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La ciudad más fiestera

Por Paulovich - Columnista - 2/09/2010


A raíz de mi participación activa en las fiestas de presterío en honor a Santa Rosa de Lima y al venerable San Agustín, Obispo de Hipona, tuve que permanecer en el lecho del dolor durante varios días, víctima de agudos dolores reumáticos, inflamación del nervio ciático y oxidación de algunas cañerías, males que perjudicaron mis actividades periodísticas y me impidieron participar de las manifestaciones callejeras dispuestas por las varias organizaciones de trabajadores gremiales a las que me honro en pertenecer.

La primera y más solícita de mis visitantes fue mi comadre Macacha, quien al ingresar a mi alcoba conyugal, convertida en sala de terapia intensiva, empezó a dar gritos alarmistas de “dónde está mi agonizante compadre, yo le curaré todas sus dolencias porque soy la única que sé de la terapia que él necesita y la única que tiene poder notarial otorgado por su esposa para ponerle lavativas, introducirle supositorios y masajear sus t’usus”.

Yo fingí estar muy grave y le pedí que se abstuviera de ejecutar esas medidas anunciadas y que pronto estaría bien de salud pues tengo muchos presteríos en mi barrio con motivo de la fiesta del Señor de la Exaltación que se venera en mi parroquia de Obrajes.

Entonces, ella comenzó a tratar de aplicarme una cura psicológica y para levantar mi ánimo comenzó a contarme que unos amigos suyos que dirigen organizaciones turísticas le habían comunicado un plan publicitario para divulgar el eslogan de “La Paz es la ciudad más fiestera de Bolivia” pues en esta ciudad bailamos y nos divertimos durante todo el año y lo hacemos por motivos religiosos y también de otra índole.

Sin ánimo de discutir con mi comadre sobre ese tema tan importante y que ella domina más que yo, le dije que yo sólo bailaba en la fiesta del Gran Poder, respondiéndome la cochabambina que yo era un mentiroso, un hipócrita y un traidor porque ella sabía que desde que comenzó este año yo había bailado en la fiesta del año nuevo en “El Malena” con mi grupo de los Devotos de San Silvestre y que el seis  del mismo mes había bailado en honor a los Reyes Magos y que mi pareja había sido una chola achakacheña llamada Melchora y que mi romance con ella duró hasta el 24 de enero cuando bailé en un presterío en honor a la Virgen de La Paz donde bailé tres días con una birlocha gorda llamada “La Mutincha”, para luego celebrar los Carnavales en el mes de febrero cuando fui a Oruro con ella (mi comadre Macacha) gracias a un préstamo en dólares que ella me hizo y que hasta ahora (ya estamos en septiembre) no he cancelado ni los intereses mensuales.

Ante esta demostración palmaria de lo mucho que me había divertido al comenzar el presente año, preferí callar después de decir a mi comadre que ella y sus amigos de empresas turísticas tenían toda la razón para utilizar el eslogan de “La Paz es la ciudad más fiestera de Bolivia”.

Mirándome con cierto enojo, mi comadre agravó mi estado de salud cuando me dijo: “Además, le recuerdo, compadre, que hoy estamos a comienzos del mes de septiembre y me parecería bien que un caballero como usted, aunque sufra de reumatismo, me abone los intereses que me debe por el préstamo en dólares que le hice el mes de febrero”.

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