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Incompetencia
Por Olmos Harold - Columnista - 13/04/2010
El presidente cubano Raúl Castro ha informado de un fenómeno que, para quienes visitan La Habana, es visible en entidades públicas o almacenes del Estado. Cuba tiene un 20% de supernumerarios. Es decir, hay más empleados que los necesarios para el funcionamiento de empresas e instituciones. Lo dijo ante la Unión de Jóvenes Comunistas, mientras aún repercutía su rechazo (“no admitiremos ningún chantaje”) a gobiernos e instituciones europeas que le reclamaban una amnistía para los presos políticos y respeto a los derechos humanos. Tanto el reclamo así como la respuesta son un viejo disco, rayado por tantos reprises. El entonces presidente Fidel Castro ya criticaba públicamente el “empleísmo” estatal ¡hace 24 años!
El reconocimiento del comandante cubano es sólo una prueba adicional de la incapacidad del estatismo para generar empleo estable y productivo. Cuba estuvo durante mucho tiempo entre las sociedades mejor dotadas del continente. Pero gran parte de sus buenos profesionales ahora suelen acabar en áreas para las que no se formaron: desde conducción de vehículos públicos y particulares hasta pequeños negocios autorizados por el Estado. El informe de su Presidente debe haber desalentado a los jóvenes que lo escuchaban. Uno de cada cinco representa un millón de empleados en exceso. La revelación es una confesión de la travesía tortuosa que tienen adelante los jóvenes cubanos. ¿Estudiar para convertirse en supernumerario? Ninguna maravilla que, con la revolución ya en tercera edad, muchos aún prefieran arriesgar la vida o la cárcel para fugarse. La constipación del empleo estatal es la más reciente explicación de las expresiones desganadas e indolentes que suelen aguardar a quien ingresa a oficinas y empresas del estado, no solamente en Cuba.
Mientras ocurría ese anuncio, en Bolivia entraba en vigor una ley draconiana contra la corrupción. La Prensa del 1-4 detallaba casos mínimos en los que se hace daño al Estado, y los castigos para tales faltas.
Como quitarle la comida al canario será insuficiente para reducir los gastos de la casa, tampoco prohibiendo que los funcionarios públicos utilicen algún papel blanco o un sobre para uso personal eliminará la corrupción ni se reducirán los gastos públicos. Pero es un comienzo importante que debería contar con otras manifestaciones.
Por ejemplo, castigar con igual rigor la incompetencia. ¿Acaso no merece castigo quien jura cumplir una meta administrativa o productiva y no la alcanza? ¿O quien asume funciones careciendo de los conocimientos elementales para una gestión eficiente?
Los ejecutivos de las empresas estatales prometieron cumplir metas. Hidrocarburos, por ejemplo. Pero estamos importando cada vez más gas licuado y la producción de hidrocarburos está en peligrosa declinación (desde diciembre de 2008 no hay más los partes diarios de producción, que eran como la hoja médica de un paciente hospitalizado). O la fábrica de papel, cuya construcción fue iniciada por el presidente Morales en diciembre de 2007. Como anticipo, fueron entregados $us 16 millones a los constructores. La planta debía funcionar en 14 meses, en marzo de 2009. En junio último, El Deber publicaba la foto de un galpón, único avance hasta entonces. En enero se dijo que el avance era del 75 por ciento. ¿Qué pasó? El tiempo, dicen los capitalistas, es una mercancía. Desperdiciarla es también matar al capitalismo.
haroldolmos.wordpress.com
Periodista
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