, vende patria, corrupto, oligarca y otros adjetivos.
Estamos en puertas del Circo, que al mejor estilo del emperador romano enfrentaba gladiadores hasta la muerte para mantener distraída a la plebe. Alrededor de 1553, Etienne de la Boetie escribió su discurso sobre La servidumbre voluntaria, preguntándose el por qué los hombres se someten a los tiranos. “Si un tirano es un solo hombre y sus súbditos son muchos, ¿por qué consienten ellos su propia esclavitud?”. (…) “Pero esa astucia de los tiranos, que consiste en embrutecer a sus súbditos, jamás quedó tan evidente como en lo que Ciro hizo a los lidios tras apoderarse de Sardes, capital de Lidia, al apresar a Creso, el rico monarca, y hacerlo prisionero. Le llevaron la noticia de que los habitantes de Sardes se habían sublevado. Los habría aplastado sin dificultad inmediatamente; sin embargo, al no querer saquear tan bella ciudad, ni verse obligado a mantener un ejército para imponer el orden, se le ocurrió una gran idea para apoderarse de ella: montó burdeles, tabernas y juegos públicos, y ordenó que los ciudadanos de Sardes hicieran uso libremente de ellos. Esta iniciativa dio tan buen resultado que jamás hubo ya que atacar a los lidios por la fuerza de la espada. Estas pobres y miserables gentes se distrajeron de su objetivo, entregándose a todo tipo de juegos; tanto es así que de ahí proviene la palabra latina (para los que nosotros llamamos pasatiempos) Ludi que, a su vez, proviene de Lydi. No todos los tiranos han expresado con tal énfasis su deseo de corromper a sus súbditos. Pero lo cierto es que lo que éste ordenó tan formalmente, la mayoría de los otros han hecho ocultamente. Y hay que reconocer que ésta es la tendencia natural del pueblo, que suele ser más numeroso en las ciudades; desconfía de quien le ama y confía en quien lo engaña”.
Hace siglos que la fórmula funciona: hay que mantener al pueblo distraído para que no reniegue del tirano. A esto se suma la necesidad del sacrificio. Para lograr la catarsis colectiva, la autoridad necesita un cordero a ser sacrificado. René Girard señala al respecto: “El sacrificio protege a la comunidad de su propia violencia. Para evitar que esas rivalidades intestinas estallen, provocando el cataclismo de la sociedad, la comunidad primitiva, todavía carente de un Estado, dispone en cambio de la institución sacrificial. El sacrificio, lejos de erigirse como aquella forma ensoñadora de comunicación con los dioses, posee una función mucho más terrenal, más cruda. Son precisamente esas peligrosas rivalidades y peleas entre allegados lo que el sacrificio trata de eliminar. Y lo hace tan sólo preventiva, transitoriamente, de ahí la repetición periódica, y en ocasiones obsesiva, del ritual”.
Eduardo Rodríguez Veltzé, Carlos Mesa Gisbert, Jorge Quiroga Ramírez y Víctor Hugo Cárdenas, además de otras decenas de ex autoridades que han tenido la osadía de no agachar la cabeza, son los corderos necesarios para distraer al pueblo, es necesario sacrificar al pasado para encubrir el presente.
Me pregunto: ¿Somos como los lidios? ¿Seguimos en una comunidad primitiva? Las reacciones a la cacería nos darán la respuesta.
La autora es politóloga
Más en Columnistas
Ed. Impresa Y la carretera va….
Ed. Impresa Cuestión de orden
Ed. Impresa Dime cómo bebe tu comadre…
Ed. Impresa Una ley por favor, aunque sea corta
Ed. Impresa “Enigma de fulgor y escalofrío”
Ed. Impresa ¡Dictaduras del mundo, uníos!
Ed. Impresa La ONU y el Tipnis
En Portada
Ed. Impresa Nacional
Ed. Impresa Local
Ed. Impresa Internacional
Ed. Impresa Nacional
Ed. Impresa Economia
Ed. Impresa Local
Ed. Impresa Deportes
Ed. Impresa Deportes
Ed. Impresa Economia
Variedades foráneas de manzana se adaptan al valle cochabambino


