Ed. Impresa LA CURVA RECTA
Avanzando hacia el pasado
Por Agustín Echalar Ascarrunz - Periodista Invitado - 5/09/2010
…no debemos olvidar que ya estuvimos allá y que ya
sabemos lo que son o en lo que pueden convertirse las empresas estatales
El ministro Arce Catacora ha declarado que la de Fancesa será la primera de las nacionalizaciones y que en la lista están más de 60 empresas que siendo originalmente estatales, fueron privatizadas durante la “larga noche neoliberal”. Ha dicho también que eso no significa que se esté dando una señal de inseguridad jurídica porque se trata de afectar específicamente a ese tipo de empresas y no a las demás.
El problema es que aunque la intención de la reversión al Estado de empresas que una vez fueron estatales esté oleado y sacramentado en la Constitución de la Glorieta, aunque hayan un sinnúmero de leyes que legalicen estas acciones, eso no hará sino consolidar la idea entre los inversionistas de que no existe la tan indispensable seguridad jurídica.
Pero va más allá. En realidad, estas nacionalizaciones, que de seguro son una cara aspiración de la mayoría del electorado boliviano, (permítaseme añadir una aseveración políticamente incorrecta) que es ignorante e irreflexivo y que es susceptible en sobremanera a los eslóganes de los que está hecha la política en nuestros días, pueden convertirse en nuestra peor pesadilla, digo, en algo así como una distorsión para peor de nuestro pasado. Y es que no debemos olvidar que ya estuvimos allá,y que ya sabemos, y no a partir de un solo ejemplo, lo que son o en lo que pueden convertirse las empresas estatales.
Bolivia ya estuvo allí, ya tuvo una Corporación Minera que compraba más sardinas de las que podían venderse en sus pulperías porque ese era un buen negocio para quien tuviese muñeca con el encargado de adquisiciones. Ya tuvo una empresa que llenaba algunos de sus depósitos con papel membretado, váyase a saber gracias a qué conexión entre algún personero y alguna imprenta. Ya tuvo una línea aérea donde cundo se volaba de Miami a La Paz no se hallaba espacio para el equipaje de mano porque personal de la empresa había llenado esos espacios con sus propias compras. Y Bolivia ya tuvo una serie de empresas deficitarias que fueron financiadas por el Estado, causando doble daño: el primero porque utilizaron el dinero de los bolivianos para solapar a malas administraciones, y el segundo porque a partir de eso boicotearon cualquier posibilidad del surgimiento de una competencia privada en cualquiera de los rubros donde estaba presente el estado como actor.
Eso sí, llama la atención que sea precisamente Fancesa la empresa escogida para iniciar ese retorno al pasado, principalmente porque es la única empresa privatizada que siguió siendo en su composición accionaria mayoritariamente de propiedad de entes estatales. Casi se puede ver algo personal, una suerte de fijación contra Samuel Doria Medina, y lo digo no sólo por la animadversión que ha mostrado el Gobierno contra cualquier opositor, sea este del calibre que sea (y de la orientación política que sea), sino también a partir de otros detalles del pasado. No hay que olvidar que gentes ligadas al actual régimen fueron cómplices de los secuestradores del empresario del cemento.
El autor es periodista independiente
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