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La justicia quechua-aymara

Por Félix Layme Pairumani - Periodista Invitado - 1/10/2010


¿Qué es la justicia comunitaria?, se preguntará mucha gente. Se puede responder que es la justicia que se administra en las comunidades andinas e indígenas, pertenece al derecho consuetudinario y no está escrita, porque tanto el quechua como el aymara fueron culturas de tradición oral, aunque hoy ya puede ser escrita.

Por naturaleza es autónoma, así como es la llaqta o marka, y eso les permite hacer su propia administración de justicia sin la intervención del Estado.

No es burocrática y está basada en el esclarecimiento de los delitos, reconocimiento de los mismos y en la reconciliación de ambas partes. Es la deliberación y sanción de delitos con ecuanimidad, siguiendo a la razón y sin olvidar lo que dicta el corazón; es hacer entender y aceptar al individuo su culpa y volverlo dentro de la armonía y bienestar de la colectividad.

La justicia comunitaria es alta responsabilidad de sus autoridades para llegar al apaciguamiento y así sostener la paz entre sus miembros; es el restablecimiento de la armonía en la comunidad. Si antaño fue sólo para resolver conflictos, controversias y delitos quizá menores, es que en aquel entonces sólo esos problemas existían en las comunidades; la población no se había degradado como ahora. Hoy la tarea es estudiarla a fondo, sobre todo adecuarla y proyectarla.

La justicia está administrada en la comunidad por un tribunal instalado y precedido por uno de los jilanku o jilaqata, considerados como padres de la comunidad. Sus acciones son siempre equilibradas. En principio se debe entender que el valor más grande para una persona y familia es la vida en dignidad; ello es producto de su lógica económica de “cuanto más das más eres”. El prestigio es tan importante que se cuidan de atentar contra él. Entonces, en este contexto se entienden los latigazos que se dan delante de la comunidad.

Uno de los mecanismos para hallar culpables es su lógica, otro son los códigos morales: ama suwa, ama llulla y ama qhilla. Los delitos pueden ser: leves (el castigo es la reflexión del jilanku), graves (castigos o “latigazos”) y muy graves (expulsión de la comunidad). Los demandantes y los demandados están sentados frente a frente para solucionar el problema. Se respetan los derechos fundamentales.

Los conceptos para entender esto son: la vida como cadena cíclica y armónica, la totalidad del contexto, la reciprocidad y lo comunitario. La pena de muerte no existió en la comunidad, y si hoy existe es por accidente, es por el avasallamiento de la justicia.

La comunidad andina no es sólo de gente sino también es un territorio; es una forma de vida al mismo tiempo individual y comunitaria; porque la comunidad entendida sólo como conjunto de personas, existe hasta en Europa. A partir de esas dos realidades se oponen las dos justicias: la primera es comunitaria y la segunda es individual. La primera no tiene cárceles y la segunda sí. Mientras la primera es de reconciliación, la segunda es de penitencia. La una es rápida y la otra tarda años…

Si la justicia comunitaria estuvo rezagada y estancada por siglos, sin poder desarrollarse, hoy, debido a los nuevos paradigmas, debe actualizarse y ponerse a las actuales circunstancias. Hoy ya no son tiempos de verdades absolutas, de modelos de justicias, ya no se vive en tiempos de verticalismo sino en la horizontalidad. Sólo colaborándose, conociéndose y complementándose, estos dos sistemas van a combatir con éxito los flagelos de la alta criminalidad de los últimos tiempos.

El autor es Doctor Honoris Causa y docente universitario de Cultura Aymara.


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