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Los colorados de Bolivia

Por García Prada Hernán - Columnista - 29/05/2010


Dentro de la abigarrada historia de Bolivia, en sus guerras internacionales adversas, surgieron episodios trascendentales que matizaron de heroísmo los hechos. Ingavi, Avaroa en Atacama, el Alto de la Alianza y la epopeya de Boquerón son páginas que preservan el honor nacional y muestran el temple del boliviano como soldado. Mayo, con el grito de libertad de Chuquisaca y el episodio de las Heroínas de la Coronilla, es el mes de los Colorados de Bolivia, 26 de mayo de 1880. Episodios de la guerra con el vecino invasor sólo dan ventaja al país araucano que, armado premeditada y meticulosamente, contaba con más de de diez mil efectivos sobre los de la alianza Perú-boliviana. Noche antes de esta solemne fecha, la estrategia del mando militar aliado de intentar sorprender a las fuerzas enemigas durante la noche, sucumbió ante la dificultad del terreno sinuoso y la presencia de una densa neblina que anuló toda visibilidad y que desbarató el plan, obligándoles a volver hacia su base sobre la meseta del Inti Orco, nominado “campo de la alianza”.

Un completo recuento histórico que sólo cabe en un libro, nos obliga a ocuparnos de aquel día glorioso sobre el que se escribió bastante pero con nota sobresaliente para el relato del periodista peruano Víctor Mantilla. Dispuestas las mal dormidas tropas para la batalla, el ala izquierda fue comandada por el coronel boliviano Eliodoro Camacho y el ala derecha confiada al Contralmirante peruano Lizardo Montero, integrada por la tercera división boliviana conformada por los Colorados de Bolivia, al mando del bravo coronel Ildefonso Murguía. Se inició la batalla con duelo de artillería durante gran parte de la mañana, los aliados entremezclados hicieron frente al enemigo con inusitado valor. Por la tarde, llegado el momento para la intervención de los bravos Colorados que con gran impaciencia esperaban en la reserva, su comandante, coronel Murguía, los arengó con la ya célebre frase:

“¡Amarrarse rotos los calzones, que aquí entran los Colorados de Bolivia!.. “Aquellos Colorados.. –nos dice Mantilla-- eran los soldados fantasmas por cuyos cuerpos atravesaban las balas sin derribarlos; caían heridos pero para ponerse de pie… cruzaban como relámpagos ante los ojos de los soldados chilenos, cegándolos..” Acompañados del batallón Zepita han ocupado tres veces las posiciones enemigas, pero finalmente tuvieron que ceder ante la superioridad del número y carentes de una reserva que los apoye. “Algunos de los Colorados mueren de pie sostenidos por tres o cuatro rifles clavados en sus cuerpos a manera de trípodes… y así van cayendo uno por uno; el que menos con diez heridas...” --prosigue Mantilla y señala como epílogo: “Cuando a la caída de la tarde se pronunció la derrota y el corneta del batallón tocaba la retirada, no apareció ninguno de ellos. Al cerrar la noche, el corneta continuaba llamando sin que ninguna chaqueta roja respondiera a la cita... los que no habían muerto estaban heridos y no llegaban a veinte.”

Tal la apretada reseña de este descollante episodio de nuestra historia, que cumple 130 años de haberse producido y que hoy añadimos al recuerdo y al homenaje de los herederos de tan significativa acción. Pero también queremos hilvanar con un reciente suceso, en el cual, al llegar el mandatario venezolano y recibir los honores de reglamento del regimiento escolta “Colorados de Bolivia” se zampó la arenga de ¡patria o muerte! seguido por un silencio absoluto como respuesta y que desinfló al bravucón mandatario. Se había hecho respetar el recuerdo del glorioso batallón epónimo. Ojalá que este acto se proyecte a todo el ambiente militar y muestre la manera simple de obrar con honor y con dignidad.

El autor es miembro de las academias de Historia Militar de Bolivia y del Perú


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