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Filosofía de la propiedad privada

Por Rivas Salazar Luis Christian - Columnista - 19/05/2010


El fundamento ético de la libertad individual está en el derecho de propiedad. Siempre y cuando exista respeto por la propiedad privada existe justicia, “donde no hay propiedad privada no puede haber justicia”, y solamente bajo este fundamento pueden existir relaciones contractuales entre particulares, que permiten el establecimiento de la paz y el desarrollo.

La teoría lockeana de la propiedad descansa en el hecho de que el bienestar de todos está asegurado en la medida de que la propiedad sea inviolable, por lo que la propiedad privada vendría a ser una institución social que nace de un orden espontáneo, fruto de la acción de los hombres y no del designo intencionado o alguna ley humana. Por lo mismo, se presenta como Derecho natural; todo hombre puede usar, gozar y utilizar libremente los frutos de su trabajo.

La propiedad privada es una institución humana anterior a la promulgación de cualquier ley. El filósofo David Hume advirtió que la libertad estaba conectada con lo que denominó: “las tres leyes fundamentales de la naturaleza: la estabilidad en la propiedad de las cosas, su transmisión consensuada y el respeto a los compromisos establecidos”; por su parte, Adam Smith señaló que: “nadie ha visto a un animal indicar a otro, mediante ademanes o gritos, esto es mío y aquello es tuyo” (Ver “La fatal arrogancia” de F.A. Hayek, sobre “Los orígenes de la libertad, la propiedad y la justicia”).

Resulta esto tan evidente, que los países más prósperos tienen eficaces sistemas de registro de propiedad privada, lo que les significa oportunidad de prosperidad económica y respeto humano.

De la misma manera, solamente cuando los medios de producción son de propiedad privada puede solucionarse el problema de producción. La propiedad privada sobre los medios de producción permite destruir todo vestigio de colectivismo, restaura la libertad individual y pone fin a cualquier poder despótico. Pero este derecho de propiedad debe estar protegido de la rapacidad, mediante un esquema que en el tiempo llegó a llamarse Estado de Derecho, marco moral y legal que protege esta legítima aspiración.

Respetar la propiedad privada significa respetar a la persona, lo contrario es robar y violar un Derecho Humano, tal como si se quitase la vida, entonces disponer de la propiedad privada arbitrariamente es someter a esclavitud a otra persona, al confiscar esfuerzo ajeno (propiedad privada = vida = libertad).

La filósofa Ayn Rand indicaba que la aceptación de la propiedad privada partía de la aceptación y reconocimiento de cada uno por su propia vida, propiedad sobre la propia vida y razón, cada quien que aprecie su vida, apreciará su libertad y todos los frutos de la misma, negándose a ser esclavo del colectivo.

Robert Nozick parte de Kant para defender la propiedad privada, indicando que todas las personas son fines en sí mismos no meros medios; por lo tanto, no debe instrumentalizarse a las personas con redistribuciones forzosas desde el Estado, institución creada bajo la lógica de la agresión, ya que la agencia estatal ve a cada individuo como un medio o un instrumento de ingresos económicos a ser redistribuidos, sus palabras: “La redistribución es injusta porque las personas son dueñas de sí mismas y, por ende, dueñas de lo que producen”, apoderarse de lo que una persona produce, sea mediante tributos o confiscaciones, es someterla a trabajos forzados.

Entonces, la única transacción justa es la que se hace voluntariamente, por lo tanto las confiscaciones, nacionalizaciones, estatizaciones, coerciones, exacciones, tributos, avasallamientos por ser forzosos son inmorales.

Los enemigos de la libertad llegan a muestras casi humorísticas de violación de derechos, menciona Henry Hazlitt, la absurda restricción en el desaparecido Estado socialista rumano de someter a licencia administrativa el derecho de usar barba, ya que las barbas de estudiantes, artistas e intelectuales eran un síntoma de decadencia occidental, incompatibles con los principios del Estado socialista. Para portar barba se requería una licencia y manejar la misma, al igual que un conductor lleva consigo su permiso de conducir. Lo interesante de esta medida restrictiva de la propiedad sobre el propio cuerpo era que los protomártires del socialismo eran barbudos.

Sin embargo, muchas personas pueden no estar de acuerdo con los planteamientos aquí esgrimidos y manifestarán que muchas personas adquirieron su propiedad por medios ilícitos. En ese caso, podríamos revisar la “teoría de intitulación” de Nozick y quedar de acuerdo en que una persona tiene derecho a la propiedad privada siempre y cuando la adquiera en base: 1.- Al principio de justicia en la adquisición, por el que se tiene un título o derecho sobre ese bien. 2.- Al principio de justicia en la transferencia, por el que una persona que adquiere un bien conforme al principio de justicia en la transferencia, de alguien que tiene derecho a poseerlo, tiene a su vez derecho a esa pertenencia. 3.- Al principio de rectificación de injusticias, por el que nadie tiene derecho o título sobre una pertenencia o bien, excepto por la aplicación reiterada de los principios 1 y 2. De esta manera, rechazamos cualquier intento ilegal y forzado de obtener propiedad por medio de fraude, estafa, robo, avasallamiento u oportunismo.

Finalmente, el título de propiedad genera capital, nos dice Hernando de Soto, aquí reside el misterio del capital y los indígenas no pueden conseguir inversiones, crédito y tecnología por sus títulos colectivos, de posesión o simple adjudicación. Pobres e indígenas necesitan títulos de propiedad privada reconocidos en registros eficaces, para así asumir su propia responsabilidad y aprovechar las ventajas del capitalismo, también llamado sistema económico de propiedad privada.


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