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Los cochabambinos

Por José Guillermo Tórrez G. O. - Columnista - 18/09/2010


Con el título de “La imaginación en Cochabamba”, don Miguel de Unamuno se refiere, en uno de sus sorprendentes ensayos, a los habitantes de esta remota ciudad boliviana con apreciaciones, en la primera década del Siglo XX, haciendo una descripción y comparación con héroes griegos y romanos.

En este análisis, hablando del pueblo cochabambino, indica que lo que se observa, desde el primer momento que se estudia el tema es un desborde de imaginación amplio, fecundo en ilusiones o mejor, en visiones de carácter sentimental, para concluir con el concepto de que esa ciudad boliviana es una ejemplificación de la América Española.

Como en ningún otro pueblo –prosigue–, en Cochabamba se observa la intemperancia religiosa pues las masas son enteramente devotas, no consienten ni aceptan ninguna creencia fuera de la suya, adoran sus dogmas con enérgico apasionamiento y les parece que, consintiendo la exteriorización de otros, ofenderían gravemente su divinidad. Son fáciles a exaltarse enfrente de los disidentes y los indiferentes, aún en las elevadas clases sociales son intolerantes.

Con relación a la imaginación, se puede aclarar que por ejemplo el poderoso dramaturgo siente con igual fuerza las situaciones más opuestas. El autor de un diálogo polémico ahora opina esto y luego lo contrario. Los más grandes imaginativos son los que han sabido el fondo de la verdad que hay en las más opuestas ideas. Los dogmáticos lo son por pobreza imaginativa. La riqueza imaginativa lleva al hombre a contradecirse a los ojos de los pobres en imaginación.

Sobre los jóvenes cochabambinos y su imaginación, se indica que su especialidad consiste en el aprendizaje casi memorial de las disposiciones de los códigos, jóvenes que hablan siempre con absoluta seguridad de lo que dicen, jóvenes aficionados a evocar épocas remotas, citar nombres de héroes griegos o romanos y narrar con sus detalles los culminantes pormenores de la revolución francesa. Ahora bien, se aprenden códigos de memoria y, obra también de memoria y, esta imaginación, es evocar nombres y fechas gloriosas.

En Cochabamba, se opina que poco cambian las costumbres y no se renuevan casi nunca. Para ellos es casi un crimen romper de hecho con lo tradicional… El cochabambino no concibe otro cielo mejor, otro clima más bondadoso, otros aires más puros que el clima, la comida más deliciosa y los aires de Cochabamba. No es en rigor que no los conciba, es que no se lo imagina, y no es que no se lo imagine por falta de imaginación, es que los pueblos que se creen los mejores suelen ser pueblos imaginativos.

Al analizar lo que se manifiesta, es importante aclarar que cuando se dice que Cochabamba es un pueblo esencialmente mediterráneo, procede de la raza quechua, soñadora. Nosotros los cochabambinos aclaramos en forma meridiana qué quiere decir eso de soñadora. ¿La raza quechua soñaba o dormía? Hay muchas maneras de soñar y hay pueblos imaginativos que se pasan la vida soñando, pero siempre el mismo sueño y de la misma manera. Para el imaginativo, la vida es sueño y es para él la vida sueño, porque el sueño es vida, porque sus sueños tienen realidad de cosas vivientes.

El cochabambino es imaginativo, sueña, reproduce, reconstruye, hace propio lo mismo que ve y es emprendedor. Un hombre de negocios emprendedor sueña los negocios. Distingue a los cochabambinos esta manera de ser. Por el contrario, constantemente desacreditamos cualquier viveza maledicente, esa viveza hija de la malicia y que florece en burlas y en tomadura de pelo. La verdadera imaginación es seria y grave, la más honda inteligencia desconoce las burlas hábiles y las habilidades felinas. El vicio que carcome a los pueblos habladores es la envidia, la terrible envidia, compañera inseparable de la vanidad.

En este Bicentenario de Cochabamba, tengo mucho gusto de esgrimir algunos conceptos de nuestra tierra y de nuestra gente: ¡Viva Cochabamba mayllapipis…! (donde sea)  
 
El autor es columnista de La Prensa y Los Tiempos.
jgtorrez@gmail.com 


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