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Alejo Calatayud: ¿héroe cochabambino?

Por Yuri F. Torrez - Columnista - 9/09/2011


Cuando uno ingresa a la ciudad de Cochabamba se topa con el monumento a Alejo Calatayud cabalgando en un caballo y portando una bandera roja. Posiblemente, esta descomunal escultura –conjuntamente con la de Esteban Arce que está localizada en el cementerio general-- se constituye estéticamente en una de las obras artísticas más significativas realizadas en la región.

En este contexto, hay una interrogante insoslayable ¿qué méritos hizo Calatayud para haber pasado a la historia regional como uno de los héroes más significativos y en consecuencia ser merecedor de tal escultura?

La historia de Cochabamba, como otras historias similares, fue escrita bajo aquellos modelos establecidos y canonizados por la historia oficial, es decir, por los criollos y mestizos. En el caso de la Llajta, esta construcción idealizada fue mucho más enraizada bajo aquellos imaginarios que hacían a su identidad mestiza. La rebelión de los artesanos plateros encabezados por Calatayud tuvo como causa principal la reforma tributaria en contra los indígenas, y los mestizos deberían dar prueba de ello. Resulta llamativa, esa arenga “¡Viva el Rey, y mueran los tiranos codiciosos de España” expresada por los rebeldes cochabambinos en 1730. Esta alocución que acompaña a esta sublevación connota sus propósitos políticos que no implicaba necesariamente un trastrocamiento de los cimientos fundamentales del orden colonial; sino era un malestar por aquellas autoridades locales que representaban al Rey. He aquí una diferencia radical, por ejemplo, con el levantamiento de Tupac Katari en La Paz que buscaba hacer raja tabla con la corona ibérica.

Los ribetes dramáticos del descuartizamiento del rebelde artesano en la colina de San Sebastián contribuyeron decisivamente para erigir --e inclusive con connotaciones mitológicas-- a Calatayud como un héroe regional por la necesidad que tenía la historiografía cochabambina de tener su héroe propio en la lucha anticolonial que hizo que las élites intelectuales liberales en las postrimerías del siglo XIX, particularmente a través de Nataniel Aguirre con su novela histórica Juan de la Rosa y también por la vía de Eufronio Viscarra con su Apuntes de la Historia de Cochabamba, edificaran la historia local en función al ideal mestizo. Y en consecuencia, Calatayud se convirtió en un ícono imperecedero para la consolidación de la identidad mestiza cochabambina.

Ahora bien, para esta construcción de la historiografía cochabambina en torno a Alejo Calatayud y también de Esteban Arze con el propósito ideológico de fortalecer el imaginario mestizo, inclusive ocultaron sistemáticamente las rebeliones indígenas cochabambinas de 1781 ya que las consideraban como “bárbaras” que no coincidían con aquellos modelos de “nación” imaginados por las élites liberales cochabambinas. Inclusive la historiografía nacionalista ha reforzado y hoy, a pesar de que el ideal de mestizaje se ha venido abajo como un castillo de naipes después de los hechos luctuosos del 11 de enero del 2007, algunos historiadores cochabambinos siguen reivindicando a Calatayud y también a Arze como los “únicos” héroes de la lucha cochabambina contra el orden colonial.
 
El autor es doctor en Estudios Culturales Latinoamericanos.


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