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La mestiza verde y los Andes extractivistas

Por Eduardo Gudynas - Columnista - 14/10/2010


Una ola verde ha impactado en las elecciones de Brasil. Marina Silva arañó el 20 por ciento del apoyo electoral y se convirtió en la tercera candidata más votada. Varios analistas coinciden en que si la campaña duraba unas semanas más, hubiera alcanzado el segundo puesto.

En esa sorpresiva situación hay muchas lecciones para Bolivia. En efecto, la plataforma política de Silva es una reacción a una izquierda gobernante, que recayó en un desarrollo convencional, basado en explotar los recursos naturales, con un alto impacto ambiental y social. También es una búsqueda de alternativas a las clásicas prácticas políticas que mezclan el caudillismo, el paternalismo tecnocrático y el clientelismo. Su discurso ambiental logró quebrar las justificaciones simplistas que defienden el extractivismo como modo de financiar los programas sociales.

Comencemos por recordar que Silva fue ministra del Ambiente del Gobierno de Lula. Pero los desencuentros se fueron sumando; perdió sus reclamos por mejorar los controles ambientales sobre los transgénicos, represas o carreteras. Finalmente renunció en 2008 por su discrepancia sobre la gestión amazónica, ya que el Gobierno de Lula tomó un camino que es muy similar al que parecería buscar Bolivia: promover carreteras, represas y minería volcada a la exportación. Poco después, en 2009, dio un paso más abandonando al Partido de los Trabajadores, advirtiendo que en su seno no se daban las condiciones para cambiar los valores y paradigmas de las viejas ideas del desarrollo.

Es que en el Gobierno de Lula triunfó la postura convencional desarrollista, y que en muchos casos fue defendida por la entonces ministra, y hoy candidata, Dilma Rousseff. Pero esas decisiones sembraron el descontento de amplios sectores sociales brasileños, en unos casos rechazando el daño social y ambiental, y en otros casos desilusionados y cansados con sus modos de hacer política.

Cuando se lanzó la campaña electoral, muchos en el Gobierno no tomaron en serio a Silva como candidata presidencial: mujer, pequeña, mestiza, amazónica, evangelista y competía desde un pequeño partido ecologista. Se equivocaron. No advirtieron que representaba un tipo de actor social que posiblemente esté anunciando el debate político futuro no sólo en Brasil, sino también en otros países.

Silva proviene de una familia amazónica que vivía de cosechar el árbol del caucho en Acre y padeció la contaminación por metales pesados. Trabajó como empleada doméstica para completar sus estudios, fue dirigente social y legisladora. En sus discursos no grita ni amenaza, habla pausadamente e intenta convencer.

Sus propuestas apuntan hacia otro tipo de desarrollo, y que en el caso de los hidrocarburos y minerales expresa ideas muy distintas a las defendidas en las naciones andinas. Por ejemplo, reclama garantizar el abastecimiento nacional de esos recursos naturales antes que su exportación. Señala que hay que prepararse para un futuro sin ellos, ya que el cobre o el petróleo son finitos, y se acabarán. Este es un punto crucial que parecería no discutirse en otros países. Por lo tanto, la urgencia es cómo aprovechar las ganancias obtenidas hoy para construir alternativas postextractivistas mañana. Insiste en que la explotación debe balancear buenas ganancias pero bajo las más altas condiciones sociales y ambientales. Son este tipo de ideas las que valdría la pena atender desde Bolivia.


El autor es Secretario Ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES)
egudynas@adinet.com.uy

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